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Marcelo entró muy tranquilo al 'Templo Maldito' y, aunque no tenía ni idea de lo que le esperaba, el concusante no se inmutó ante casi nada. La ducha de una masa pringosa no le hizo mucha gracia, pero no perdió la sonrisa y cruzó la urna con gallinas y ratas intentando esconder su miedo. A lo que no accedió fue a adentrarse en el pantano de lodo, el barro no debía gustarle mucho y terminó buscando las piedras estirando el brazo. Lógicamente, no encontró nada. Su experiencia en el rosco de las nominaciones no debió disgustarle mucho, ya que aunque no dejó de pedir que parara, su sonrisa no desapareció ni un segundo de su cara.







