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La boda de Areceli y Reyes se avecina, por lo que necesitan unos ingresos extras para todos los preparativos. ¿La solución para ellas? Vender la casa que Araceli se compró junto a Enrique y en la que él está viviendo junto a el hijo de ambos. Ni cortas ni perezosas, Araceli y su chica se presentaron allí junto a unos posibles compradores para sorpresa del concejal, que se enteró in situ que debía abandonar la vivienda. Sin tener a dónde ir, Enrique intentó negociar con su ex y, al final, terminó firmando un contrato en el que se comprometía a pagar la hipoteca de la casa más un alquiler por estar viviendo en ella. Otra desgracia más para el señor Pastor...







