El caos de la familia de Lola y la tranquilidad de la familia de Rosa se intercambian

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La convivencia en Elche Lola está casada con Emilio , al que define como un hombre celoso y muy hogareño. Tienen 4 hijos, dos chicas y dos chicos. Está acostumbrada a compaginar su ajetreada profesión con el cuidado de su casa y de su familia.

Su nueva vida junto a Alfredo, Rosa y el novio de ésta no va a ser igual que con su familia. Según Lola van de 'zen y espirituales' pero en el fondo son unos hipócritas que no se atreven a decir las cosas a la cara.

Su relación con su nueva hija va a dejarle un mal sabor de boca, piensa que es una irrespetuosa y una maleducada y que Alfredo en vez de apoyarla defiende más a su hija.

Además asegura que su nuevo marido tiene un especial interés hacia su persona, algo que la incomóda y se lo hace saber en más de una ocasión. Pero Alfredo sigue en su empeño de agradar a su nueva mujer y le obsequia con diferentes regalos, como un reloj, un libro... Sin embargo ella lo rechaza porque piensa que hay algo más detrás de todo eso. Alfredo ha comenzado un cortejo que a ella no le gusta en absoluto. Rosa, su nueva hija nota cierta tensión e intenta que haya un diálogo entre ambas partes pero recibe un no por respuesta y deja el tema por imposible.

Por otra parte, su nuevo trabajo en el spa no tiene nada que ver con su vida en la feria, ella está acostumbrada al ajetreo, al griterío... y tanta tranquilidad acaba cansándola y aburriéndola. Además hay que añadir que este negocio familiar no pasa por su mejor momento. Y para ello, Lola en su semana al mando de la casa decide tomar las riendas del spa y reparte junto Alfredo publicidad del local. Muy pronto verá reflejado su labor y comenzarán a llegar más clientes.

Sin embargo, todo no va a ser tan fácil. En casa cada día las cosas se complican cada vez más. Rosa y su novio le gastan una broma: pegan varias pegatinas en la puerta del baño con las tareas que les pide que hagan y ella piensa que se están riendo de sus normas. Esto lleva a un fuerte enfrentamiento entre madre e hija.

Finalmente, llega el última día y Lola ni corta ni perezosa le devuelve todos los regalos a Alfredo y no se despide de su hija.

La conviencia en Jerez

Rosa es una alicantina que valora el silencio y la tranquilidad por encima de todo. Hace unos años hipotecó su casa para abrir un centro de spa y terapias naturales junto a su marido. Está casada desde hace cuatro años con Alfredo y tiene dos hijos de su anterior matrimonio.

Rosa se asusta un poco tras conocer a su nueva familia, hace mucho tiempo que no tiene a su cargo niños y menos cuatro. Pero lo que peor llevará será su nuevo trabajo en la feria. Intentará por todos los medios ser como la mujer de Miguel, pero todo quedará en un intento. Ya que según su nuevo marido y sobre todo su nueva cuñada, Inma no conseguirá realizar ni la mitad del trabajo que hacía Lola.

En casa las cosas no serán diferentes. Rosa no comprende cómo su antecesora puede con un trabajo tan agotador (de casi 14 horas), llevar una casa enorme, unos hijos bulliciosos y un marido que no hace nada en casa. No podrás más y se derrumbará.

En su semana de mandato quiere que las cosas se hagan a su manera. Sus normas serán para todos, incluida ella misma: no irá más a trabajar a la feria, los niños cada vez que gritan o se peleen tendrán que meter en una hucha 50 céntimos, limitará el uso de la consola y del ordenador y a la hija mayor intentará ayudar para que se quiera un poco más.

La mesa final

Llega el final del intercambio y ambas familias exponen lo que cambiarían de cada una. Rosa explica que Lola tiene unos hijos maravillosos pero que debería estar más con ellos, porque tanto ella como su marido piensan en el trabajo y se olvidan de otras cosas importantes de la vida.

En cambio, Lola no duda en contarle a Rosa que su hija se ha comportado muy mal con ella y que le ha sacado de sus casillas, pero le deja claro que es una mujer muy fuerte y nada ni nadie puede con ella.

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