Ana y Yaroslava, ucranianas residentes en Sevilla, tras cuatro años de la invasión de Ucrania: "Metes tu vida entera en una maleta y no sabes si volverás"

Ana y Yaroslava, ucranianas residentes en Sevilla, tras cuatro años de la invasión de Ucrania: "Metes tu vida entera en una maleta y no sabes si volverás"
Ana Karpiy, ucraniana refugiada en Sevilla, cuenta cómo es su día a día tras abandonar Ucrania por la guerra.. R.R
  • Ana y Yaroslava, dos ucranianas residentes en Sevilla, reconstruyen su realidad tras mil días de un conflicto que ha forzado el exilio de millones de personas

  • El cuarto aniversario de la guerra destaca la labor de la red de acogida andaluza y el impacto psicológico de la pérdida de familiares en las zonas ocupadas

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SevillaEl 24 de febrero de 2022 el mundo cambió. Un cambio que para Ana Karpiy y Yaroslava Butenko fue un desgarro tanto físico como emocional. Hoy, al cumplirse el cuarto aniversario de la invasión a gran escala, estas dos mujeres asentadas en Sevilla personifican la otra cara de la guerra, la de la reconstrucción personal sobre las cenizas de una vida que ya no existe.

Es la historia de Ana que por suerte tuvo una "ventaja", aunque amarga. Su padre vive en Córdoba desde hace tres décadas y, ante los rumores de invasión, la invitó a España poco antes del estallido. Ella cerró la puerta de su casa el 7 de febrero de 2022 con la idea de pasar apenas unas semanas de vacaciones. Salió de Borispil, el aeropuerto principal de Ucrania, sin saber que solo 17 días después, aquel edificio sería uno de los primeros objetivos militares de los misiles rusos.

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"Yo pensaba que pasaría tres meses en el sol de Córdoba y volvería a mis ahijados, a mi sobrina, a mi vida normal", recuerda Ana. Pero el 24 de febrero la realidad la golpeó a través del teléfono. Mientras ella estaba a salvo, sus amigas huían en trenes saturados donde en compartimentos para cuatro personas viajaban catorce, incluyendo mujeres embarazadas y niños.

Un refugio convertido en hogar

Aunque Ana ha logrado construir un nuevo capítulo en Sevilla, con pareja y estabilidad laboral, la guerra le ha devuelto el golpe de la forma más cruel recientemente porque una prima ha fallecido tras ser torturada en la zona ocupada.

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Por todo ello, esta ucraniana ha encontrado la forma de seguir unida a sus raíces. Desde que empezó a trabajar, cada euro que ahorra en Sevilla vuela hacia los orfanatos y hospitales de su tierra. "Ucrania protege a la Unión Europea. No son cosas lejanas, es algo que cada país podría enfrentar", advierte con la vista puesta en el frente.

Yaroslava: de la edición de televisión a la cocina sevillana

Para Yaroslava Butenko, la guerra comenzó el mismo día que celebraba el cumpleaños de su marido. Al encender la televisión y ver los ataques cerca de la capital, el instinto de supervivencia se impuso a todo, tenía que salvar a sus hijos. La angustia de aquel momento se resume en la parálisis frente al equipaje: "No sabes qué llevar, qué es realmente necesario para una vida que ya no tienes. ¿Cómo puedes hacer que tu existencia quepa en una maleta?".

Yaroslava llegó a Sevilla sin recursos, encontrando el auxilio de una familia en Mairena del Aljarafe que la acogió durante más de un año. En Ucrania era periodista y editora de televisión; hoy, en Sevilla, trabaja en la cocina de un restaurante. Un cambio de profesión que asume con la entereza de quien sabe que la seguridad de su familia es la prioridad absoluta.

"Si tuviera que describir estos cuatro años con una palabra, sería dolor. Un dolor con el que tienes que aprender a vivir", explica. Porque Yaroslava vive conectada a la preocupación por su hermano, que se encuentra combatiendo en el ejército. Él está en peligro mientras ella se siente a salvo, por eso el sentimiento de culpa es una constante: "Cuando él estaba herido, yo volvía del trabajo llorando sola en el coche, pidiéndole a Dios que lo salvara".

Ella, al igual que Ana, destaca la capacidad de adaptación de los que se quedaron allí, quienes ya se han acostumbrado a vivir sin luz, sin calefacción y bajo la amenaza constante de los drones.

Un futuro condicionado por la resistencia

Ambas coinciden en que, tras mil días de conflicto, el cansancio internacional es uno de los mayores peligros. Yaroslava cree que el futuro feliz de su país es algo que ella quizás no llegue a ver, pero confía en la fortaleza de su pueblo: "No vamos a parar porque nuestro país lo vale". A miles de kilómetros de distancia insiste en pedir que no se olvide a quienes luchan en el frente, ya que considera que Ucrania es la barrera que contiene un conflicto que podría escalar al resto de Europa.

Ana sueña con una Ucrania próspera, comparando el potencial de su país con el milagro económico alemán de la posguerra. Sevilla es hoy su refugio seguro, pero sus ojos siguen puestos en las fronteras de su patria, en la justicia para las víctimas y en la esperanza de que, algún día, cerrar la puerta de casa no signifique despedirse para siempre.