Cultura

Judit Argüera, maestra con autismo, visibiliza la neurodivergencia en 14 cuentos: "Todo el mundo tiene su lugar en el mundo"

Judit Argüera, maestra y autora de una recopilación de cuentos inclusivos
Judit Argüera, maestra y autora de una recopilación de cuentos inclusivos. Cedida
  • Judit Argüera fue diagnosticada de Trastorno del Espectro Autista (TEA) de grado 1

  • Ha escrito una recopilación de cuentos inclusivos titulada "Dins l'escola. 14 contes inclusius"

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BarcelonaEs maestra de primaria en un colegio y hace tres años le diagnosticaron autismo. Judit Argüera, de 28 años, ha dado el paso de contar en voz alta su propia experiencia con el Trastorno del Espectro Autista (TEA). "Como acepto y conozco mi diagnóstico, escojo las situaciones en las que quiero invertir el esfuerzo extra que me cuestan las cosas. Soy capaz de enriquecer mis fortalezas. Para las personas que busquen información, es una forma que la puedan encontrar de forma cercana", explica Argüera. Y añade: "Mi propósito es hacer ver el autismo de grado 1, que antes se llamaba Asperger. Hay menos afectación cognitiva, pero no significa que no sean reales las dificultades. El impacto en la vida cotidiana, social, laboral o escolar existe. Se tiene que visibilizar y también el autismo femenino porque las niñas y las mujeres tenemos la tendencia a enmascarar para encajar. Las necesidades son reales pero las dificultades son más invisibles y tenemos más posibilidades de sufrir ansiedad o depresión".

Judit cuenta que fue en la adolescencia cuando notó las dificultades. "En la comunicación social porque no sabía participar en conversaciones y eso me provocaba malestar e incomprensión; la rigidez cognitiva que comporta la poca flexibilidad ante los cambios inesperados; tener una concentración máxima que hacía que me olvidara del entorno o la literalidad del lenguaje. Todo lo que sea con insinuación o ironía puedo descodificarlo pero precisa de un tiempo que, en un conversación espontánea, no tienes. En el caso de la sensibilidad sensorial, en mi caso, la visual, como la luz blanca y la auditiva porque ruidos casi imperceptibles me crean un malestar físico que me incapacita y me lleva al colapso. Eso me provoca crisis ansiosas y mi funcionalidad disminuye. He tenido ansiedad generalizada por la gran dificultad que tengo para gestionar el estrés y estoy en tratamiento".

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Un diagnóstico que llegó cuando tenía 25 años y puso nombre a enigmas sin resolver. "Tenía períodos de bloqueo y de irritabilidad que no sabía de dónde venían. Tuve un agotamiento total, como un apagón. Lo que me pasaba no es que tuviera depresión ni estrés laboral sino que tenía una forma de procesar el mundo muy diferente a los demás y no lo entendía", recuerda Judit. Ahora que tiene nombre ha sido transformador. "Cuando no sabía lo que pasaba vivía en un desgaste constante y ahora el esfuerzo es más consciente. Doy paso a mi forma de ser y ahora ya no intento tanto enmascararme para encajar. Antes ese esfuerzo provocaba dolor", señala.

Sus padres también se vieron sorprendidos por el inesperado diagnóstico: "Mi padre conectó con él mismo y mis vivencias de pequeña. Se culpaba de las exigencias que me había puesto. La razón la supimos después porque le diagnosticaron lo mismo. Y mi madre no se lo creía porque veía que me había sacado una carrera y tenía una autonomía, hasta que dejé de tenerla por las crisis y los bloqueos que no sabíamos de dónde venían".

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14 cuentos inclusivos

Con ese conocimiento y reconocimiento, ha dado paso a su creatividad. "Cuando recibí el diagnóstico tuve muchas dudas y preguntas y me costó encontrar respuestas a situaciones que había vivido y pensando, como maestra, en el día a día con los niños, tenía pocas herramientas para transmitir el conocimiento sobre sus dificultades y las posibilidades de aprender y socializar. Y pensé qué podía hacer yo para acercar ese conocimiento a los niños. Podría hacer unos cuentos que les acerquen a la neurodivergencia".

Así, Judit ha escrito una recopilación de cuentos recogidos en "Dins l'escola. 14 contes inclusius" ("En la escuela. 14 cuentos inclusivos"). En un entorno escolar, los protagonistas reflejan el autismo, el TDAH, el trastorno bipolar, la dislexia, el TOC, la discapacidad intelectual leve (DIL), el síndrome de Down, la dispraxia o el Trastorno de Conducta Alimentaria (TCA), entre otros. "Tienen un toque esperanzador porque hablan desde la neurodivergencia y otras casuísticas para potenciar las fortalezas, de naturalizarla, que los niños se vean reconocidos y sientan validación. Todo el mundo tiene su lugar en el mundo", destaca la autora. Un libro, con una guía didáctica, que espera que sea una herramienta pedagógica para familias y docentes.