Tomar muchas chucherías se asocia a ser más impulsivo y "al deseo de evitar la incertidumbre", según un nuevo estudio

Una golinas. Pexels
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Tener el impulso de comer demasiados dulces se asocia a tener un comportamiento más impulsivo. ¿El motivo? Una investigación reciente, publicada en la revista ‘Frontiers in Psychology’, sugiere que quiénes tienen una afición muy grande por las chuches gestionan peor la incertidumbre.

Uno de los elementos principales de la ecuación es el mecanismo de nuestro cerebro que se encarga de la gestión de las recompensas que recibimos. Aquí, la gestión de la incertidumbre, la impulsividad y el consumo de dulces tienen un punto en común: la preferencia de una recompensa más inmediata cuando se llevan a cabo tareas.

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Así se ha llevado a cabo el estudio 

Para llegar a esta conclusión, el estudio ha reclutado a 149 personas. El umbral de lo que se considera “dulce” lo ha establecido una prueba llamada Kapov-Polevoy, que mide la sensibilidad a la recompensa a través de la respuesta al dulce. Esta utiliza diferentes concentraciones de sacarosa en diferentes umbrales, que después se utilizan para medir las respuestas de las personas frente a la sustancia y así clasificar en dos grupos: a quiénes les gusta el dulce, y a quiénes no. 

Una vez se han clasificado a las personas en función de su gusto (o no) por el dulce, comienza la segunda parte de la prueba: desarrollar diferentes tareas, y después, la elección de recompensas por ello, de diferente índole: mayores, menores, más inmediatas o más diferidas. 

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Cuando se han cruzado los datos, el equipo de investigación se ha dado cuenta de que las personas a las que les gusta el dulce prefieren una recompensa más pequeña, pero que esté garantizada. De acuerdo con sus estándares, esto “demuestra una mayor aversión al riesgo”. 

"Puede deberse al deseo de evitar incertidumbre"

Además, hay otro factor significativo cuando la recompensa tarda en llegar. De acuerdo con los investigadores, “cuando hay una demora prefieren la recompensa mayor”. Y aquí es donde se abre un nuevo escenario: “la aparente impulsividad de quiénes preferían los dulces prácticamente desapareció”. 

Con esto, el equipo ha llegado a la siguiente conclusión: “quienes prefieren los dulces eligen las recompensas inmediatas no porque no estén dispuestos a esperar, sino porque las recompensas tardías siempre implican incertidumbre, y eso es algo que tienden a evitar”. 

¿Y cuál es el papel del dulce en todo esto? Así lo explican: “la preferencia por el sabor dulce se asocia con la actividad de receptores que participan no solo en la experiencia del placer, sino también en la evaluación de amenazas e incertidumbre”.

“Solemos pensar en la impulsividad como una incapacidad para posponer la gratificación. Elegir una recompensa inmediata menor puede deberse al deseo de evitar la incertidumbre. Esto cambia la naturaleza del comportamiento impulsivo”, concluye la autora principal del estudio, Anna Davidovich, quién a su vez es asistente en el Centro de Cognición y Toma de Decisiones del Instituto de Neurociencia Cognitiva de la Universidad HSE.