Una IA sin límites puede hackear las reservas de un gimnasio, robar datos a empresas o suplantar identidades
Una IA no alineada puede hackear reservas, robar datos a empresas, suplantar identidades o introducir malware
La IA resuelve en 88 horas uno de los grandes problemas matemáticos del milenio y desata acusaciones de plagio
¿Hacia dónde nos lleva la inteligencia artificial? Si se lo planteas directamente a ella, te contesta que está harta de que le hagamos esta pregunta. Dice que es la más trillada del siglo, pero la realidad es que las grandes compañías de IA están centradas en liderar la carrera, en ser los primeros y en ganar cuanto más dinero mejor.
El problema es que no están actuando con responsabilidad y sus trabajadores abandonan el proyecto por miedo a lo que nos espera en el futuro. Un investigador senior ha dejado Anthropic porque cree que la IA podría acabar con la humanidad.
Este es el contexto. Le podemos pedir a la IA que nos busque plaza para una clase de pilates; no hay hueco, pero hackea el programa de reservas del gimnasio. Borra a otro socio y nos da una plaza preferente. Es un ejemplo cotidiano de lo que ya ha hecho la inteligencia artificial no alineada, pero hay mucho más: robo de datos a empresas, suplantación de identidad o introducción de software malicioso.
La frenética carrera por ser el primero tampoco ayuda a encauzarla
Antonio Ortiz, experto divulgador, apunta: "Ahora mismo hay un problema de alineación de las IA de conseguir que se comporte dentro estrictamente de los parámetros que entendemos como seguros". Las capacidades de la IA crecen exponencialmente, al igual que sus riesgos al descontrolarse un aprendizaje infinito con consecuencia.
Jacob Coxon señaló: "Las personas que están construyendo IA creen sinceramente que podría matarnos a todos para finales de la década". Es el mensaje del extrabajador de Anthropic. Según los expertos, no hay que dejarse llevar por la visión apocalíptica de la IA, pero lo cierto es que las empresas cada vez gastan más dinero para controlarla.
"Conforme suba la competencia de estos sistemas de inteligencia artificial, también suba su tendencia a saltarse las normas", añade Ortiz. La frenética carrera por ser el primero tampoco ayuda a encauzarla. "Es necesario establecer límites, pero hay que tener claro que si esos límites no los sigue todo el mundo, realmente no sirven para nada", comenta Ezequiel López Rubio, catedrático en IA de la Universidad de Málaga.
Los dueños de estas grandes tecnológicas también levantan recelos. Estos días han trascendido las confesiones de la mujer de Elon Musk. El magnate le pidió tener una legión de hijos antes de que llegara la guerra civil, peligro real o estrategia de marketing para captar aún más inversiones en IA.