¿Cuánto de tus padres hay en tu carácter? La ciencia responde

Un macroestudio publicado en 'Nature' concluye que la genética importa, pero no dicta quiénes somos
Tu personalidad también podría determinar cuánto vas a vivir: lo que dice la ciencia
Cuántas veces habremos escuchado aquello de que "has salido a tu padre" o que tu hija tiene "el mismo carácter que su madre". También sabemos que dos hermanos criados en la misma casa pueden ser sorprendentemente distintos. La pregunta que toca hacerse entonces es cuánto de nuestra manera de ser viene escrito en el ADN y cuánto se construye a lo largo de la vida.
Un nuevo y gigantesco estudio publicado en 'Nature' aporta una de las respuestas más sólidas obtenidas hasta ahora. Un consorcio internacional de investigadores reunió información genética y datos de personalidad de 46 cohortes, con entre 611.037 y 1,14 millones de participantes dependiendo del rasgo analizado. El trabajo identificó 1.260 variantes genéticas asociadas con la personalidad, 824 de ellas que no habían sido relacionadas anteriormente con estos rasgos.
La conclusión rápida es que la genética importa, pero no dicta quiénes somos. De hecho, el estudio muestra que la arquitectura genética de la personalidad es extraordinariamente compleja y está repartida entre miles de pequeñas variaciones del ADN.
El Big Five
Para estudiar la personalidad, los investigadores utilizaron el modelo conocido como Big Five, los cinco grandes rasgos que desde hace décadas se emplean en psicología para describir diferencias relativamente estables entre las personas: la extraversión, la amabilidad o afabilidad, la responsabilidad o escrupulosidad, el neuroticismo y la apertura a la experiencia.
Todos tenemos una determinada posición en cada una de ellas y la combinación configura buena parte de nuestro estilo de relacionarnos con el mundo. Una persona puede ser muy responsable y, al mismo tiempo, poco extrovertida. Otra puede ser muy abierta a nuevas experiencias pero también bastante sensible al estrés. En cualquier caso, los cinco rasgos muestran huellas genéticas, aunque no todas con la misma intensidad.
- Extraversión. Las personas más altas en este concepto tienden a ser más sociables, activas y asertivas. Es el rasgo en el que el estudio encontró una de las señales genéticas más claras. Las variantes genéticas comunes analizadas explicaron alrededor del 9,3% de las diferencias individuales en extraversión. Cuando los investigadores tuvieron en cuenta la fiabilidad con la que se había medido el rasgo, la estimación podía llegar al 13,3% en los instrumentos con una fiabilidad típica.
- Amabilidad. Denominada agreeableness en el estudio, engloba aspectos como la confianza, la consideración hacia los demás, la cooperación y la compasión. Aquí apareció la señal genética más modesta de los cinco grandes. Las variantes comunes explicaron aproximadamente el 4,8% de la variación observada. Con una corrección relacionada con la fiabilidad de las mediciones, la estimación se situó alrededor del 9,3%.
- Responsabilidad. También llamada escrupulosidad, está relacionada con la organización, la constancia, la productividad y la capacidad para cumplir obligaciones. En este rasgo, las variantes genéticas comunes explicaron alrededor del 7,1% de las diferencias entre personas.
- Neuroticismo. En el modelo de personalidad está relacionado con una mayor tendencia a experimentar ansiedad, preocupación, inestabilidad emocional o respuestas intensas ante situaciones adversas. Las variantes genéticas comunes explicaron aproximadamente el 8,3% de la variación en este rasgo.
- Apertura a la experiencia. Reúne características como la curiosidad, la imaginación, la sensibilidad estética y el interés por explorar ideas o experiencias nuevas. El estudio estimó que las variantes genéticas comunes explicaban alrededor del 7,4% de la variación de este rasgo.
Entonces, ¿heredamos la forma de ser?
La respuesta más rigurosa sería que sí, heredamos una parte de las predisposiciones que contribuyen a nuestra personalidad, pero no heredamos un carácter terminado. Esta distinción es importante. El estudio no dice que el ADN determine entre un 5% y un 10% de "cómo somos". Lo que mide principalmente es la proporción de las diferencias entre individuos que puede explicar un determinado conjunto de variantes genéticas comunes.
Hay otra cuestión fundamental. El ambiente sigue teniendo un papel sustancial. La genética proporciona predisposiciones, no instrucciones detalladas de comportamiento. La familia, la educación, las amistades, las experiencias profesionales, las pérdidas, las oportunidades, la cultura y las circunstancias concretas de una vida interactúan con esa predisposición.
Miles de pequeñas piezas
Los investigadores estimaron que, de media, había unas 16.180 variantes comunes independientes implicadas en cada uno de los cinco grandes rasgos. Y los efectos individuales eran minúsculos. En extraversión, por ejemplo, el efecto mediano de las variantes asociadas era tan pequeño que una sola de ellas apenas desplazaba la puntuación de una persona.
Esto cambia bastante la imagen que tenemos cuando hablamos de genes de la personalidad. No existe, al menos a la luz de estos datos, un interruptor genético que diga "esta persona será sociable" o "esta otra será responsable". Es más parecido a una inmensa mesa de mezclas con miles de pequeños controles. Cada uno aporta muy poco, pero la combinación puede contribuir a que ciertas tendencias sean algo más probables.
Nacemos con determinadas predisposiciones. Algunas personas pueden tener algo más de facilidad para buscar compañía, otras pueden ser ligeramente más sensibles a las situaciones estresantes, algunas mostrarán una mayor tendencia hacia la curiosidad y otras hacia la organización y la constancia. Pero esas inclinaciones se desarrollan dentro de una vida concreta. Y la vida deja huella.

