Tecnología

El regreso de los auriculares con cable: por qué la tecnología del pasado vuelve a estar de moda

Sarah Jessica Parker, con auriculares con cable
Sarah Jessica Parker llevando unos auriculares de cable. Getty Images
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Hasta hace poco quien llevaba unos auriculares con cable parecía no haber entendido hacia dónde avanzaba el mundo. No dar el salto al Bluetooth y seguir dependiendo de un conector de 3,5 milímetros era un síntoma evidente de haberse quedado tecnológicamente atrás. Hoy, sin embargo, la escena empieza a ser distinta. El cable que parecía condenado al cajón de los recuerdos vuelve a verse entre estrellas del deporte, actores, músicos o influencers. Y, lo que resulta todavía más revelador, empieza a recuperar su sitio en los catálogos de las grandes marcas.

Los datos de Circana muestran que las ventas de auriculares con cable crecieron un 3% en EEUU durante 2025, después de cinco años consecutivos de descensos. El segundo semestre fue especialmente significativo, con un incremento del 10%, y durante las primeras seis semanas de 2026 los ingresos aumentaron un 20%.

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La confirmación más significativa llega precisamente de una compañía que llevaba más de una década sin apostar por este formato. Bose ha presentado los Bose Noise Cancelling Wired Earbuds, sus primeros auriculares con cable nuevos desde 2015. Se conectan directamente al teléfono, tableta u ordenador y reciben de ese dispositivo la energía necesaria incluso para la cancelación activa de ruido. Es decir, el regreso del cable no significa renunciar a los avances tecnológicos más recientes.

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Accesorio de moda y sonido mejorado

Razones detrás de este resurgimiento hay varias. Para empezar, los auriculares inalámbricos, que tiempo atrás eran símbolo de estatus y modernidad, se han vuelto tan comunes que ya no aportan exclusividad. Para las generaciones más jóvenes usar cables se ha convertido en una declaración de estilo e identidad personal. Si durante años se intentó esconder el cable, ahora empieza a formar parte de la imagen.

El fenómeno tiene una dimensión estética muy evidente. Auriculares blancos conectados al bolsillo, al bolso o incluso a un reproductor independiente encajan especialmente bien con la recuperación de los códigos visuales de finales de los 90 y principios de los 2000. Celebridades como Bella Hadid, Lily-Rose Depp, Paul Mescal o Charli XCX han sido fotografiadas con auriculares de este tipo y publicaciones de moda han empezado a tratarlos como un accesorio más.

Hay algo tangible en que el cable sea visible. Los auriculares inalámbricos desaparecen físicamente en la oreja y, desde fuera, pueden parecer casi invisibles. Los de cable cuentan una historia. Se ve que estamos escuchando música, pero también pueden transmitir una idea de “no molestar”, levantar una pequeña barrera visual frente a un mundo permanentemente conectado.

Está también el argumento de la mejora del sonido. Una conexión cableada puede ofrecer ventajas técnicas importantes. Eliminar la transmisión Bluetooth como eslabón intermedio puede proporcionar una conexión de baja latencia y facilitar formatos de audio de mayor calidad. Pero eso no significa que cualquier auricular con cable vaya a sonar mejor que cualquier modelo inalámbrico. La calidad depende de toda la cadena. Importan el transductor, la acústica, el amplificador, el conversor digital-analógico cuando corresponda, el procesamiento de señal, la grabación y el propio archivo de música. Es decir, unos buenos auriculares Bluetooth pueden superar con claridad a unos auriculares con cable baratos.

Menos prestaciones, más control

Durante dos décadas hemos entendido la evolución tecnológica como una acumulación constante de prestaciones. Más aplicaciones, más funciones, más integración, más inteligencia artificial, más conexión. Pero un sector de consumidores empieza a valorar justamente lo contrario. Unos auriculares con cable no necesitan ser emparejados, cargados ni localizados cuando desaparecen dentro de una mochila.

Los auriculares con cable son tendencia

Ahí el cable resulta casi perfecto. Se enchufa y funciona. No hay batería que vigilar, ni conexión Bluetooth que restablecer, ni aplicación que instalar. Y tampoco existe esa pequeña angustia contemporánea de descubrir que los auriculares están al 7% justo cuando empieza un viaje. No hablamos exactamente un regreso al mundo analógico, sino de tecnología limitada, física y especializada. El usuario acepta hacer algunas cosas peor a cambio de que el aparato haga menos cosas. Y en esto los auriculares no están solos. El regreso del cable forma parte de una corriente bastante más amplia.

Una tendencia que cuenta la misma historia

Existe un creciente rechazo a la hiperconectividad, los algoritmos y la complejidad de la IA y una necesidad de volver a lo físico y a la simplicidad. El vinilo es probablemente el ejemplo más contundente. En EEUU generó más de 1.000 millones de dólares en 2025, con un crecimiento del 9,3%, y encadenó su decimonoveno año consecutivo de crecimiento. El casete ofrece una imagen todavía más extrema. Sus ventas crecieron un 200% en 2025, mientras aparecieron nuevos reproductores que mezclan el formato de cinta con conexiones modernas como Bluetooth y USB-C.

Las cámaras digitales compactas completan el cuadro. Aquellas pequeñas máquinas que fueron prácticamente expulsadas del mercado por el teléfono móvil vuelven a interesar precisamente porque hacen menos. No tienen la potencia fotográfica de un smartphone moderno, pero producen imágenes imperfectas, reconocibles y menos procesadas.

Y la saturación de notificaciones, el scroll infinito en redes sociales y la preocupación por la salud mental han provocado que muchos usuarios de la Gen Z cambien sus smartphones por teléfonos básicos, principalmente de tapa o plegables, al estilo los míticos Nokia o Motorola antiguos. Lo mismo vale para los relojes. Frente a estrés que provocan las constantes alertas de ritmo cardíaco y recordatorios de los smartwatches, los relojes digitales clásicos -como el mítico Casio F-91W de los 80 reconvertido en el nuevo F-B100W-1A- han vuelto a tomar las muñecas.

Una nueva relación con los objetos

Hay también un componente generacional que merece atención. Para quienes superan los 50, recuperar unos auriculares con cable puede tener algo de reencuentro. Para un adolescente puede ser exactamente lo contrario: un descubrimiento. O nostalgia de una época que nunca vivieron. Unos auriculares de cable evocan los Walkman, los Discman, los primeros reproductores MP3 y los iPod. Una cámara compacta recuerda una época en la que hacer una fotografía implicaba sacar un aparato diferente del teléfono. Un disco de vinilo exige levantarse para cambiar la cara. Una cinta de casete obliga a aceptar una secuencia musical que no está gobernada por un algoritmo.

Todos comparten una característica que hoy está en peligro de extinción. Hay que elegir. Hay que esperar. Hay que tocar. Hay que conservar. Hay que prestar atención. En un mundo diseñado para que todo suceda inmediatamente, esas pequeñas molestias pueden convertirse en parte del placer.