Kidman, Witherspoon o Theron: la revolución de las actrices maduras que se hacen productoras para conseguir buenos papeles

Cada vez son más las mujeres que tienen voz y voto en el tipo de historias que se cuentan, quién las cuenta y desde qué mirada
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"Si no quieren darme un proyecto porque parezco vieja, entonces produzco el proyecto y elijo a quien yo quiero". Estas palabras de Julia Roberts reflejan de forma bastante ajustada una tendencia en alza en Hollywood protagonizada por actrices consagradas, la de convertirse en productoras para sacar adelante películas o series de televisión que, de otro modo, no habrían visto la luz.
Históricamente las mujeres han tenido visibilidad en la industria cinematográfica, pero no necesariamente poder. Protagonizaban historias, pero rara vez las controlaban. Y eso está empezando a cambiar. Hoy cada vez son más las que tienen voz y voto en el tipo de historias que se cuentan, quién las cuenta y desde qué mirada.
El fenómeno, que comenzó de forma gradual a finales de los 90 y principios de los 2000 con pioneras como Drew Barrymore, Salma Hayek y Charlize Theron, ha experimentado una aceleración notable, resultando en una proliferación de productoras lideradas por celebridades que desarrollan películas y series. El denominador común entre todas estas mujeres es claro: entendieron que actuar no bastaba. Y que mientras otros decidieran qué historias merecían ser contadas, el margen de cambio sería limitado. Convertirse en productoras fue una estrategia de empoderamiento real. "Lo hago porque quiero y porque puedo", venían a decir. Hoy, gracias a estas mujeres productoras existen más narrativas diversas y más oportunidades laborales para ellas. Veamos algunos nombres propios significativos.
Charlize Theron
La actriz australiana fundó Denver and Delilah Productions para desarrollar historias complejas, muchas veces incómodas, que escaparan del molde tradicional asignado a las mujeres en pantalla. Desde 'Monster', que le valió un Oscar interpretando a una asesina en serie, hasta 'El escándalo', una denuncia frontal del acoso sexual en Fox News, Theron ha utilizado la producción como herramienta para asumir riesgos que los grandes estudios no siempre están dispuestos a tomar. Además, eso le ha permitido elegir personajes femeninos moralmente ambiguos, violentos, contradictorios y reales.
Salma Hayek
Para la actriz mexicana de 59 años producir ha sido tanto un acto de resistencia cultural como de supervivencia profesional. A través de Ventanarosa Productions, Hayek ha impulsado proyectos que ponen en el centro a mujeres, especialmente latinas, en una industria históricamente hostil a ambas condiciones. El ejemplo más paradigmático es 'Frida', una película que nadie quería financiar por estar protagonizado por una mujer latinoamericana, hablada parcialmente en español y centrada en una artista radical. Hayek luchó durante años para producirla, enfrentándose con Harvey Weinstein y sus intentos de boicot, pero su perseverancia se vio recompensada con seis nominaciones al Oscar, incluida la de mejor actriz para ella misma.
Drew Barrymore
Drew Barrymore aún era vista como una exniña prodigio con un pasado turbulento cuando cofundó Flower Films. Desde la producción pudo reinventar el lugar de las mujeres en la comedia romántica y comercial. Películas como 'Nunca me han besado', 'Los ángeles de Charlie' o 'Qué les pasa a los hombres' presentaron mujeres con humor y complejidad emocional, dentro de géneros tradicionalmente subestimados.
Reese Witherspoon
Quizá uno de los casos más paradigmáticos de este fenómeno sea el de Reese Witherspoon. Tras comprobar de primera mano la escasez de guiones con protagonistas femeninas interesantes, la actriz de 'Una rubia muy legal' fundó Hello Sunshine, una productora centrada en adaptar historias escritas por mujeres. Así es como han llegado 'Big Little Lies', 'Little Fires Everywhere' o 'The Morning Show', series que redefinían cómo se representan las mujeres adultas, el poder, la maternidad y la ambición. Todo ello sin dejar de ser éxitos críticos y comerciales.
Nicole Kidman
A principios del siglo XX Nicole Kidman se involucró en numerosos proyectos arriesgados a cada cual mas estimulante, desde 'Moulin Rouge a 'Dogville' pasando por 'Los otros', 'Reencarnación' o 'Las horas'. El prestigio acumulado le permitió fundar en 2010 Blossom Film, con la misión de impulsar historias potentes de narrativas complejas y dar oportunidades a mujeres directoras y guionistas. De esa labor han surgido aclamadas series y películas, como 'The Undoing', 'Nine Perfect Strangers', 'Love and Death' o 'Los expatriados'.
Amy Adams
La actriz de origen italiano ha utilizado la producción como una extensión natural de su compromiso con personajes psicológicamente densos y narrativas exigentes. Desde su productora Bond Group Entertainment, ha impulsado proyectos donde las mujeres no son fácilmente clasificables ni complacientes. Series como 'Heridas abiertas' muestran cómo la producción permite profundizar en temas como el trauma, la maternidad ambigua o la violencia estructural, asuntos que rara vez encuentran espacio en la ficciones mainstream.
Julia Roberts
La eterna 'novia de América' no ha sido una productora tan mediática como otras, pero su papel detrás de cámara a través de Red Om Films ha sido clave para proteger su carrera y elegir proyectos alineados con sus objetivos. En una industria que castiga el envejecimiento femenino, producir le ha permitido mantenerse vigente sin tener que repetir una y otra vez el mismo tipo de personaje.

El ejemplo de estas veteranas también lo están siguiendo actrices más jóvenes como Margot Robbie, que fundó en 2019 LuckyChap Entertainment con otros socios con el objetivo de impulsar historias con perspectiva femenina, logrando éxitos como 'Yo, Tonya', 'Una joven prometedora' y la supertaquillera 'Barbie'. Todas ellas comparten el entusiasmo por dar a conocer al público historias donde las mujeres no son decorado, sino motor narrativo. Desde la producción, no solo están cambiando Hollywood, sino que están redefiniendo el concepto mismo de liderazgo femenino en la industria cultural. Y lo más revolucionario es que ya no hay vuelta atrás.
