Mercè Ibarz o el duelo por 50 años de amor tras la muerte de su marido: "Es una celebración de lo vivido”

La escritora Mercè Ibarz publica 'Una chica en la ciudad', memoria en prosa poética de su juventud en Barcelona y su relación de pareja
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Hay libros de memorias que exudan vida aunque hablen desde la pérdida. ‘Una chica en la ciudad’ (Anagrama) de Mercè Ibarz (Saidí, Huesca, 1954), es uno de ellos. La autora lo comenzó a escribir tras el fallecimiento del que fue su compañero de vida, Lluís Pau, y el resultado es la evocación de la llegada una chica que aún no había cumplido los 18 años a una Barcelona que, en ese momento, lo fue todo para ella (y que lo sigue siendo).
La historia de esa chica en la ciudad del título nos transporta por el descubrimiento de esa joven de todo lo que resulta fundamental en la vida: el amor, la cultura, el trabajo, las amistades… El libro dialoga con el ayer desde el ahora y viceversa: una obra escrita en prosa poética que emociona cuando el lector menos se lo espera. Conversamos con la autora sobre uno de esos libros hechos a corazón abierto.
¿Cómo surge la idea del libro?
Llevaba años esperando el momento de ponerme a escribir este libro. Cuando mi marido fallece hace tres años, comprendo que el libro sería distinto respecto a la idea que tenía inicialmente. Me puse a escribir a partir de ese impulso de recordar a Lluís, de vivirlo. Tenía claro que quería evitar que fuese un libro de duelo y que el resultado se asemejara más a una celebración de lo vivido. La celebración de una construcción de una pareja larga, algo que no resulta fácil.
La novela es también la historia de la llegada de una muchacha a Barcelona…
Sí, en ese sentido sería una novela de formación. La crónica de una educación sentimental y cultural también, porque introduzco muchas referencias culturales que me marcaron en aquella época, desde David Bowie a Patti Smith, pasando por Nan Goldin. Me gusta dar estas pinceladas porque al final es posible que conecte con el lector si comparte estos gustos conmigo.

El arte tiene mucha presencia, pero sobre todo la tiene el cine. ¿Cómo de importante fue para ti en esos primeros años en Barcelona?
Como escritora considero que me ha ayudado más a imaginar, a estructurar la narración, que la propia literatura. Fíjate qué curioso. Los libros salen de los libros de los que has leído, pero salen también del cine que has visto, de la música que has escuchado, de la pintura y de la fotografía que has visto… A mí el cine me gustaba y me gusta tanto que en el libro cuento que me echaron de una célula política en la que militaba porque me perdí una reunión por estar viendo una película…
En el libro recorres de nuevo algunas de las zonas de Barcelona donde viviste en aquellos años para constatar lo que ha cambiado (o lo que sigue igual)
Barcelona no es precisamente una ciudad conservacionista. Hay muchísimas cosas que han cambiado. Lo que me impulsa a escribir es el recuerdo y la emoción y eso me lleva a transitar por espacios, sobre todo de la ciudad vieja, que es como si aún me abrazara hoy en día cuando paseo por el Gótico o el Raval…
Hay momentos en los que hablas de la Barcelona de aquella época como una ciudad oscura, ¿por qué?
¡Lo digo en un sentido literal! Al atardecer, tenías que andar por donde hubiera luz para regresar a casa, al piso de estudiantes las primeras veces, cuando aún no te sabes bien la ruta del metro, del autobús… Por eso lo digo. También era oscura por la época que nos tocó vivir, los estertores del franquismo. Pero creo que dejo claro que Barcelona siempre será para mí mi ciudad. La quiero con pasión, pase lo que pase. Aunque critique cosas que pasaban antes o que pasan ahora. La crítica también es una cuestión de amor.

Amor en todos los sentidos. Se habla ya de prácticas de pareja abierta, amor libre, incluso algo parecido a lo que ahora llamaríamos poliamor…
Sí, exactamente. Bueno, es que tampoco era nuevo en aquella época, ya los anarquistas de los años 30 lo practicaban…
También hay en el libro una parte dedicada a la toma de conciencia feminista
Para mí el feminismo fue un medio de conocimiento y de autoconocimiento también. Recuerdo leer obras como ‘El cuaderno dorado’ de Doris Lessing, un libro que me pareció interesantísimo. Bueno, hay muchos libros de esa época que creo que son esenciales para el feminismo. Siempre he estado a favor del canon, de devorar esas lecturas imprescindibles para poder formarte en lo que sea.
La novela es un libro sobre el amor, pero también sobre las amistades…
Bueno, es que al final tenemos en la vida más relaciones de amistad que parejas. Para mí, la amistad siempre ha sido algo sustancial. Además, mis amistades me han ayudado mucho en los últimos años, a partir de que Lluís se puso enfermo. Han sido poco menos que un regalo divino.
Si echas la vista atrás, ¿qué es lo que más echas de menos de aquella Barcelona que retratas en el libro?
Pues… a Lluís. Nunca he sido nada nostálgica y empiezo a serlo quizá un poco ahora porque tengo nostalgia de Lluís, aunque la misma palabra me molesta, porque creo que se ha convertido en una industria. Y si tuviera que decir algo más, quizá las salas de cine, aunque no, me rebelo porque no soy nostálgica.

