Sole Giménez, la voz elegante del pop español: “Me gustaría versionar a Bad Bunny”

Hablamos con la veterana artista, que lanza nuevo tema, ‘Ser humano’, reflexiona sobre el mundo actual, el edadismo en la música o el vínculo emocional con las canciones
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Hay voces que son casa. Una de ellas es la de Sole Giménez (París, 1963), una de esas artistas que han siempre han sido bálsamo auditivo. Tanto en su carrera con Presuntos Implicados como en su posterior trayectoria en solitario Giménez siempre ha sido un valor refugio, como si del oro de tratara.
Ahora, tras celebrar sus cuatro décadas en la música en 2023, regresa con material nuevo. ‘Ser humano’ -pocos títulos dicen más en menos- es el título del primer adelanto de un nuevo disco que verá la luz en primavera. La ocasión perfecta para charlar con ella sobre música, sí, y los mil y un temas que la rodean.
La canción ‘Ser humano’ es el adelanto de tu nuevo trabajo. Ya desde el título parece que hay un mensaje claro. ¿Cómo nace este tema?
Tiene una historia muy bonita. Esta canción me la mandaron Pedro Guerra y Pablo Cebrián, que son los compositores de letra y música. Pero yo en ese momento estaba preparando el 40 aniversario de mi carrera, que celebré en 2023, y estaba centrada en canciones de toda la vida, de mi repertorio. No entraban canciones nuevas. Aun así, cuando escuché 'Ser humano' me emocioné muchísimo. Pensé que merecía mucho la pena y les pedí tiempo para encontrar el hueco y cantarla. Han sido muy pacientes y me la han reservado.
Imagino que, a estas alturas de tu carrera, necesitas estar muy conectada con lo que cantas
Claro. Si no, ¿para qué? Los músicos somos comunicadores, transmitimos cosas. Así que cuando escuché la canción pensé dos cosas: qué canción más bonita y qué necesaria.
Has dicho “necesaria”. ¿Por qué?
Porque vivimos inmersos en un ruido constante que nos mantiene en un 'scroll' infinito, más allá incluso de la pantalla del móvil. Tengo la sensación de que no atendemos, de que vamos arrastrados por la velocidad, de un lado a otro. Y esta canción invita a aterrizar, a parar, a reconectar, a sentir y a ser quienes somos. No estamos hechos para esta velocidad. Y está claro que así no somos felices.
¿Crees que la velocidad y la desconexión son grandes temas de nuestro tiempo?
Totalmente. En la era de la conexión estamos desconectados. Muchas veces levantamos barreras por miedo. Y cuando no tienes contacto real con los demás, no los percibes com tus iguales y comienzan los problemas. Creo que hay un problema serio de comunicación.
Has mencionado el miedo. ¿Un artista se va despojando de miedos con el tiempo?
Sí, pero eso te lo da la edad. Yo tuve una adolescencia terrible, llena de complejos. Horrible. Y eso que no teníamos tantos medios para compararnos con otros como ahora. Pero con el tiempo te das cuenta de que muchos miedos eran producto de tu propio embrollo mental. Te vas aligerando. Eso sí, hay otros miedos que siempre te acompañan. La inseguridad, por ejemplo, y no queda otra que seguir trabajándola. Forma parte de esos miedos atávicos que siguen ahí. Supongo que tocará seguir yendo al psicólogo (ríe).

¿Qué nos puedes contar del nuevo disco?
Se titula también 'Ser humano', como el primer single de adelanto. Saldrá en primavera y es un disco más luminoso de lo que yo pensaba. He tenido la suerte de contar con autores que me encantan como El Kanka, Víctor Manuel, Rozalén… y también he compuesto yo algunas canciones.
A lo largo de tu carrera se te ha colgado muchas veces la etiqueta de “elegante”. ¿Te sientes cómoda con ella?
Sí. Me guste o no, define bastante bien lo que intento hacer. No me gusta ser estridente. Tengo una cierta manera de armonizar y de elegir acordes, instrumentaciones, sonidos… que va conmigo. También en mi vida personal tengo una tendencia natural hacia ciertos colores, ciertos tonos, que pueden asociarse con una cierta idea de elegancia. Y si me van a poner una etiqueta, elegante no está nada mal.
Viviste los años 80 desde dentro. ¿Fueron tan rompedores como los recordamos?
¡Sí, claro! ¡Es que todo estaba por romper" Cuando no hay nada previo, todo lo que haces implica ya esa ruptura. Presuntos Implicados empezamos haciendo funky, aunque, luego evolucionamos. Los 80 fueron muy divertidos. La gente no sabía tocar y se subía al escenario. No sabía pintar y hacía exposiciones. Y además había unos medios totalmente abiertos a arropar todo ese movimiento, y un público ávido de novedades.
Muchas veces se habla de como los grandes nombres de los 80 y los primeros 90 fueron olvidándose con el cambio de siglo… ¿Crees que en España hay edadismo en la música pop?
Sí, es un mal endémico de la industria. Aquí siempre se apuesta por la gente más joven, y eso está bien, pero no puedes olvidarte del resto. Es un error por parte de la industria porque el público sigue demandando a muchos artistas, aunque la industria les de de lado. Un ejemplo: apenas hay radios que programen música española de todos los tiempos. Es más fácil encontrar música anglosajona en fórmulas radiofónicas que española.
¿Qué es para ti el directo en esta etapa?
Donde todo cobra vida. Puedes estar un año haciendo un disco, pero cuando realmente todo adquiere sentido es en el directo, con el público. Ahí es donde las canciones nuevas respiran.
¿Qué tipo de público tienes ahora?
Gente de mi generación, un poco más joven, un poco mayor… Entre 35 y 70... o más. Me hace mucha gracia, porque no solo hay padres que traen a sus hijos, sino también hijos que le compran la entrada a sus padres y vienen con ellos. Es algo muy bonito.
Has hecho muchas versiones. ¿Te gustaría versionar a alguien actual?
Es complicado, porque creo que las canciones necesitan un tiempo de reposo. Pero no sé… a lo mejor algo de Bad Bunny, llevándolo otro terreno. Eso podría ser interesante.
¿Hay alguna canción que no puedas dejar de cantar en directo?
Sí. ‘Muñequita linda’, que es un bolero clásico que en realidad se llama ‘Te quiero dijiste’.
¿Por qué es tan especial para ti?
La compuso María Grever, una mujer extraordinaria, que fue directora de orquesta en los años 20 y 30 en Hollywood. Escribió más de 800 boleros, pero no se la conoce tanto como debería. Investigando un poco sobre el origen de la canción, descubrimos que no estaba dedicada a una chica, sino a una hija suya que murió siendo bebé. Cuando sabes eso, la canción cambia completamente. Tiene una ternura y una belleza inmensas. Desde que conocí esa historia no puedo dejar de cantarla.
¿Necesitas que haya un vínculo emocional con una canción para que todo cobre sentido?
Sí. Si no pones algo tuyo, un trocito de tu corazón o de tu alma, no aportas nada. No basta con poner la voz: siempre hay que entregarse.

