Política

La desconocida figura de Carmen Díez de Rivera, mano derecha de Adolfo Suárez: “Sin ella, nunca se hubiera legalizado el Partido Comunista”

Carmen Díez de Rivera, en una imagen de su juventud.
Carmen Díez de Rivera. (Foto: cedida)
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MadridPocos son los que ponen en duda la importancia de la Transición como período histórico esencial en la historia de España. A pesar de ello, el conocimiento de las figuras que atravesaron aquella época y que fueron esenciales en ese momento no pasa de la primera línea. En la segunda o incluso tercera permanecen personajes sin los que la Transición no hubiera sido, sencillamente lo que fue.

Entre ellos, está Carmen Díez de Rivera, capital durante la transición como persona de confianza de Adolfo Suárez -fue la jefa de su departamento-, pero pocas veces reconocida como activo fundamental en unos años decisivos para la historia del país. Carmen Domingo recoge ahora su figura en ‘La soledad fue el precio’ (Tusquets Editores, premio Comillas 2026). Una biografía esencial para conocer a fondo a “todo un personajazo”, como la describe su autora, que fue importante no solo en la década de los 70, sino también en los 80 y 90. Recordarla hoy -y hablar sobre ella con la mujer que ha recogido su legado- es un acto de justicia poética.

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Carmen Díez de Rivera fue la mano derecha, en la sombra, de Adolfo Suárez.

¿Es el propio título del libro un buen resumen de lo que vamos a encontrar en sus páginas?

Sí, el propio título ya lo resume bastante bien. Funciona como una síntesis brevísima pero muy significativa de lo que fue la vida de Carmen Díez de Rivera, especialmente en cuanto a su dimensión política. Probablemente, si hubiera elegido otra profesión, la soledad no habría sido un rasgo tan definitorio de su vida.

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¿Crees entonces que fue su dedicación a la política lo que la llevó a esa soledad?

Se juntan varios factores. Por un lado, tenía cierta desconfianza hacia el género humano. Y por otro, se movía en un ámbito como la política, muy masculinizado en los años 70 y 80, donde a las mujeres se las colocaba en un lugar distinto al esperado socialmente. En el título he utilizado el pasado —“fue”— con la esperanza de que hoy las mujeres en política no sientan que ese camino implica necesariamente soledad.

Si hubiera vivido hoy, ¿habría sido diferente su historia?

La historia es la que es, pero me gustaría pensar que hoy el entorno político no te aísla por ser mujer ni te trata de forma distinta. En su caso también influía que era una persona difícil de encasillar: provenía de una familia acomodada, pero se manifestaba contra el régimen. Más que inestable, creo que tenía las ideas muy claras y buscaba espacios donde compartirlas.

En el libro también hablas del papel que jugó su belleza en su contra.

Sí, era una mujer guapa, y eso muchas veces hizo que no se la tomara en serio. Parecía que no podía ser a la vez bella e inteligente. Lo curioso es que esas dos cualidades, en lugar de favorecerla, acabaron perjudicándola.

Carmen Díez de Rivera -en la foto, con La Pasionaria-, jugó un papel determinante en la legalización del Partido Comunista.

¿Cómo te acercas tú a su figura? ¿Cuándo empieza a interesarte?

Llevo toda la vida escribiendo sobre mujeres. Empecé con figuras de principios del siglo XX y, de forma natural, fui avanzando hacia lo contemporáneo. Llegar a Carmen era cuestión de tiempo. Además, al profundizar en la historia de España, ves que el papel de las mujeres sigue muy invisibilizado, incluso en etapas tan importantes como la Transición.

Y eso se nota en que, pese a su relevancia, no ha sido muy reconocida.

Exacto. A pesar de su cercanía a Suárez y su papel clave en momentos decisivos, no ha tenido la presencia que merece en libros o relatos audiovisuales. Creo que en parte se debe a que muchos hombres en posiciones de poder no querían ceder protagonismo reconociendo el valor de quienes trabajaban con ellos, cuando en realidad eso también los habría engrandecido.

Ella misma ironizaba con el papel de “secretaria”.

Sí, lo que hacía era señalar ese estereotipo: la secretaria como alguien que solo escribe lo que le dictan y sirve cafés. Quería mostrar que incluso en esos roles hay mujeres que aportan mucho más de lo que se reconoce.

¿Qué papel jugó, por ejemplo, en la legalización del Partido Comunista?

Estoy convencida de que sin su insistencia no habría sido posible en los mismos términos. Ella entendía que una democracia no podía ser plena si excluía a una parte de la población. Fue difícil convencer a Suárez y al Rey, sobre todo por la presión militar, pero su influencia fue clave.

Más adelante también destaca su etapa europea.

Sí, como europarlamentaria mostró una visión muy adelantada a su tiempo. Apostó por temas como el ecologismo o el feminismo cuando aún no estaban en la agenda central. Tenía una gran capacidad para pensar a largo plazo, algo poco habitual en política.

La política española Carmen Díez de Rivera -en la foto, posando delante del muro de Berlín- desarrolló un notable carrera en el Parlamento Europeo.

Otro aspecto interesante es su relación con la fe.

Tuvo muchos vaivenes. Se alejaba y se acercaba según el momento vital. Fue misionera en África y allí parece distanciarse de la religión tradicional y acercarse a formas más espirituales. Luego, en su etapa política, se alinea más con el agnosticismo, y finalmente, durante su enfermedad y la etapa final de su vida, vuelve a una espiritualidad más íntima.

Si tuvieras que resumir su legado en una idea, ¿cuál sería?

Fue uno de los ejes fundamentales de la Transición y también de los primeros pasos de España en el Parlamento Europeo.

Has trabajado mucho sobre mujeres históricas. ¿Hay más figuras como la suya que merezcan atención?

Sí, muchas. Por ejemplo, las mujeres de las primeras Cortes de la Transición están muy olvidadas. Siempre hablamos de los “padres de la Constitución”, pero casi nunca de las “madres”, de las mujeres que también participaron en ese proceso. Hay nombres como el de Carlota Bustelo que hoy casi nadie reconoce, y sin embargo fueron fundamentales.

Quedan muchas mujeres por rescatar, entonces.

Muchísimas. Hay muchas historias invisibilizadas que es necesario recuperar. Nuestra democracia también se construyó gracias a ellas, y merece que se las ponga en valor.