La historia de cómo Richard Ashcroft, de The Verve, escribió de rebote el mayor hit de los Rolling Stones desde los 70
La inclusión en 'Bitter Sweet Symphony' de un fragmento de una versión de Jagger y Richards fue una idea tan brillante como peligrosa
Discos que fracasaron en su momento y terminaron cambiando la historia del rock
'Bitter Sweet Symphony' bien puede ser una de las cinco canciones británicas más populares de los años 90. El tema que convirtió a The Verve en un fenómeno global y la pieza que hizo un ídolo de aquel Richard Ashcroft caminando con displicencia por una calle imposible. Pero también, durante más de dos décadas fue de rebote el mayor éxito de los Rolling Stones desde su época dorada de los 70. O, más bien, de Mick Jagger y Keith Richards. Y eso a pesar de que ellos ni la escribieron, ni la grabaron, ni tuvieron nada que ver con ella.
La historia empieza a mediados de los noventa, cuando Ashcroft estaba construyendo el que acabaría siendo el corazón de 'Urban Hymns'. Tenía una progresión sencilla, casi hipnótica, y una melodía vocal que parecía caminar entre la melancolía y la épica cotidiana. Pero sentía que faltaba algo, una tensión orquestal que elevara la canción hasta convertirla en esa especie de manifiesto existencial que terminaría siendo.
The Last Time
Fue entonces cuando a Ashcroft le vino a la mente 'The Last Time', un añejo tema de los Rolling Stones de su etapa sesentera, pero no la versión original de la banda, sino la orquestal grabada por The Andrew Oldham Orchestra, el proyecto instrumental del antiguo mánager de los Stones, Andrew Loog Oldham.
Aquella grabación, arreglada por David Whitaker, convertía el riff original en una secuencia de cuerdas elegante, cinematográfica y casi fantasmal. Justo lo que Ashcroft necesitaba. The Verve obtuvo permiso para usar un fragmento del máster a través de Decca, pero no podía ni siquiera imaginar entonces la disputa legal que acabaría desatándose poco después.
Según miembros de la banda, el acuerdo inicial contemplaba una licencia y una división parcial de derechos. Pero entonces la canción explotó. Empezó a sonar en todas partes. Se convirtió en la banda sonora oficiosa del desencanto noventero. Y fue ahí cuando apareció la sombra de Allen Klein, el temido exmánager de los Stones y propietario de ABKCO, la compañía que controlaba buena parte de los derechos editoriales del catálogo clásico del grupo.
Klein sostuvo que la banda británica había utilizado más material del autorizado. No era una discusión sobre inspiración o parecido difuso, sino sobre cuánto sample se había pactado exactamente. La batalla legal fue breve y brutal. The Verve no tenía músculo económico para enfrentarse a ABKCO en un pleito largo, así que pactó. El resultado fue demoledor: Ashcroft cedió el 100% de los royalties editoriales y Jagger y Richards fueron añadidos oficialmente como coautores.
Desde entonces, cada vez que sonaba 'Bitter Sweet Symphony', cada sincronización publicitaria, cada emisión de radio, cada uso audiovisual, generaba ingresos para una canción que legalmente ya no pertenecía a quien la había escrito.
Ashcroft habló del asunto durante años con una mezcla de resignación y rabia contenida. "¡Yo escribí el hit más importante de los Rolling Stones desde 'Brown Sugar'! Me tocó a mí escribir su puto hit", llegó a decir en 2016. Dos años después, harto de no haber visto un duro por su canción, se mostraba más explícito: "Voy a por mi dinero". El vocalista británico dejaba claro que no pensaba aceptar la situación como una nota a pie de página de la historia del britpop.
Lo cierto es que nunca cargó especialmente contra Jagger y Richards. Su señalamiento apuntaba casi siempre a Klein y al aparato empresarial que gestionó la reclamación. De hecho, Allen Klein había muerto en 2009, y con su desaparición empezó a abrirse la posibilidad de una solución distinta.
Agridulce sinfonía con final feliz
Esa solución llegó en 2019, en uno de esos giros que parecen escritos para tener un final feliz. El equipo de Ashcroft contactó directamente con la oficina de los Stones. Según explicó el propio músico al recoger un premio Ivor Novello Awards, Jagger y Richards accedieron “sin vacilar y sin condiciones” a devolverle su parte. Ashcroft agradeció su gesto “amable y magnánimo” y anunció que sus nombres dejarían de figurar como autores de la canción. Después de 22 años, 'Bitter Sweet Symphony' volvía oficialmente a ser enteramente suya.
Lo que no hubo fue una devolución retroactiva pública de las cantidades generadas durante las dos décadas anteriores; o al menos, no se ha informado de ningún acuerdo económico retrospectivo. Ashcroft sí recuperaba los créditos de composición y los royalties futuros asociados a una canción que nunca dejó de ser suya en lo artístico aunque durante demasiado tiempo no lo fuera sobre el papel.
