Cultura

Interviú, auge y declive de la revista más polémica de la Transición: “La portada de Marta Sánchez fue la que generó más tensiones”

Portada de 'Interviú'
Interviú alcanzó el millón de ejemplares con las fotos de Marta Sánchez. Interviú
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Hubo un tiempo en que media España fingía comprar 'Interviú' por los reportajes y la otra media ni siquiera se molestaba en disimular. En los bares, en los talleres, en las peluquerías o en el salón de casa del vecino siempre aparecía algún ejemplar abierto por una doble página que no pasaba desapercibida.

Pero bastaba con pasar unas cuantas hojas para encontrarse con un asesinato, una trama de corrupción, una exclusiva sobre las cloacas del poder o una investigación que ningún otro medio se atrevía a publicar. Aquella mezcla tan desconcertante como explosiva de erotismo, crónica negra y periodismo de denuncia convirtió a la revista en un espejo incómodo de una España que aprendía a vivir sin censura mientras todavía arrastraba muchos de los reflejos del franquismo.

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Durante la Transición y los primeros años de democracia, 'Interviú' fue mucho más que una colección de portadas provocadoras. Fue fenómeno social, fábrica de escándalos y laboratorio periodístico donde convivían el atrevimiento, el talento, la irreverencia y, demasiadas veces, la ausencia de límites.

Aunque desapareció de los kioscos en 2018, su recuerdo aún despierta la misma mezcla de fascinación y rechazo. El periodista Jerónimo Andreu reconstruye en 'Los desnudos y los muertos' (Península) el ascenso y el declive de una publicación que convirtió el destape en un fenómeno cultural, hizo periodismo de alto riesgo y acabó siendo víctima de sus propias contradicciones y de una sociedad que ya había cambiado más deprisa que ella.

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Interviu

¿Hasta qué punto el éxito de ‘Interviú’ fue un producto de la Transición y hasta qué punto fue la revista la que ayudó a moldear el clima de aquella época?

Interviú no habría sido posible en otra época, y la Transición no hubiera sido la misma sin Interviú. Hubo cierta simbiosis, como también existió con otros proyectos periodísticos de la época, como El País o Diario 16. Nacieron todos a la vez (con seis meses de margen), supieron leer muy bien el momento histórico, lo que demandaba la sociedad, y curiosamente Interviú fue el que más éxito tuvo inicialmente. Su problema fue que la Transición terminó y no logró adaptarse al ritmo de los cambios en la sociedad española.

¿Fue consciente la redacción desde el principio de que estaba creando algo radicalmente nuevo?

En los primeros números, no. Era una revista de fórmula, que se basaba en una combinación de sexo, sangre y escándalos (las tres eses del periodismo sensacionalista británico). Sin embargo, Antonio Asensio fue construyendo una redacción con periodistas muy comprometidos, muchos de ellos con una clara militancia política, que querían que su trabajo tuviera un impacto social y ayudase a modernizar España. En aquella revista encontraron un trampolín para hacerlo, gracias al impacto que alcanzaban sus publicaciones.

Viéndolo con perspectiva histórica, ¿cree que ‘Interviú’ fue un agente real de liberación sexual o un negocio oportunista que se aprovechó del fin de la censura?

Una pregunta difícil. Primero hay que distinguir entre las etapas de Interviú y la distinta naturaleza de los desnudos que se publicaron en cada una de ellas. En la etapa inicial, el objetivo de los fundadores era ganar dinero, pero al mismo tiempo, había una voluntad sincera de contribuir a la liberalización de las costumbres y el fin de la represión sexual (si la estrategia era buena, o si se estaba plantando la semilla de algo bueno, son otros debates). Digamos que esa es la etapa de las ‘marisoles’.

En una segunda etapa, la de las ‘sabrinas’, las protagonistas de las portadas son artistas que ven que el desnudo es la vía que se les impone para alcanzar visibilidad social y artística. Llamo esta época así porque su máximo exponente es Sabrina Salerno que, no lo olvidemos, en el momento de su primera portada tenía 19 años y no se había desnudado nunca por dinero. En ese momento, Interviú está contribuyendo a crear un mercado del desnudo, y ya no tenía ninguna coartada liberadora.

Por último, está la fase de las ‘concursantas’, que engloba a las protagonistas mayoritarias de las portadas de Interviú en los 2000, y que eran concursantes de Gran Hermano, o jóvenes que se presentaban al certamen de Chica Interviú. En su mayoría eran camareras, gogós, etc que tenían la esperanza de lanzar una carrera en el mundo del espectáculo. Resulta imposible defender que ahí existiera por parte de la revista algo que no fuera la voluntad de hacer negocio.

 Jerónimo Andréu

¿Cuáles serían las tres portadas más importantes o emblemáticas de su historia?

Hablando de emblemáticas, la primera es un cliché, pero se trató de la de Marisol en 1976. La segunda, probablemente la de Marta Sánchez (la más vendida de su historia) en 1991. La tercera, la de Lola Flores en 1983.

¿Cuál fue la portada que más incomodó dentro de la propia redacción?

Probablemente la publicación en 1993 de las fotos del Duque de Feria con niñas fuera la noticia que generó más contestación interna en la revista. Los periodistas se oponían a su publicación, y la empresa la impuso. El tema acabó con una denuncia de la Fiscalía de menores en contra de Interviú.

En el plano de las portadas con protagonista femenina, la “exclusiva” de Marta Chávarri sin ropa interior en 1989 persiguió durante toda su vida al director que tomó la decisión en la época.

¿Qué sesión fotográfica generó más tensiones, arrepentimientos o consecuencias inesperadas?

La portada de Marta Sánchez nació de un chantaje, porque fue sorprendida desnuda en una playa con su novio de la época, y la cantante cambió la publicación de esas fotos por una sesión de Interviú. Con ese arranque tan áspero, toda la planificación y ejecución de la sesión fue una pesadilla. Ambas partes intentaron engañar a la otra. En el libro cuento los distintos giros que tuvo el proceso: incluso una amiga de la cantante intentó extorsionar a la revista divulgando unas Polaroid de la sesión de fotos.

¿Hubo alguna portada muy deseada que nunca se consiguió?

El encargado de las portadas de la revista se jubiló lamentando no haber conseguido nunca posados de Elsa Pataky ni de Isabel Preysler. La segunda fue un imposible, pero a la primera dice que la tuvo en su despacho cuando aún no era muy conocida, pero le pidió un precio que consideró excesivo y perdió la oportunidad.

‘Interviú’ mezclaba erotismo con investigaciones muy serias. ¿Cómo convivían esos dos mundos en una misma redacción?

No había convivencia física de los dos elementos en la redacción porque allí solo trabajaban los periodistas. Las fotografías se tomaban en estudios aparte, y las modelos nunca acudían a la redacción.

A algunos redactores les parecía perfecto que su revista publicara reportajes eróticos. A otros no les hacía ninguna gracia y ni siquiera miraban la portada de la revista cuando las tenían delante. A pesar de ello, debían aceptar que los desnudos eran el motor de la revista: lo que pagaba sus salarios y sus investigaciones.

En general, nunca hubo demasiado debate interno sobre el tema porque todos sabían que el modelo era inamovible. Eso cambió solo durante los últimos años, cuando los redactores más jóvenes ni siquiera querían llevarse ejemplares de Interviú a sus casas porque les daba vergüenza que les vieran por la calle con ellos.

¡Interviú no duraría en los kioscos hoy ni una semana!

¿Cuál fue la investigación que puso más nervioso al poder político, económico o policial?

Probablemente las relacionadas con la guerra sucia contra ETA. En 1986, Interviú publicó una entrevista con José Velázquez Soriano titulada ‘Yo fui miembro de los GAL’ que supuso un golpe duro. También lo fueron, en 1994, las fotos del director de la Guardia Civil, Luis Roldán, celebrando una fiesta en un chalé, semidesnudo y consumiendo drogas. El Ministerio del Interior presionó mucho para que se detuvieran este tipo de revelaciones.

¿Algún reportaje no se publicó por miedo a las consecuencias?

Se frenaron muchos, como en cualquier publicación de España o de cualquier parte del mundo.

Conozco especialmente casos de segundas partes de temas ya publicados que no vieron la luz para evitar que se continuara profundizando en la investigación. Por ejemplo, la entrevista sobre los GAL de la que acabo de hablar tenía una segunda parte que salió mutilada tras las presiones políticas. Y nunca vio la luz una investigación sobre la trama societaria mediante la que Manuel Prado Colón y Carvajal, administrador del Rey Juan Carlos, evadía capitales de España. Esa segunda parte apuntaba aún más alto en la trama.

También se frenaron publicaciones sobre el Caso Gurtel. Aun así, Interviú fue el primer medio que escribió acerca de ella en 2005. Por las presiones, detuvieron la investigación, que fue retomada cuatro años después por medios como El País.

Otras noticias dejaron trazas al eliminarse en portadas de la revista que no llegaron a los kioscos. Por ejemplo, las relativas a negocios de Abel Matutes, que tenía mucha influencia en la época. Y conozco varios casos de historias que se frenaron por fortuna, porque eran infundios contra personajes públicos sin ninguna verdad detrás.

¿Hubo reportajes que hoy no se publicarían por falta de contraste o por exceso de sensacionalismo?

¡Miles de ellos!

Por un lado, muchas historias en los primeros años de Interviú no se contrastaban con los estándares periodísticos que se fueron imponiendo en el oficio. A menudo se daba una sola versión de los hechos (aunque fuera cierta), y eso generó importantes problemas.

Por otra parte, el nivel de sensacionalismo que practicaba la publicación es difícil de entender desde nuestra perspectiva actual. Hubo redactores que documentaron con fotos su operación de nariz, que contaban sus aventuras practicando turismo sexual en países pobres, que salían a la calle llevando maniatado a un señor africano como si fuera un esclavo para reflejar las reacciones de los viandantes… ¡Interviú no duraría en los kioscos hoy ni una semana!

¿Cómo era el ecosistema humano dentro de la revista? ¿Era una redacción periodística al uso o más bien una fauna de novela negra?

La redacción de Interviú se parecía tanto al escenario de una novela negra que uno de sus periodistas incluso fue detenido por cometer un crimen, y un grupo de redactores formó un grupo de investigación para determinar si era culpable o inocente. Llegaron a la conclusión de que era culpable, pero la dirección no les dejó publicar su reportaje.

El grupo humano era muy pintoresco y excesivo. Convivían personas de posiciones ideológicas muy diferentes, se salía mucho de fiesta y se bebía mucho. Las peleas a veces terminaban con máquinas de escribir volando por los aires.

A la redacción no iban las mujeres que posaban desnudas. Allí no se sacaban fotografías

¿Qué personaje excéntrico de la casa retrata mejor el espíritu de ‘Interviú’?

Interviú estaba lleno de personajes excéntricos, pero con personalidades muy diferentes. En 'Los desnudos y los muertos' se cuenta la historia de muchos de ellos, como ejemplo de las distintas actitudes ante el periodismo y la vida.

Por ejemplo, estaba Luis Cantero, el periodista que escribía reportajes escandalosos en primera persona (sobre sus relaciones con prostitutas, sobre cómo organizar una orgía, sobre cómo evadir capitales de España…). Y en el otro extremo se encontraba Xavier Vinader, un periodista con un aspecto físico muy particular porque había sufrido poliomielitis, que era el azote de la extrema derecha y al mismo tiempo, en esa labor de denuncia, cometió importantes errores periodísticos con consecuencias funestas.

O también estaba Margarita Landi, una reportera de sucesos que parecía un personaje de Agatha Christie. Había comenzado escribiendo información sobre fiestas de la alta sociedad y se pasó al periodismo policial tras cubrir el robo de un collar en casa de una duquesa. Desde entonces, fumaba en pipa, llevaba una pistola en el bolso y era amiga de todos los comisarios del país.

¿Qué leyendas urbanas sobre ‘Interviú’ son falsas y cuáles se quedan cortas?

Falsas: a la redacción no iban las mujeres que posaban desnudas. Allí no se sacaban fotografías.

Se quedan cortas todas las historias sobre la información privada que llegaba a la revista. Cualquier persona que tuviera un trapo sucio que airear, acudía a Interviú. Manejar aquel exceso era complicado. Se publicaron una gran cantidad de historias que no deberían haber visto la luz, pero se guardaron muchísimas más. Algunos de esos ‘cotilleos’ simplemente se desechaban. Otros, se conservaban por si un día la empresa consideraba que se volvían útiles o relevantes, se intercambiaban por favores, o se utilizaban para elaborar dossieres con fines no periodísticos.

¿Cuándo empezó a perder su razón de ser?

No sé si los medios de comunicación deben tener una razón de ser específica. Interviú siguió siendo útil hasta el final (2018) en el sentido de que nunca dejó de revelar información relevante y ayudó a denunciar muchas injusticias: supongo que eso justifica su existencia. El problema es que su propuesta ética y estética había quedado completamente desfasada desde los años 90. La llegada de las televisiones privadas, con todos sus excesos (erotismo desenfrenado, morbo…) y sus nuevos ritmos informativos (coberturas al minuto) la sumió en una crisis de identidad.

La decisión que tomaron los ejecutivos de la empresa fue rebajar la carga de denuncia política y social, e intensificar los elementos más escandalosos. Eso terminó encerrando la revista en un nicho de mercado pequeño, alejado de los intereses generales del ciudadano común. Así pasó casi 25 años, hasta su cierre en medio del desinterés general.

¿Qué portada simboliza mejor el principio del fin?

Las portadas del año 2000 en las que se destapaba el pasado en la prostitución de concursantes de Gran Hermano creo que definen muy bien la entrada en una fase completamente diferente para la revista. Su concepción de lo que tiene interés público cambia completamente, dirigiendo su mirada hacia concursos de televisión y asuntos privados de ciudadanos que, a lo mejor no son anónimos, pero que tampoco tienen ningún poder real ni ninguna responsabilidad que los haga merecedores de un escrutinio mediático tan despiadado.

¿Fue más valiente que excesiva o más excesiva que valiente?

En 1978, una orden judicial impidió que se publicara un número de Interviú porque incluía un reportaje sobre Antonio Rosón, un político franquista al que la revista acusaba de haber ordenado acciones represivas en Galicia durante la dictadura. Era hermano del gobernador civil de Madrid y de un general, así que estaba bien respaldado. Interviú respondió al secuestro judicial publicando un número especial titulado Con dos Rosones.

Con esto quiero decir que era una revista muy valiente. Eso la llevó a forzar los límites de la libertad de expresión en un período de nuestra historia en que esos límites aún estaban por definirse. Su problema fue que, años después, cuando las reglas del juego ya estaban claras y más o menos consensuadas por todos, siguió intentando empujar siempre un centímetro más allá esas fronteras, siempre en temas que le favoreciesen comercialmente, como los desnudos y los escándalos. En ese momento dejó de ser percibida como una publicación valiente y se quedó en excesiva.

Aun así, sería injusto negarles a sus directores y reporteros que, hasta el final, Interviú continuó publicando temas incómodos para políticos y poderes económicos, sobre todo en poblaciones pequeñas, lejos del foco mediático. Eso también requiere un valor innegable, aunque luciera menos.

Si reapareciera hoy, ¿qué tendría que conservar y qué debería desterrar?

Interviú hizo grandes aportaciones al periodismo de investigación. Su voluntad de controlar a los poderes era loable. Los elementos nostálgicos del franquismo que intentaban sabotear el proceso de la Transición o dirigirlo en su favor sufrieron grandes reveses por culpa de reporteros de Interviú.

Periodísticamente, en el plano técnico, Interviú también propuso muchas cosas interesantes. Se esforzó por hacer divertidos temas que podían no ser llamativos inicialmente para un lector popular. Fue una gran escuela de periodismo.

Estos dos elementos que encontrarían cabida en el periodismo de hoy: voluntad de control crítico e innovación formal.

El debate sobre lo que Interviú debería desterrar para continuar viva es más difícil de lo que parece. Por supuesto, su machismo y excesiva erotización (en los últimos años, la revista incluía decenas de páginas de publicidad de películas de porno extremo) deberían desaparecer. Pero tampoco podemos olvidar que Interviú era una publicación sensacionalista y provocadora (no solo en el sexo): plantear una Interviú domesticada no tiene sentido. Nunca podría ser el New York Times. ¡Siempre haría cosas que nos indignase! Y probablemente ese sea un rasgo imprescindible de su personalidad.