Feminismo

Gloria Steinem ha muerto a los 92: el legado que deja para mejorar la vida de otras mujeres

Gloria Steinem en su apartamento neoyorquino en 1990
Gloria Steinem en su célebre apartamento neoyorquino en 1990. Getty Images
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Gloria Steinem ha muerto a los 92 años. La escritora, periodista y activista estadounidense falleció en su casa de Nueva York, rodeada de sus seres queridos. Con ella desaparece una de las figuras más reconocibles de la segunda ola del feminismo, pero no precisamente una mujer cuyo legado pueda medirse solo por sus discursos, sus libros o las fotografías que la convirtieron en un rostro mundialmente conocido.

Steinem fue un referente de una clase muy particular. Pasó más de cinco décadas intentando que las mujeres tuvieran más poder sobre sus propias vidas y, sobre todo, construyendo organizaciones, medios y espacios para que otras pudieran ejercerlo. No se limitó a denunciar la discriminación contra la mujer, sino que ayudó a convertir el feminismo en una cuestión política, periodística y cultural de masas.

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Defendió el derecho a decidir sobre la maternidad, la igualdad laboral y salarial y una mayor presencia femenina en la política, pero también insistió en que las desigualdades de género no podían separarse de las de raza, clase y poder. Su influencia llegó mucho más allá de EEUU, lo que le llevó a recibir en España el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2021. Años antes ya había recibido la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción civil estadounidense.

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La periodista que se convirtió en conejita de Playboy

Mucho antes de convertirse en una líder feminista, Steinem descubrió que el periodismo podía servir para entrar allí donde los canales convencionales no llegaban. En 1963 aceptó un encargo de la revista Show que exigía infiltrarse en el Playboy Club de Nueva York. Durante once días trabajó de incógnito como una de las famosas conejitas, y lo que descubrió estaba muy lejos de la imagen de glamour que vendía Playboy.

Su reportaje en dos partes, 'A Bunny's Tale', describió las condiciones laborales, las exigencias sobre el cuerpo de las trabajadoras, los salarios y el trato que recibían de los clientes. Ese trabajo hizo famosa a Steinem pero, paradójicamente, también le complicó durante un tiempo su carrera periodística, ya que muchos editores solo la veían como la "exconejita".

Una revista que rompió moldes

El gran salto llegó en 1971 con la fundación de 'Ms.', publicación que nació como un suplemento de 'New York' y después se convirtió en una revista independiente que rompió una regla no escrita de la prensa femenina de la época. Las mujeres podían ser lectoras, consumidoras y protagonistas de artículos sobre belleza, hogar o relaciones, pero apenas tenían espacios concebidos para hablar de poder, aborto, violencia doméstica, trabajo, política o desigualdad desde una perspectiva propia.

Gloria Steinem en una marcha en Manhattan

El primer número independiente de 'Ms'. apareció en 1972 y las primeras 300.000 copias de prueba se agotaron en apenas ocho días. La revista ayudó a demostrar que el feminismo podía tener un medio de comunicación propio sin renunciar al periodismo. Y también una manera de transformar el movimiento en algo más duradero que una sucesión de protestas.

Dinero para cambiar las cosas

Ese mismo impulso llevó a Steinem a participar en la creación de la Ms. Foundation for Women. Su propósito era distinto, aunque complementario, al de la revista. Si Ms. daba visibilidad a las cuestiones de las mujeres, la fundación buscaba proporcionarles recursos, y también a las organizaciones que luchaban sobre el terreno.

La activista fue su presidenta fundadora y la organización se convirtió en una de las grandes instituciones filantrópicas feministas de EEUU. Su trabajo se ha centrado en fortalecer movimientos de base y apoyar proyectos relacionados con la justicia económica, la justicia reproductiva y la seguridad de mujeres y niñas, con una atención especial a las desigualdades derivadas de la raza y la clase. Tras la salida de Steinem de la gestión cotidiana ha mantenido la misma filosofía y continúa canalizando recursos hacia el activismo de base.

En 2005, Steinem se unió a Jane Fonda y Robin Morgan para crear el Women’s Media Center. No bastaba con que las mujeres aparecieran en las noticias. También tenían que ser expertas, analistas, creadoras y voces con autoridad. La organización trabaja desde entonces para aumentar la presencia y la visibilidad de mujeres y niñas en los medios, mediante investigación, formación, contenidos propios y activismo.

El feminismo se hace viajando

En 2015 publicó 'Mi vida en la carretera', un libro de memorias que permite entender otra dimensión de su activismo. Más que una autobiografía convencional, es el relato de una vida pasada entre viajes, campañas políticas, reuniones, mítines y conversaciones con mujeres de lugares muy diferentes. Steinem explica ahí que viajar le enseñó a escuchar y a comprobar que las grandes ideas políticas solo adquieren sentido cuando se encuentran con las experiencias concretas de las personas.

Pero su producción escrita fue mucho más amplia. 'Actos escandalosos y rebeldías cotidianas', publicado en 1983, reunió ensayos sobre asuntos como el acoso sexual, la mutilación genital femenina y la desigualdad salarial y acabó convirtiéndose en uno de sus libros fundamentales. También escribió 'Revolución desde dentro: Un libro sobre la autoestima', 'Ir más allá de las palabras' y, en sus últimos años, 'La verdad te hará libre, ¡pero primero te enfurecerá!'.

Un legado inabarcable

Aún siendo inmensamente popular, Steinem continuó viajando, dando conferencias, escribiendo y participando en iniciativas sobre igualdad, derechos reproductivos, violencia contra las mujeres y justicia social. También ayudó a fundar organizaciones internacionales como Equality Now y Donor Direct Action y mantuvo vínculos con numerosas iniciativas de base.

Gloria Steinem, en su discurso de aceptación del Premio Princesa de Asturias

En sus últimos años, además, su propia casa de Nueva York -que funcionó durante décadas como centro neurálgico de reuniones para el movimiento- se transformó en el corazón de Gloria’s Foundation, un espacio de encuentro para activistas, feministas y personas dedicadas a la justicia social. No era una fundación pensada únicamente para conservar su legado histórico y resguardar sus archivos, sino también lugar para que otros movimientos pudieran encontrarse.

En cualquier caso, su legado ya está en manos de las mujeres que aprendieron a organizarse, a contar sus propias historias y a reclamar como propio un espacio que durante demasiado tiempo se les había dicho que no les correspondía.