Música

La icónica guitarra que Brian May construyó con su padre con trozos de mesa, chimenea y bicicleta

Brian May y la Red Special
Brian May y la Red Special, historia del rock. Getty Images
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¿Qué fue más distintivo en el sonido de Queen? ¿La voz de Freddie Mercury o la guitarra de Brian May? Quizás la combinación de ambas, porque si la voz de 'Mr. Bad Guy' era inigualable, el torrente orquestal casi sinfónico que May extraía a su Red Special es de lo más reconocible de la historia del rock. Y si esa guitarra suena como ninguna otra se debe, en gran medida, a que no salió de una fábrica, sino que fue diseñada y construida a mano cuando solo era un adolescente por el propio Brian con la inestimable ayuda de su padre, Harold May.

A comienzos de los años 60 un joven Brian May de 16 años quería lo mismo que muchos otros jóvenes de su edad, una guitarra eléctrica con la que poder meter todo el ruido posible. El problema es que su familia no podía costear las caras Fender Stratocaster o Gibson Les Paul de la época. Asi que su padre, que era ingeniero electrónico, le propuso hacer juntos una guitarra mejor que cualquiera que pudiera encontrar en las tiendas.

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Una guitarra diseñada desde cero

El proyecto comenzó en 1963 y se prolongó durante aproximadamente dos años, utilizando herramientas tan poco sofisticadas como sierras, formones, cepillos y abundante papel de lija. El coste total de los materiales fue de apenas unas 17,50 libras.

Brian tenía una idea muy específica en la cabeza. Buscaba una guitarra que pudiera ofrecer una gran variedad de sonidos, que mantuviera mejor la afinación, que tuviera un trémolo eficaz y que pudiera producir una realimentación controlada y musical.

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Sus conocimientos de matemáticas y física le vinieron muy bien para abordar cuestiones como las proporciones del instrumento, la posición de los trastes o el funcionamiento de las pastillas; y el dominio de la electrónica de Harold iba a ser decisivo para convertir las ideas del joven en realidad.

El resultado fue una guitarra de escala corta, 24 trastes, dos pronunciados cutaways, silueta asimétrica y acabado rojo oscuro. El cuerpo escondía una de sus grandes peculiaridades. Brian y Harold utilizaron blockboard, un tablero construido con tiras de madera blanda entre láminas de contrachapado, reforzado con piezas de roble procedentes de una vieja mesa y recubierto con una fina chapa de caoba.

El mástil fue todavía más singular. La madera procedía de una vieja chimenea victoriana que un amigo de la familia iba a desechar. Brian la talló a mano hasta convertirla en un mástil robusto. La edad de la madera incluso había dejado agujeros de carcoma, que fueron reparados rellenándolos con pequeñas piezas de madera y cerillas. Para los marcadores del diapasón recurrieron al costurero de la madre de Brian y limaron botones de nácar.

Hasta algunos elementos que hoy damos por sentados en una guitarra fueron soluciones improvisadas. El brazo del trémolo procede de un soporte de una cesta de bicicleta y su extremo fue rematado con una pieza de una aguja de tejer. La guitarra, en definitiva, no solo se construyó en casa, sino que estaba compuesta de objetos que pertenecían a la vida cotidiana de aquella familia.

Electrónica con la firma de los May

La parte eléctrica fue casi tan experimental como la construcción del cuerpo. Tras intentar fabricar sus propias pastillas, Brian terminó comprando tres Burns Tri-Sonic que modificó para adaptarlas a sus necesidades. Dos fueron encapsuladas con resina Araldite para reducir problemas de microfonía. Las tres pastillas de bobina simple quedaron conectadas en serie.

Y aquí apareció una de las grandes innovaciones de la Red Special. En lugar de limitarse a un selector convencional, Brian diseñó un sistema de seis interruptores. Cada pastilla disponía de un interruptor de encendido y apagado y de otro que permite invertir su fase. De esta manera podía combinar las tres pastillas y obtener diferentes configuraciones, tanto en fase como fuera de fase. El resultado era una paleta tonal extraordinariamente amplia con la que podía lograr ese sonido 'hueco', chillón y casi vocal tan característico en los solos de Queen.

La madera también recibió un tratamiento artesanal. Brian quería que el instrumento conservara un aspecto parecido al de la caoba, pero con un tono rojizo. Así que aplicó tinte y numerosas capas de Rustins Plastic Coating hasta conseguir la superficie brillante que acabaría dándole nombre a la guitarra.

El secreto estaba en el bolsillo

Y después de toda aquella ingeniería casera queda uno de los detalles más sencillos y más personales para explicar su sonido inimitable. La púa de Brian May no es una púa convencional, sino una moneda de seis peniques. El músico descubrió que la rigidez de la moneda le proporcionaba un ataque muy particular. Si la utilizaba prácticamente paralela a las cuerdas conseguía un sonido suave y definido. Y si la giraba y utilizaba su borde dentado, aparecía ese característico raspado que forma parte inseparable de su sonido.

El sistema de puente y trémolo que Brian y Harold habían desarrollado para la Red Special era lo suficientemente original como para que otras personas le aconsejaran patentarlo. Sin embargo, Brian decidió no hacerlo. Consideraba que las patentes podían ser una complicación y prefería compartir sus ideas.

Más de seis décadas después

Desde entonces, la Red Special que construyó junto a su padre le ha acompañado durante toda su trayectoria, sobreviviendo a giras, aviones, escenarios gigantescos y décadas de uso profesional. Y, salvo determinadas piezas sustituidas o trabajos de mantenimiento y restauración, conserva buena parte de sus elementos originales.

Eso sí, aquella guitarra construida a mano en Felham ha acabado dando lugar a una gama comercial bajo la propia marca del músico, Brian May Guitars, que comercializa actualmente modelos inspirados directamente en la Red Special -entre ellos la BMG Special y la BMG Super-, autorizados y aprobados por el mismo May para que cualquiera pueda tener el sonido de Queen en su propia casa.