Cultura

André Aciman, autor de 'Call Me by Your Name': "Lo escribí ya con 55, pero seguía recordando lo que sentí con 17"

El escritor André Aciman, en Madrid. Rose Wieshamm
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MadridQuizá el nombre de André Aciman (Alejandría, Egipto, 1951) no diga demasiado a mucha gente. Pero si decimos que es el autor de Call me by your name, la cosa cambia. Este hombre, que habla inglés con un acento que deja claro que ha sido un trotamundos, regresa con Idilio (Alfaguara), un volumen que contiene cuatro novelas cortas, por la que transitan algunos de sus temas clásicos como el deseo, la memoria y aquello que pudo haber sido (pero no fue).

Aprovechando la visita a España para hablar sobre su último libro, dialogamos con el escritor sobre el deseo, la nostalgia, la fluidez de la identidad, la representación del amor homosexual y la relación entre su vida y sus personajes. 

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Una parte muy importante de tu obra parece construirse alrededor de la pregunta "¿Qué habría pasado si…?".

Esa pregunta es muy importante para mi, se ha convertido en una especie de sello en mi escritura, ya sea lo que podría haber sucedido o lo que nunca sucedió, pero puede suceder todavía, quieras o no. Es una pregunta que muchos de mis personajes se hacen, no solo en este libro, sino en todos. Representa esa sensación de que deseas algo mucho, pero, al mismo tiempo, no deseas que suceda porque puede causarte un problema. Y sin embargo, al mismo tiempo, en tu mente ya existe, ya está sucediendo.

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Has dicho en alguna ocasión que todos los personajes sobre los que escribías eran bisexuales, aunque enseguida aclarabas que eso no tenía por qué tener una correspondencia con tu vida real

Sí, en el plano literario es totalmente cierto. De la parte persona, prefiero no hablar. Pero escribiendo puedes dar vida a cualquier personaje. Por ejemplo, escribí Call Me by Your Name cuando tenía 55 años. No tenía 17, pero seguía recordando lo que sentía cuando tenía esa edad. Sí que me gustaría seguir viviendo siempre regido por el deseo como cuando era adolescente, incluso cuando ya sea muy, muy mayor.

Teniendo en cuenta la edad a la que escribiste Call Me by Your Name, ¿te reconoces más en el personaje de Elio o en el de su padre?

El personaje del padre está inspirado en el mío. Mi padre era muy abierto, con un carácter muy mediterráneo, que aceptaba todo. Lo que yo hacía nunca suponía ningún problema en la familia. Cuando tenía 17 años mi padre estaba ahí, siempre me apoyaba, lo que hizo que nunca hubiera ningún conflicto entre nosotros.

¿Es más difícil explicar el deseo homosexual que el deseo heterosexual por las dificultades que todavía existen alrededor de ese deseo?

Sí, es más complicado, aunque no en las ciudades por las que se suelo mover. No creo que haya problemas actualmente con la aceptación de los homosexuales en Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, Chicago o Washington. Pero claro, al mismo tiempo, hay lugares donde la homosexualidad sigue proscrita. Eso hace que mis libros hayan aparecido en listas de obras que no deberían estar en las bibliotecas de las escuelas, por ejemplo. Es algo que no me gusta, pero que tengo que aceptar, no me queda otra opción.

Italia ocupa un lugar muy importante en tu literatura. ¿Qué tiene ese país que hace que el deseo aparezca de una manera distinta, natural, cuando escribes allí?

El verano en Italia me inspira mucho. La vegetación, el vino, el queso, los cuerpos exhibidos en las playas, el agua del mar… Todo esto, junto al calor, me llevan automáticamente a escribir sobre el deseo. Es mucho más fácil escribir sobre el deseo en Europa que en Estados Unidos. Eso sí, en el plano personal siento que la vida en una cuidad de playa se acaba convirtiendo en algo aburrido. Por ejemplo, estuve en Mallorca durante toda una semana. ¡Me gustó porque me encanta nadar! Pero pasado un tiempo dejo de disfrutarlo. 

En comparación con algunos autores jóvenes, que quizá sean más gráficos o más explícitos a la hora de describir la sexualidad, tu escritura parece más delicada. ¿Es algo deliberado?

Sí, tiendo a ser delicado. No me gusta representar a la gente teniendo sexo de una manera explícita. Me gusta mucho imaginar a dos personas en su cama, tumbados felizmente, durmiendo, enamorándose. Pero no me disfruto de verlas teniendo sexo explícito.

¿Crees que algunos lectores utilizan tus novelas para encontrar ese modelo de amor que no tienen?

Sí. Me consta que muchas personas han usado mis novelas para dar el paso de salir del armario ante sus padres.Y a veces ha sucedido que el padre ha contestado: "Yo también he tenido experiencias homosexuales en el pasado".

Después de tantos años explorando la mente humana a través de la literatura, ¿sigues descubriendo algo nuevo cuando escribes un libro?

Es difícil de saber. ¿Me he convertido en una persona mejor al escribir esto? Tal vez. ¿Me he vuelto un poco más tolerante? No lo creo, porque lo cierto es que soy muy intolerante y me cuesta mucho soportar la estupidez.

¿Dónde te topas con la estupidez en el día a día?

En momentos cotidianos, como cuando vas a desayunar y tienes al lado a un grupo de gente hablando muy alto de gilipolleces. Eso es la estupidez para mí y quiero estar tan lejos de ello como pueda.

Suena como algo que te acaba de pasar...

¡Sí, me pasó ayer aquí en Madrid, en el hotel! Cuando la gente dice cosas sin sentido siempre pienso que estarían mejor callados.

Tras retratar tantas veces el amor homosexual en tu obra, ¿se decepcionan tus lectores cuando descubren que eres una persona casada y con tres hijos?

Es una pregunta complicada. Intento no hablar de mi vida porque no es tan interesante. Sí que sucede a veces que vuelven a tu vida personas con las que tuviste contacto en momentos del pasado, lo que pasa es que ya no quiero reconectar con ellas. Creo que es mejor así. Y, sí, estoy casado y tengo tres hijos que están también felizmente casados. Todo está ordenado, aunque, al mismo tiempo, hay una parte en mi vida que está abierta. Y me gusta que esté así.

Después de haber pasado por tantos lugares del mundo y de no sentir que perteneces completamente a ninguno, ¿dónde sientes que está tu hogar?

El hogar que he construido para mí mismo está en la escritura. No pertenezco a un país, una bandera o a una religión, mi patria son mis libros.