Música

Burning: "Que la gente use chupas de cuero para oler lo que es el rock and roll nos parece perfecto"

Johnny Cifuentes, líder y custodio de Burning, en concierto con la banda.. Warner Music
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En diciembre de 1990, Burning reunió durante dos noches en la sala Universal Sur de Leganés a buena parte de sus amigos y compañeros de profesión para grabar un disco en directo. Por aquel escenario pasaron Joaquín Sabina, Loquillo, Rosendo, Miguel Ríos, Antonio Vega y Los Secretos, entre otros invitados. El álbum apareció en 1991 y se convirtió en uno de los trabajos más importantes de la carrera del grupo madrileño, que llevaba ya tres lustros haciendo rock and roll y había acumulado un repertorio considerable, aunque todavía no disfrutaba del reconocimiento que merecía su influencia. Aquel disco permitió que mucha gente descubriera a Burning cuando sus canciones llevaban años circulando por los bares, las emisoras de radio y las cintas de casete de varias generaciones de aficionados.

«Fue el disco que nos abrió, como dicen los toreros, la puerta grande —recuerda Johnny Cifuentes, cantante y pianista—. Nos llevó a sitios donde de verdad conocieron a la banda, a tocar en lugares estupendos, grandes, con buenos equipos y buenas luces. Fue como cruzar una línea. Una línea buena, de esas que todos los grupos queremos cruzar».

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Treinta y cuatro años después de aquellas grabaciones, Burning decidió celebrar su medio siglo de vida volviendo al mismo repertorio. En marzo de 2024, una formación de ocho músicos encabezada por Cifuentes subió al escenario de La Riviera, en Madrid, para recuperar las canciones de aquel directo y respetar su orden, con algunos añadidos respecto a la edición original. El resultado se publica ahora bajo el título de En directo (50 aniversario), un doble álbum de 21 canciones que empieza con «No pares de gritar» y termina con «Corre conmigo». Entre una y otra están «Jim Dinamita», «Ginebra seca», «Una noche sin ti», «Esto es un atraco» y «Mueve tus caderas», entre otras piezas fundamentales de su historia.

«Es el cumpleaños de Burning, son cincuenta palos. No sabíamos qué hacer y alguien tuvo la genial idea de revivir aquel concierto. Todo el mundo se acuerda del disco del 91, de Sabina, de aquellas canciones. Pues a huevo. Nos juntamos una noche en La Riviera, al lado del Manzanares. Otra vez mucho Madrid. Burning es eso, mucho Madrid. Sin desmerecer a ningún otro sitio, porque tocamos en todas partes, pero aquello era tocar en casa».

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La comparación entre ambos conciertos tiene algo de experimento con el tiempo. Las canciones siguen siendo reconocibles, pero no son los mismos músicos quienes las interpretan, ni es el mismo país el que las escucha. En el directo de 1991 todavía estaba Pepe Risi, guitarrista, cantante y uno de los grandes responsables de la personalidad musical de Burning, fallecido en 1997. Toño Martín, su primer vocalista, murió en mayo de 1991, pocos meses después de aquellas grabaciones. Entre los invitados de entonces figuraban también músicos desaparecidos, como Antonio Vega o Enrique Urquijo, que participó con Los Secretos. Y el nuevo álbum contiene otra ausencia que nadie podía prever cuando se grabó: Jorge Martínez, líder de Ilegales, fallecido en diciembre de 2025, canta «Esto es un atraco».

«Se echan de menos voces, gente querida que ya no está, todo eso. Pero ahora mismo estoy muy a gusto y siento que lo que hemos hecho es un buen disco de rock and roll. Las canciones siguen siendo cojonudas. Las letras siguen siendo muy buenas y muy auténticas. No nos podemos arrepentir de lo que escribimos ayer o antes de ayer. Ni están fuera de contexto, os lo juro. Es así de claro», dice Cifuentes.

Los que ya no están

Tras la desaparición de Toño Martín y Pepe Risi, Johnny Cifuentes, que comenzó como teclista, acabó asumiendo la voz principal y la continuidad de la banda. No se trata de una responsabilidad pequeña: las canciones de Burning forman parte de la educación sentimental de miles de personas, muchas de las cuales siguen asociándolas a quienes las compusieron y cantaron originalmente.

Cifuentes prefiere no darle demasiadas vueltas. «¿Sabes el secreto? No pensarlo, tío. Seguir actuando como eres. Tocar de verdad, sentir de verdad, decir lo que tienes dentro de verdad. No intentar impostar o hacer algo que mole. No buscar eso que quede bien. No pienso en la responsabilidad. Es seguir, tío. No miramos demasiado atrás; de hecho, poco. Tampoco al futuro, porque es incierto, pero nos comemos el presente. Son cincuenta palos haciendo rock and roll, sin movernos del sitio, ni demasiado duro ni demasiado blando. Vivimos en ese filo de la navaja en el que nos encontramos muy bien».

La participación de Jorge Ilegal añade una dimensión inesperada al nuevo directo. El músico asturiano había mantenido durante años una relación de amistad con Burning, alimentada por los conciertos compartidos y los encuentros que propicia una profesión en la que las carreteras acaban cruzándose una y otra vez. «A base de coincidir en noches y giras durante años, se crea una relación personal. Tuve el placer de grabar alguna canción con él, por su zona, por Gijón —cuenta Johnny—. Un personaje entrañable. No quiero entrar en el tema triste, pero aún no me lo puedo creer. Todas esas cosas que crees que todavía vas a hacer en el siguiente escenario, en el siguiente festival, que os vais a ver... Ha sido una desaparición rara, repentina. Todavía no estoy muy acostumbrado».

En el nuevo disco, Coque Malla interpreta «¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?», una canción que también sirve para entender la descendencia musical de Burning. El grupo madrileño abrió un camino que después recorrerían, cada uno a su manera, artistas como Los Ronaldos, Loquillo y varias generaciones de músicos que encontraron en sus discos una manera de cantar rock and roll en castellano sin perder el acento de la calle.

De La Elipa al centro de Madrid

Burning nació en 1974 en La Elipa, un barrio del este de Madrid que entonces quedaba bastante lejos, en términos sociales y culturales, de los ambientes donde se decidía qué música estaba de moda. España vivía los últimos meses del franquismo y el rock que escuchaban aquellos muchachos llegaba principalmente de fuera: The Rolling Stones, Lou Reed, Chuck Berry y una larga colección de músicos estadounidenses y británicos que habían convertido las guitarras eléctricas en una forma de expresión personal.

Los primeros Burning comenzaron cantando en inglés, pero pronto encontraron en el castellano una manera de contar lo que tenían delante. Sus canciones se poblaron de tipos que frecuentaban bares, buscaban compañía, se metían en líos y trataban de sobrevivir con una mezcla de orgullo y desamparo. Aquella fauna urbana, más próxima a los personajes de una novela negra que a los jóvenes sofisticados de la publicidad, les proporcionó una identidad que no necesitaba demasiadas explicaciones.

«En los barrios hay sentimientos e historias que se adquieren y se viven diariamente —dice Johnny—. Todos sabemos que la gente de los barrios se lo tiene que currar muchísimo más que otra gente privilegiada. Son sentimientos que tienes cuando te parten las piernas jugando al fútbol, cuando conoces a toda la peña y sabes quién va de qué. Conoces mucho, tienes mucho bagaje interior. Y lo bueno es que en los barrios siempre se sueña, y mucho. Quieres ser eso que has soñado, que ves y que necesitas. En nuestro caso eran los Rolling Stones y muchísima gente que adorábamos musicalmente».

El primer álbum, Madrid, apareció en 1978. Después llegaron El fin de la década (1979), Bulevar (1980) y Atrapado en el amor (1981), entre otros trabajos que asentaron su prestigio. La salida de Toño Martín en 1983 abrió otra etapa, con Pepe Risi y Johnny Cifuentes asumiendo el protagonismo vocal. Burning no pertenecía a la Movida madrileña, aunque coincidió con ella en el tiempo y en algunos escenarios. Su música venía de antes, de una tradición de rock and roll, rhythm and blues y canciones de personajes que apenas tenía relación con la estética más vistosa de aquellos años.

Para el gran público, la historia de Burning puede resumirse en tres títulos: «¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?», «Esto es un atraco» y «Mueve tus caderas». Pero su importancia va más allá de esos éxitos. En sus discos hay un retrato del Madrid popular de finales de los setenta y comienzos de los ochenta, de sus noches y de sus aspiraciones, contado por músicos que conocían de primera mano los ambientes sobre los que escribían.

«Lo que queríamos era salir del barrio e irnos a vivir al centro, donde estaban las tías, los bares que te molaban, la gente. Has vivido en el barrio, pero llega un momento en que necesitas irte al centro. Y lo hemos conseguido, chicos. Los Burning lo hemos conseguido. Hemos relatado a lo largo de doscientas canciones todo lo que ha pasado en ese viaje, en ese trayecto. Y aquí estamos, con nuestra historia y nuestras historias».

Aquel Madrid ha cambiado hasta resultar irreconocible en algunos aspectos. La desaparición de las cabinas telefónicas, de los descampados y de buena parte de los comercios de barrio ha transformado las relaciones entre los vecinos. También han cambiado los hábitos de una juventud que ya no necesita salir a la calle para hablar con sus amigos o escuchar música. «Antes se pasaba más tiempo en la calle —observa Nico—. Si vives en un barrio, sigue habiendo una vida de barrio, pero en vez de conocer a los siete bares de la calle, ahora solo hay uno. Los demás son franquicias. Con ese bar tienes la misma relación que se tenía antes, pero hay menos vecinos con los que tratas, menos bares y menos comercios».

Johnny reconoce que apenas conoce ya a nadie en el barrio donde creció, aunque no considera que los cambios hayan eliminado la posibilidad de que aparezca otro grupo como Burning. «¿Por qué no? Al fin y al cabo, es juntarse con unos amigos para hacer algo especial. Qué mejor cosa, ahora mismo o siempre, que intentar hacer una banda de rock and roll con unos colegas de quince, dieciséis o dieciocho años. Un local de ensayo, cuatro instrumentos. Aunque n tengas ni puta idea, no pasa nada. Pero sigue, constancia. Eso os dará la llave del paraíso, chicos».

La chupa de cuero no hace al rockero

La estética de Burning es tan reconocible como sus canciones. «Chupa de cuero, gafas de rock», como dice la letra de «Esto es un atraco», forman parte de una iconografía que el grupo heredó de sus ídolos y convirtió en una manera natural de presentarse ante el mundo. Medio siglo después, esa misma imagen puede encontrarse en escaparates de grandes cadenas de ropa y en personas cuya relación con el rock and roll quizá no pase de un par de canciones escuchadas en la radio.

«Supongo que la gente que se viste así lo hace porque le hace sentirse segura o parte de algo. En nuestro caso, vamos así a comprar el pan o a recoger a los niños del colegio. No es una cosa que te plantees. Simplemente vas así. Vestir rock and roll o sentirse rock and roll es una forma de encontrarse a gusto. Por lo menos en mi caso. Cuando me calzo mis pantalones, mis botas y mi chupa, me siento mejor. Creo que tal vez otros quieran sentir esa sensación. Me parece bien que la gente intente oler o percibir lo que es el rock and roll, porque al final estamos hablando de una historia musical, que es lo que conlleva esa ropa. Si por un momento consiguen sentir lo que nosotros sentimos, que es esa música muy dentro, pues bienvenidos. Seguro que les va a sentar estupendamente».

Tampoco parece demasiado interesado en reclamar una deuda a los músicos que han reconocido la influencia de Burning. «Es lógico que haya reconocimiento. ¿Por qué? Porque nacimos antes que ellos, tío. De alguna manera abrimos esa puerta de las letras en castellano y de las cosas que estaban ocurriendo alrededor de nosotros. Me da muy buena onda saber que un grupo empezó a hacer su música tocando “Jim Dinamita”, como nosotros empezamos tocando “Jumpin' Jack Flash” o cualquier canción de Lou Reed. Es como una cadena, nos vamos dando la mano. Si la influencia de Burning es importante para la gente de ahora, bienvenida sea».

Los hombres y las mujeres de sus canciones

Las letras de Burning están llenas de mujeres deseadas, amores contrariados y hombres que se mueven entre la chulería y una vulnerabilidad que no siempre saben expresar. Hay noches de alcohol, celos, soledad y relaciones sentimentales contadas desde una perspectiva masculina muy marcada. Algunas de aquellas canciones nacieron en una sociedad cuyas costumbres y expectativas eran distintas de las actuales.

Johnny sabe que ese repertorio ha suscitado críticas. «Se nos ha tachado alguna vez de un poco machistas. Pero las cosas que ocurrían, ocurrían así. Somos unos tíos muy románticos y siempre hemos hecho letras para valorar muchísimo a las chicas. Todos los grupos a los que entrevistes, seguramente el noventa y nueve por ciento, te dirán que han tocado para estar con chicas, para conocer chicas y pasárselo bien. Ellas tienen ese poder de hacernos escribir letras sugerentes, atractivas, románticas, de todo tipo. Nosotros contábamos lo que estaba ocurriendo».

El tiempo también modifica la relación del público con las canciones. Una letra escrita para describir una experiencia concreta puede terminar acompañando a personas que la interpretan de una manera completamente diferente. «Llega un momento en los conciertos en que las tocas y la gente te hace notar que la canción es casi de ellos, o que una parte de la canción ya es de ellos —explica Johnny—. Entonces pasa a un segundo plano el momento en el que se escribió y exactamente de lo que hablaba. Pasa a ser una canción que significa algo y que es compartida. Estamos en 2026 y es como si se hubiera hecho ahora, antes de ayer. No tenemos esa sensación de que esto huela a rancio».

Las gotas de magia del piano

El piano de Johnny Cifuentes es uno de los elementos que han permitido a Burning conservar una personalidad reconocible a pesar de los numerosos cambios de formación. En un rock español donde las guitarras han ocupado tradicionalmente el centro del escenario, su manera de tocar aporta una base rítmica que conecta con el rhythm and blues y el rock and roll clásico.

«Yo soy un pianista típico, más bien un pianista rítmico. Me apoyo mucho en el piano para darle fuerza a la canción. Tengo mucha suerte, tengo una banda con músicos que podrían ser mis hijos, pero qué onda más buena. Creo que el piano, en mi caso, son unas gotitas de magia que hacen que la canción sepa perfectamente de quién es y qué onda lleva. El rock and roll está muy apoyado en las guitarras, por lo menos en nuestro caso, pero el piano son gotas de absoluta magia».

Burning pertenece a una generación de músicos que ha visto transformarse por completo el negocio discográfico, desaparecer buena parte de los locales donde comenzó a tocar y convertirse sus primeras canciones en clásicos que ya conocen personas nacidas mucho después de que fueran grabadas. La etiqueta de leyenda, sin embargo, no parece producir en Johnny Cifuentes una satisfacción especial.

«No tengo esa sensación de leyenda ni de nada. Somos un grupo que lleva un largo recorrido. Las etiquetas se crean alrededor de nosotros, nosotros no las creamos. Estamos aquí para seguir haciendo una cosa maravillosa que conocemos desde hace un montón de años, que nos lleva a sitios que no nos imaginábamos. Qué noches, qué gente hemos conocido, qué historias, qué hoteles, qué rollo. Nunca lo miramos como: joder, tío, qué suerte ser una leyenda».

El nuevo directo tampoco supone un punto final. Johnny y Nico trabajan ya en canciones inéditas, con la intención de publicar otro álbum de estudio. Para el cantante, el peso de la historia no debe convertirse en una obligación de repetir exactamente lo que funcionó en el pasado. «No miro atrás. Sé que hay un bagaje increíble de muchísimas cosas que han pasado, muchísimos años, muchísimas canciones. Y el futuro también es incierto. Vamos a seguir haciendo un nuevo disco, unas nuevas canciones. La gente dirá: oye, pues esto no es como lo otro. Pero creo que tenemos el peso suficiente para hacer canciones en nuestro estilo, el estilo de toda la vida. Que la gente juzgue lo que vamos a hacer».

La música continúa siendo para Johnny una actividad difícil de separar de su propia vida. Ni siquiera los años han alterado demasiado lo que siente antes de salir a tocar. «Las sensaciones antes de tocar con Burning, en cualquier época, siempre son las mismas. Es lo mejor que te puede ocurrir. Todos los momentos que pasas currándote las letras, los acordes y todo lo demás tienen ese destino final, que es el escenario. No me juzgo demasiado, simplemente lo hago. Ya está la gente para juzgarnos, vosotros, todo el mundo. ¿Para qué voy a hacerlo yo también? Trato de poner todo lo que tengo dentro para exponer esa canción como si fuera un lienzo. Cada noche tocamos como si fuera el primer día, con la ilusión del primer día y con la intensidad de si fuera el último día que vamos a tocar. Eso es lo que más nos preocupa. Luego, lo que signifique para cada persona ya es cosa suya».