El oro sigue subiendo y ya vive su mejor época: qué está empujando su cotización y cómo evolucionará en 2026
2025 empezó con el oro costando 2.600 dólares por onza, mientras que un año después está rozando los 4.400
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El mercado de metales atraviesa un ciclo excepcional y el protagonista indiscutible es el oro. En 2025 su cotización ha mantenido una trayectoria ascendente casi ininterrumpida, impulsada por un cóctel de factores macroeconómicos y geopolíticos que han reforzado el atractivo de los activos considerados defensivos.
El resultado es un rally que, por magnitud y persistencia, está siendo comparado con los grandes episodios alcistas del último medio siglo.
El movimiento no se explica únicamente por una “fiebre” especulativa. La demanda institucional, la estrategia de diversificación de reservas, la evolución del dólar y la expectativa de tipos reales más bajos han creado un suelo sólido para sostener precios elevados durante más tiempo.
Más que un pico aislado, el mercado está tratando el oro como un termómetro de incertidumbre global.
Un año histórico para el oro en cifras
La escalada de 2025 se entiende con datos concretos. La onza troy arrancó el año alrededor de los 2.600 dólares y, en el tramo final, ha llegado a superar los 4.400 dólares, con máximos en la zona de 4.435–4.500 dólares según referencias de mercado publicadas en diciembre.
Esto equivale a una revalorización superior al 70% en el año, una de las más destacadas desde finales de los años setenta.
El contexto reciente también amplifica el impacto: a comienzos de 2024 la onza todavía se movía por debajo de 2.000 dólares en varios momentos y desde entonces el metal ha encadenado récords sucesivos.
En términos prácticos, la subida acumulada en el último trienio ha reconfigurado el precio de referencia del mercado y ha cambiado la forma en la que muchos inversores calibran el riesgo.
La plata y el cobre también en máximos
Aunque el foco mediático se concentra en el oro, el repunte es transversal. La plata ha alcanzado niveles récord, con referencias por encima de 70 dólares y picos cercanos a 79 dólares por onza hacia finales de 2025, lo que implica un avance anual en el entorno del 139%–140% según diferentes recuentos.
En metales industriales, el cobre también ha marcado máximos históricos al superar los 12.000 dólares por tonelada en diciembre, en un mercado tensionado por cuellos de botella de oferta, disrupciones mineras y una demanda ligada a electrificación, redes y centros de datos. La transición energética y la economía digital están elevando el valor estratégico de los metales.
Qué está empujando la cotización
El primer motor es monetario y financiero. Las expectativas de un entorno de tipos más benigno y la caída del dólar refuerzan el atractivo del metal, que no ofrece cupón pero compite mejor cuando bajan las rentabilidades reales.
Reuters cuantificó una caída del dólar cercana al 9% en 2025 y vinculó el avance del oro a la expectativa de política monetaria más laxa.
El segundo motor es institucional. En 2025, los bancos centrales están en camino de comprar alrededor de 850 toneladas de oro, mientras que los ETF respaldados físicamente han registrado entradas de dinero muy relevantes, con cifras que se sitúan en 82.000 millones de dólares, el mayor ritmo desde 2020. Esta demanda sostiene el mercado incluso cuando el consumo tradicional se resiente.
Ese deterioro en el consumo también es visible: la subida de precios ha enfriado la joyería en mercados sensibles al precio. Con un descenso del 26% en la demanda de joyería en India, al tiempo que ha crecido la inversión minorista en lingotes y monedas. La lectura es clara: cambia el “para qué” de la demanda, pero no desaparece.
El tercer motor es geopolítico. La prima por riesgo se intensifica con conflictos activos o latentes, y el oro sigue actuando como activo refugio cuando aumentan las fricciones internacionales y la volatilidad en mercados de renta variable o deuda.
¿Puede seguir subiendo en 2026?
No existe consenso, pero sí un mapa de previsiones al alza. Algunas entidades han puesto objetivos cercanos a 4.900 dólares para finales de 2026 y otras contemplan escenarios alrededor de 5.000 dólares si persisten las condiciones actuales de deuda elevada, dólar más débil e incertidumbre política.
Aun así, el riesgo de correcciones está presente. Tras un avance tan vertical, cualquier sorpresa en inflación, un giro en expectativas de tipos o un retorno fuerte del apetito por riesgo podría provocar ajustes abruptos.