Herencias

Del ascensor social a la heredocracia: se disparan las donaciones de padres a hijos para ayudarles a comprar piso

Cuando el ascensor social lo mueve la familia. Getty Images
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En la España de finales del siglo XX el futuro parecía seguir un itinerario bastante reconocible. Estudiabas, encontrabas un empleo mejor que el de tus padres, comprabas una casa con una hipoteca larga y te independizabas antes de los 30. No era un camino sencillo ni estaba garantizado, pero tenías claro que el salario era el principal vehículo para prosperar. Hoy todo eso ha cambiado.

Desde 2019, las donaciones de dinero de padres a hijos se han triplicado y ya movilizan unos 5.500 millones de euros al año, según datos del Consejo General del Notariado. Son más de 62.000 operaciones anuales, con un importe medio cercano a los 87.000 euros, destinadas sobre todo a que los hijos puedan afrontar la entrada de una vivienda.

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Las cifras reflejan una transformación mucho más profunda que un simple aumento de la solidaridad familiar. Evidencian que, para una parte creciente de los jóvenes, el patrimonio familiar ha pasado a ser más decisivo que el sueldo.

Cuando el salario dejó de ser suficiente

Quienes hoy tienen entre 60 y 75 años crecieron en una España muy distinta. Durante décadas, especialmente entre los años 60 y finales de los 90, el crecimiento económico, la industrialización, la expansión de la clase media y el acceso relativamente asequible a la vivienda permitieron que muchas familias mejoraran su nivel de vida generación tras generación.

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Los boomers fueron protagonistas de ese ascensor social. Compraron viviendas cuando su precio representaba un esfuerzo importante, pero asumible con salarios estables y financiación abundante. Muchos construyeron patrimonio casi sin proponérselo. Bastó con conservar la vivienda durante décadas para que su valor se multiplicara. Sus hijos, en cambio, se enfrentan a un escenario completamente distinto.

Los salarios reales apenas han avanzado al mismo ritmo que el coste de la vivienda, la entrada exigida por los bancos continúa siendo una barrera difícil de salvar y la edad de emancipación no deja de retrasarse. Incluso quienes cuentan con empleo estable encuentran enormes dificultades para reunir el ahorro necesario antes de firmar una hipoteca.

A finales de los años 80, menos de tres años de sueldo íntegro bastaban para comprarse una vivienda. Ahora hace falta más del doble: 7,3 años. Por eso las donaciones se han convertido en una especie de "hipoteca invisible". No aparecen en las estadísticas del crédito, pero cada vez financian más operaciones inmobiliarias. Sin esa ayuda familiar, muchas compras simplemente no llegarían a producirse.

La heredocracia ya no es una teoría

Hace apenas una generación, la herencia era un patrimonio que llegaba al final de la vida de los padres y servía, sobre todo, para complementar la jubilación o mejorar la situación económica de personas que ya habían construido su propio patrimonio.

Hoy las familias están adelantando la herencia a los hijos porque entienden que el momento decisivo ya no llega a los 60 años, sino a los 30. Es cuando hace falta pagar una entrada, formar una familia o acceder a una vivienda.

El resultado es un cambio silencioso del modelo económico. El mérito, la formación o el esfuerzo siguen teniendo su peso, pero cada vez pesan más las circunstancias familiares de partida. En otras palabras, el lugar donde uno nace vuelve a condicionar con fuerza las oportunidades económicas.

Los economistas utilizan un término para describir este fenómeno: heredocracia. No significa que desaparezca el trabajo como fuente de ingresos, sino que el patrimonio heredado o donado adquiere un protagonismo creciente.

La gran transferencia de riqueza

Paradójicamente, nunca antes una generación había estado tan cerca de recibir tanto patrimonio. España afronta la mayor transferencia intergeneracional de riqueza de su historia. Los baby boomers y, en menor medida, los GenX acumulan una parte muy importante del patrimonio nacional, especialmente en forma de vivienda. Además, tuvieron menos hijos que sus padres, lo que significa que esos bienes se repartirán entre menos herederos.

Diversos estudios estiman que en las próximas décadas se transmitirá una riqueza de varios billones de euros, fundamentalmente inmobiliaria, que podría triplicar el PIB actual español. La Fundación Afi Emilio Ontiveros calculaba en su informe 'Demografía, Vivienda y Brechas de Riqueza' que los 'millennials' heredarán, de media, un 40% más que los propios boomers, precisamente gracias a la revalorización de la vivienda y al menor número de descendientes.

La Generación Z, la de los nacidos entre 1997 y 2012, será probablemente la que más patrimonio heredará en la historia de España. Pero esta historia tiene otra cara mucho menos optimista. Las herencias nunca se distribuyen de forma uniforme. Hay familias con varias viviendas, otras con una única residencia y muchas que apenas podrán transmitir ahorro.

Si el acceso a la vivienda depende cada vez más de la ayuda familiar, la desigualdad patrimonial deja de ser un problema entre ricos y pobres para convertirse también en una brecha entre jóvenes de la misma generación. Hasta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) alertaba ya hace unos años sobre el posible aumento de las disparidades dentro del mismo grupo de edad.

Así, dos universitarios con la misma formación, el mismo empleo y el mismo salario pueden recorrer trayectorias completamente distintas si uno recibe 80.000 euros para comprar su primera vivienda y el otro no dispone de ningún respaldo familiar.

Las donaciones, en cualquier caso, no son el problema. Al contrario, reflejan el enorme esfuerzo que muchos padres y abuelos están realizando para que sus hijos puedan acceder a una vivienda que ellos solos no podrían comprar. Es una expresión de solidaridad familiar profundamente arraigada en España.

El verdadero problema es que esa solidaridad privada está sustituyendo parcialmente a un mecanismo que antes funcionaba de otra manera. Durante décadas bastaba con un empleo razonablemente estable para iniciar un proyecto de vida independiente. Hoy, para una parte creciente de los jóvenes, además del trabajo hace falta algo más. Hace falta haber nacido en la familia adecuada.