Viticultora heroica, una manera de ser y de hacer viñedo en la alta montaña asturiana
El calor adelanta la vendimia en Galicia y dispara la demanda de trabajadores: “En la vida vendimiamos en estas fechas”
A 500 metros sobre el nivel del mar, con desniveles del 60%, y completamente insertados en su ecosistema. Son viñedos que se cuidan manualmente, porque por la orografía de su terreno no permite que entren máquinas, y es esta necesidad, además de la tierra pedregosa, la que le confiere su denominación "Viticultura Heroica".
En Cangas del Narcea los viticultores lo son de corazón, con pasión y esfuerzo, han conseguido poner en marcha bodegas rentables, que dan empleo y asientan población en el mundo rural. De hecho, sus promotores han regresado a estas tierras, procedentes algunos de ciudades como Madrid, para retomar la tradición familiar. Otros se han embarcado en el proyecto con amigos, que estaban empleados en otros sectores. Y no se arrepienten.
Nos lo han contado Paúl, Antonio y Luciano. Trabajan con cinco variedades de uva, aunque la albarín blanco es la más arraigada al territorio. Luciano espera una cosecha, ya han empezado la vendimia por el calor, de entre 35.000 y 40.000 kilos de uva. Una fruta muy especial con la que elaboran un vino que también lo es, muy valorado en el mercado.
Una vida arraigada al territorio
Es una vida arraigada al territorio, que respeta el ecosistema, conviven nos dicen con los osos, y cuya labor previene incendios, al mantener activa y en buenas condiciones una tierra que, si no, estaría llena de combustible para el fuego. Cangas del Narcea recupera, gracias a este grupo de viticultores, una manera de hacer vino y de cuidar la planta que se remonta a mil años atrás. Una tradición que se perdió ya en el siglo XX por un desastre natural que arrasó las viñas. Pero han vuelto y han conseguido que se les dé esta denominación, joven en España porque nació en 2002, para unos caldos, dicen, “exclusivos, atlánticos”, con variades propias de la zona. Auténticos, como lo es la gente asturiana. Como lo son ellos, cuando pierden su mirada en la montaña, en las escaleras naturales de vides que la escalan, con el fruto, blanco o negro, brillando al sol que les proporciona el alimento, junto a las manos de estos viticultores, laboriosas, entregadas, felices.

