El campo gallego afronta un verano especialmente complicado por la falta de agua
Según explican, el maíz no crece, el pasto se seca y el calor reduce la producción de leche
En las granjas gallegas empieza a faltar algo que hasta hace poco parecía garantizado: alimento para el ganado. El maíz, uno de los pilares de la alimentación de las vacas, no está creciendo como debería; los prados apenas ofrecen pasto y en algunas explotaciones empiezan a escasear incluso las fuentes y traídas de agua. A todo ello se suma el calor, que también está pasando factura a los animales y al volumen de leche producido.
La situación pone cifras a un problema que ya se percibe sobre el terreno: menos cosecha propia significa más alimento que comprar y, por tanto, más costes para unas explotaciones que ya de por sí afrontan una factura elevada.
El escenario ha pillado a los ganaderos gallegos totalmente fuera de juego, al no esperar esta situación que llega después de un invierno especialmente lluvioso. El agua que cayó entonces no ha sido suficiente para afrontar un verano marcado por la falta de lluvias y las altas temperaturas, una situación que ha llevado incluso a activar la prealerta por sequía en varias cuencas gallegas.
Jacobo Feijoo, responsable de Desarrollo Rural de Unións Agrarias, califica el escenario de excepcional y habla de una “sequía agronómica” que podría ser “la peor de las últimas tres décadas”. El impacto, explica, ya se nota en los cultivos destinados a alimentar al ganado y podría extenderse a otros como los viñedos: “Esto está afectando mucho a los forrajes que se usan para alimentar el ganado e incluso los cultivos que no necesitan tanta agua, como los viñedos, también van a empezar a verse afectados”.
Un 60% menos de maíz en las parcelas más castigadas
El cultivo que más preocupa ahora mismo es el maíz forrajero. Galicia cuenta con unas 75.000 hectáreas destinadas a este cultivo, fundamental para la alimentación del ganado, pero la falta de agua ha impedido que muchas plantas alcancen un desarrollo normal. “Tenemos un problema muy serio con el maíz: en Galicia tenemos unas 75.000 hectáreas de maíz forrajero fundamental para alimentar al ganado que no ha recibido el agua suficiente para crecer”, advierte Feijoo.
En Lalín, por ejemplo, Román Santalla, con 280 cabezas de ganado y unas 50 hectáreas, ve con preocupación la evolución de sus parcelas. “El maíz está padeciendo muchísimo”, explica en una cabecera local. En una fase clave para su desarrollo, las plantas han recibido “sol, aire y calor”, cuando lo que necesitaban era agua.
En las parcelas más afectadas, calcula que la cosecha podría caer hasta un 60%, mientras que en las mejor conservadas recogerán alrededor de la mitad de lo habitual. Además, el maíz tiene menos grano y, por tanto, menor calidad como alimento.
Feijoo incide también en este deterioro de la calidad: “Es una situación muy delicada porque ha crecido poco, no va a crecer más y, encima, ha mermado su calidad. Tiene poco almidón y la espiga no es de calidad”. La situación deja poco margen de recuperación. “De hecho, aunque lloviera ahora ya casi sería inútil para recuperar la cosecha de maíz”, señala el responsable de Desarrollo Rural de Unións Agrarias.
Producir una hectárea cuesta entre 1.200 y 1.500 euros y las pérdidas pueden rondar los 500 euros por hectárea. “Sembramos maíz para alimentar al ganado y después perdemos la cosecha y tenemos que comprar alimento”, resume el ganadero lalinense.
Las vacas también sufren el calor
Al problema de la falta de alimento se suma el efecto de las altas temperaturas sobre los animales. El estrés térmico reduce la producción de leche y obliga a las explotaciones a reforzar sus sistemas de ventilación y refrigeración.
Santalla ha tenido que hacerlo en su granja, aunque eso supone más consumo eléctrico. Sin estos sistemas, estima que las pérdidas de producción podrían llegar al 20%.
En Trazo, Víctor Bello, ganadero desde hace 31 años, calcula una reducción de alrededor del 35% en el forraje de maíz, que podría superar el 50% en algunas fincas. Por eso ya están administrando las reservas: “Tenemos que dar un poco menos de forraje para tener forraje para el invierno”, explica.
La alternativa será comprar más pienso, un gasto que supone más de la mitad de los costes de una granja. Además, el calor ha reducido aproximadamente un 10% la producción de leche.
“Tendría que llover una semana. Si llueve en septiembre ya no nos vale” advierte Bello, que considera que este puede ser uno de los peores episodios que recuerda en las tres décadas que lleva dedicado a la ganadería y que corrobora las palabras del responsable de Desarrollo Rural de Unións Agrarias, Jacobo Feijoo.
Menos agua y más gastos
Unións Agrarias detecta problemas similares en otras zonas de Galicia: menos maíz, pastos secos y dificultades para garantizar el agua del ganado. Algunas explotaciones tendrán que comprar alimento, unos gastos que se suman a los de ventilación y electricidad provocados por las elevadas temperaturas.
Para Santalla, el problema va más allá de esta campaña y no es algo puntual. "Se están secando fuentes que nunca se habían secado", advierte.
El testimonio de los ganaderos entrevistado refleja así las consecuencias de un verano especialmente seco: menos cosecha, peor calidad del forraje, menor producción de leche y más gastos para mantener las explotaciones.
Y aunque Galicia viene de un invierno muy húmedo, el agua acumulada entonces ya no parece suficiente. La falta de lluvias de los últimos meses empieza a comprometer los cultivos, el agua para el ganado y los recursos hídricos de la comunidad, en un escenario que amenaza con prolongarse durante las próximas semanas.

