Dejar de trabajar a los 55 y vivir de tus ahorros: cuánto cuesta seguir cotizando hasta la jubilación
El convenio especial con la Seguridad Social para una base reguladora de 2.000 euros al mes es de 550 euros. Para cubrir 10 años de cotizaciones necesitarías 66.000 euros
Con 250.000 euros de ahorro podrías llegar a la jubilación viviendo 10 años sin trabajar, si cubres gastos con 2.000 euros al mes
Dejar de trabajar pasados los 50 y vivir de los ahorros hasta que llegue la jubilación puede parecer un sueño reservado a unos pocos. Pero para quien haya conseguido reunir un patrimonio importante, tenga la vivienda pagada y unos gastos contenidos, el sueño puede convertirse en realidad.
Eso sí, abandonar el trabajo no significa que convenga dejar también de cotizar. No hay que echar en saco roto las cotizaciones acumuladas, y para eso se puede firmar un convenio con la Seguridad Social y seguir cotizando de tu bolsillo hasta que te jubiles. La cuestión es cuánto dinero hace falta para financiar esos años sin sueldo.
El convenio
Dejar voluntariamente de trabajar a los 55 y vivir de los ahorros no es una jubilación ni una prejubilación de la Seguridad Social. Simplemente significa abandonar el mercado laboral antes de tener derecho a cobrar una pensión. Para evitar que esos años sin cotizar reduzcan demasiado la jubilación futura existe el denominado convenio especial con la Seguridad Social. Este sistema te permite seguir cotizando, aunque seas tú el que pague las cuotas.
Para acceder a él se exige, con carácter general, acreditar al menos 1.080 días cotizados durante los doce años anteriores a la baja.
¿Cuánto pagas?
La cantidad que pagas todos los meses depende de la base de cotización que se elijas. Como orientación, y redondeando cifras, si quieres cotizar por una base de 2.000 euros, deberás pagar unos 550 euros al mes, lo que en 10 años supone 66.000 euros; por una base de 2.500 euros, alrededor de 700 euros al mes, 84.000 euros a los 10 años; por una base de 3.000 euros, unos 830 euros mensuales, unos 100.000 euros a los 10 años.
Tú eliges la base por la que quieres cotizar, pero lo conveniente es pagar, al menos, por la misma base por la que cotizas ahora. Pagar menos permite ahorrar ahora, pero si durante muchos años se cotiza por una base baja, la futura pensión también puede resentirse.
¿Hasta los 67?
Haciendo cuentas a lo mejor no necesitas llegar hasta los 67. Desde 2027, la edad ordinaria de jubilación será de 67 años, salvo para quienes tengan al menos 38 años y seis meses cotizados, que podrán seguir jubilándose a los 65.
Por ejemplo, una persona que llega a los 55 años con 30 años cotizados y continúa cotizando durante otros diez años tendría unos 40 años cotizados al cumplir los 65.
En principio, y si no cambian las reglas actuales, podría jubilarse entonces y su etapa dorada sin trabajar duraría diez años, no doce.
Por eso una de las primeras cosas que debes hacer si te estás planteando dejar de trabajar es consultar tu vida laboral.
Con 28 años y medio cotizados a los 55, otros diez años de convenio permitirían alcanzar los 38 años y seis meses necesarios para jubilarse ordinariamente a los 65. Con solo 25 años cotizados, en cambio, la situación sería diferente.
Un ejemplo sencillo
Suponte que tienes 55 años y suficientes años cotizados para jubilarte a los 65. Quieres mantener una base de cotización de unos 2.000 euros. La Seguridad Social te costaría aproximadamente 550 euros al mes. Si necesitas 1.500 euros mensuales para vivir, necesitarás unos 2.050 euros al mes. En números redondos, unos 25.000 euros al año. Durante diez años, hasta que alcanzaras los 65, necesitarías tener unos 250.000 euros ahorrados.
Esa sería la cifra aproximada si el dinero no generara ninguna rentabilidad, pero el dinero parado pierde valor, así es que sería conveniente invertir.
Rentabilidad
Para sacar rendimiento a los ahorros la consultora de inversiones Indexa Capital recomienda una estrategia sencilla que consiste en dividir los ahorros en tres partes. Una primera cantidad para cubrir uno o dos años de gastos podría mantenerse en productos muy líquidos.
Otra parte podría colocarse en productos conservadores, como depósitos, cuentas remuneradas o deuda pública.
Y el dinero que previsiblemente no vaya a necesitarse durante varios años podría invertirse con algo más de riesgo y diversificación.
Todo suma
Sigamos con el ejemplo en el que harían falta unos 250.000 euros para diez años. Si una parte de ese dinero consigue una rentabilidad media cercana al 3% anual, el capital inicial necesario sería menor.
No significa que 250.000 euros vayan a producir siempre un 3%. Tampoco que los mercados suban todos los años. Es simplemente una forma de entender que una parte del gasto puede financiarse con el rendimiento de los ahorros y no exclusivamente consumiendo capital.
A modo de referencia, en los últimos diez años, las Letras del Tesoro a doce meses, la opción más segura y conservadora, han ofrecido de media una rentabilidad nominal inferior al 1%, pero han pasado de varios años de rentabilidades negativas hasta 2022 a rendimientos que han llegado a superar el 3%. En 2026 se mueven en torno al 2,5%-2,7%.
Opciones más arriesgadas son las empresas cotizadas. En España existen compañías con un historial de repartos interesantes como Allianz, Generali, Enel, EDP, Iberdrola, Endesa, Deutsche Telekom, KNP, Nestlé o Roche. Por ejemplo, Iberdrola en los últimos 10 años ha mantenido una rentabilidad por dividendo estable en torno al 3,5% al año. Lo mejor es ponerse en manos expertas que sean capaces de generar rendimiento a nuestros ahorros minimizando el riesgo en un horizonte de 10 años.
Según los expertos, una rentabilidad por dividendo razonable y sostenible suele situarse entre el 3% y el 5% anual.
Los impuestos
También hay que tener en cuenta la fiscalidad. Los dividendos recibidos tributan un 19% a Hacienda hasta 6.000 euros, un 21% a partir de los 6.000 y hasta los 50.000 euros, del 23% entre 50.000 y 200.000, del 27% entre 200.000 y 300.000 euros, y del 30% para los pagos en dividendos que excedan los 300.000 euros.
En cualquier caso, para los entendidos en cuestiones de bolsa el éxito de las estrategias depende de la calidad de las empresas seleccionadas, de la diversificación de la cartera y del horizonte temporal del inversor. Los dividendos pueden convertirse en una fuente de ingresos extra con el paso de los años.
La gran decisión
Dejar de trabajar y vivir de las rentas es una decisión difícil. No solo está el tema económico, también está la cuestión de la motivación, de la satisfacción vital que te proporciona lo que haces. Si ya has encontrado tu ikigai, aquello que te impulsa a levantarte con ganas por la mañana y te hace feliz, y no es tu trabajo, puedes hacer cuentas prestando atención a cuatro factores: cuántos años llevas cotizados; por qué base queremos continuar cotizando; cuánto dinero necesitamos cada mes para vivir; y a qué edad podremos empezar realmente a cobrar la pensión. Perseguir ilusiones está bien, pero hacerlo con los pies y la cartera en la tierra te evitará sobresaltos.
