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Renovar la casa o los muebles: claves para saber cuándo sí merece la pena gastar y cuándo es mejor esperar

Reformas
Haciendo una reforma. Telecinco.es
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Cambiar la cocina, renovar el baño o simplemente sustituir ese sofá que ya está ajado por el uso y los años. Todas estas decisiones tienen algo en común y también una pregunta clave detrás: ¿vale la pena hacerlo ahora o es mejor aguantar un poco más

A primera vista, invertir en tu hogar parece una decisión sencilla, ya que mejora tu calidad de vida. Pero los números muestran que la ecuación es más compleja. Un estudio de InterNACHI advierte que la remodelación rara vez es una buena estrategia de inversión; la mayoría de proyectos recuperan solo entre el 60% y el 80% de su coste al vender la vivienda. 

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Eso no significa que nunca esté recomendada la opción de renovar, pero sí que necesitas saber cuándo sí conviene y cuándo es prudente esperar.

Cuándo la renovación está justificada

En el caso de que la estructura de nuestra vivienda, las instalaciones eléctricas o la fontanería estén anticuadas o sean ineficientes, renovar puede suponer mucho más que un simple capricho, dado que puede evitar futuros gastos mayores o incluso problemas graves. Un análisis señala que en 2024 alrededor del 78% de los propietarios afirmaron haber superado el presupuesto estimado para una reforma, y 63% contrajeron deudas para completarla. En otras palabras, si esperas demasiado, el coste puede seguir escalando y la calidad de vida bajar.

Por otro lado, la rentabilidad de esa inversión también importa. Hay ciertas actualizaciones, como podría ser la renovación de la cocina o un baño de calidad, que sí aportan valor, pero se debe tomar en cuenta la demanda del mercado y el entorno de la vivienda. 

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Entonces, si tras revisar el presupuesto, la situación de la vivienda y nuestras propias prioridades personales, se llega a la conclusión de que la reforma mejora la habitabilidad, reduce costes futuros o puede recuperarse cuando se venda, adelante.

Cuándo es mejor renovar muebles

Pero ¿y los muebles? Aquí la lógica cambia. Los muebles normalmente tienen vida útil limitada, se deprecian rápido, y rara vez aportan valor al inmueble más allá de la capacidad de uso. Si el sofá estéticamente ya no te gusta pero cumple su función, quizá esperar un poco sea la decisión más inteligente. En cambio, cambiar un mueble esencial que impide un uso cómodo del espacio puede justificarse si tienes margen financiero.

Ahora llegamos al contrapeso: las situaciones en las que es mejor decir “esperaré”. Si todo funciona, incluyendo las tuberías, la calefacción, la estructura de la propia casa, pero simplemente no te gusta el estilo, lanzarte a una reforma grande puede convertirse en un drenaje de tiempo, energía y dinero. El coste de la renovación de una casa puede aumentar rápidamente, y muchas veces los resultados no aportan un retorno esperado o suficiente. 

En el caso de los muebles, si cumplen su función y no existe una urgencia práctica, conservarlos unos años más y tirar de las ofertas que vayamos encontrando, u optar decididamente por el ahorro para hacer un cambio más radical puede ser la estrategia más eficiente.

En definitiva, la diferenciación entre “sí merece la pena” y “mejor esperar” radica en tres factores: urgencia funcional, retorno previsto y presupuesto realista. Renovar sin necesidad puede parecernos placentero, pero sin una razón sólida acaba siendo un gasto que podría postergarse. Cambiar muebles puede ser deseable pero no urgente si cumplen su función.

Si actúas con calma, revisas condiciones, calculas costes y te aseguras de que la mejora aporta valor tangible a tu vida, estarás gastando con sentido y no hipotecando tu tranquilidad. Entonces, renovar tendrá propósito y no será simplemente cambiar por cambiar.