Qué es la diverflación y a quién afecta más
Se trata de un término que, según explica el Banco de España, describe un "cambio en los hábitos de gasto”
La reduflación, el nuevo método que afecta a los consumidores por la crisis: habrá menos cantidad y se paga el mismo precio
Hay palabras que nacen para ponerle nombre a una contradicción cotidiana. La diverflación es una de ellas: un término que, según explica el Banco de España, describe “el cambio en los hábitos de gasto” por el que muchos consumidores “priorizan experiencias gratificantes en ocio y experiencias” frente a “bienes o servicios duraderos” como “un vehículo o una vivienda”.
Lo importante no es solo qué se compra, sino cómo se decide. En esa misma explicación se advierte de que este patrón, con frecuencia no repara en el precio y que, precisamente por eso, algunos sectores ligados al ocio corren el riesgo de dispararse en terminos de precios, aunque la sensación general sea que “todo está más caro”.
La diverflación no es, por tanto, una teoría abstracta: es la fotografía de una prioridad. Donde antes la narrativa doméstica giraba alrededor del ahorro o de la compra “con vocación de permanencia”, ahora aparece un consumo más inmediato: viajes, conciertos, cenas fuera, escapadas. El Banco de España lo vincula a un clima emocional y social posterior al confinamiento. Tras ese choque, “muchos consumidores” han pasado a dar más importancia a “las relaciones sociales” y al “bienestar mental” con la compra de experiencias que al ahorro o la seguridad financiera en el medio plazo.
A quién afecta más: la brecha generacional (y el contexto vital)
La diverflación no se reparte igual. El Banco de España señala que existen diferencias entre las generaciones y las concreta apuntando a un sector concreto: los jóvenes, que parecen preferir ‘vivir el presente’, mientras que los mayores tienden a ser más cautos.” En esa diferencia hay un telón de fondo muy reconocible, ya que entre los jóvenes pesan las dificultades para acceder a una vivienda y formar una familia, y eso empuja a algunos a priorizar el “ahora”.
Pero sería un error convertir el concepto en caricatura (como si “diverflación” fuera sinónimo de despilfarro). El propio Banco de España introduce un matiz clave: “Esto no significa necesariamente que aumente el gasto”, sino que “se prioriza destinar recursos” a bienes y servicios ligados al ocio frente a una planificación más orientada a “el ahorro” y objetivos de medio y largo plazo. Dicho de otro modo: a veces la diverflación se construye recortando por otra parte, por ejemplo al comprar algo más asequible o de segunda mano, para liberar presupuesto hacia experiencias.
El riesgo: cuando el “carpe diem” se come el proyecto
El concepto no demoniza el ocio. Lo que pone sobre la mesa es el peligro de gastar sin mirada temporal. El Banco de España lo formula con una advertencia concreta: si esos gastos se abordan sin una mirada al futuro que lleve a planificar las finanzas, podemos poner en riesgo nuestro proyecto vital; y, además, al gastar sin poner reparos en el precio, se puede contribuir a “dinámicas alcistas” en esos sectores.
La idea final es simple y exigente: la diverflación existe porque la vida también pide presente, pero el presente no debería cobrarse el futuro por sorpresa. El propio enfoque oficial recomienda conciliar ese consumo con una “planificación adecuada” para no descuidar los objetivos de medio plazo.