Aeropuertos

Aena propone una subida de 43 céntimos por pasajero en las tarifas aeroportuarias: ¿cómo podría afectar a los viajeros?

Dos personas en la T4 de Barajas, en una foto de archivo. Europa Press
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Aena ha activado el que será su mayor ciclo inversor en más de una década. El Consejo de Administración ha dado luz verde a la propuesta del Documento de Regulación Aeroportuaria para el periodo 2027-2031, un plan que contempla 12.888 millones de euros para la red española, de los cuales 9.991 millones forman parte de inversión regulada.

La cifra roza los 13.000 millones y marca un giro tras años en los que las actuaciones estuvieron limitadas a mantenimiento y cumplimiento normativo. El gestor aeroportuario justifica la inyección como necesaria para ampliar capacidad, reforzar la seguridad, modernizar sistemas tecnológicos y avanzar en sostenibilidad.

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Las previsiones apuntan a 1.690 millones de pasajeros acumulados en el quinquenio, con un ritmo más moderado que el boom posterior a la pandemia, pero suficiente para tensionar infraestructuras que ya operan cerca de su límite técnico.

Un reajuste de 43 céntimos en las tarifas por pasajero

Junto al ambicioso programa inversor llega un ajuste en las tarifas aeroportuarias. Aena propone un incremento medio anual de 0,43 euros por pasajero. ¿Pero qué significa eso de cara a los usuarios?

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La compañía subraya que se trata de una subida reducida y que las tasas seguirán siendo de las más competitivas de Europa. Y también recuerda que el importe no lo paga directamente el viajero, sino que lo abonan las aerolíneas, que luego deciden si lo trasladan al precio final del billete.

Aunque el incremento parezca simbólico, la experiencia demuestra que cualquier ajuste en la estructura de tasas termina influyendo en el mercado.

En un vuelo de ida y vuelta, el impacto potencial rondaría los 0,86 euros si la aerolínea repercute íntegramente la subida. Puede parecer marginal, pero en rutas de bajo margen y alta competencia, cada céntimo cuenta.

Las diferentes consecuencias para los viajeros

Además, el ajuste no será uniforme en toda la red. Los grandes aeropuertos concentran mayor tráfico y mayores tarifas base, lo que podría generar diferencias en la presión final sobre las compañías.

En escenarios de alta demanda, es probable que las aerolíneas integren el aumento sin apenas ruido. En momentos de menor ocupación, podrían trasladarlo al viajero para proteger rentabilidad.

El efecto no se limita, claro está, en el precio. Las obras previstas se ejecutarán con los aeropuertos en plena actividad. Aena ha adelantado que las ampliaciones y renovaciones convivirán con la operativa habitual para evitar cierres.

Sin embargo, cualquier intervención de gran envergadura implica riesgos de congestión puntual, desvíos internos, tiempos de espera más largos y adaptación progresiva de servicios.

Para el pasajero frecuente, el periodo 2027-2031 podría combinar instalaciones renovadas con episodios de mayor presión en controles, accesos o puertas de embarque. El gestor promete 26 indicadores más exigentes en satisfacción, tiempos y calidad ambiental, pero mantener estándares elevados mientras se ejecutan obras de gran escala es un desafío técnico y operativo.

Otro elemento relevante es la capacidad limitada de algunos 'hubs' hasta que finalicen las ampliaciones.

Si determinadas infraestructuras se acercan a su techo técnico, el crecimiento de rutas podría ralentizarse. Esto se traduciría en menor disponibilidad de slots y potencial presión al alza en determinadas conexiones estratégicas.

El presidente y consejero delegado, Maurici Lucena, ha defendido que la propuesta demuestra “el firme compromiso de Aena con los pasajeros y las aerolíneas en un entorno de infraestructuras fuertemente tensionadas” y ha insistido en que “las tarifas que sustentan este plan seguirán siendo de las más competitivas de Europa y, por su pequeño tamaño, no incidirán en el precio de los billetes de avión”.

El debate se centrará en si el mercado absorbe la subida sin trasladarla al consumidor o si, en un entorno de márgenes ajustados, termina reflejándose en el ticket final.

El DORA 2027-2031 deberá superar ahora el filtro de la Dirección General de Aviación Civil, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia y, finalmente, el Consejo de Ministros. Si se aprueba en los términos planteados, el viajero español entrará en una nueva etapa marcada por aeropuertos más modernos y sostenibles, pero también por una red en transformación permanente y, ¿más cara?