ECONOMÍA FAMILIAR

Cristina Campabadal, experta financiera: “Cuando a tu hijo le explicas que 400.000 euros es como comprar 8.000 deportivas, alucina”

Un padre da dinero a su hijo
Un padre da dinero a su hijo. LA
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Cristina Campabadal lleva más de veinte años metida en el mundo de las finanzas. Empezó de ventanilla en una sucursal bancaria de Barcelona, luego se fue a Miami a gestionar las fortunas de las familias más ricas de Colombia y Perú, y acabó trabajando en algunos de los Multi Family Offices más importantes de Nueva York. Con ese currículum, nadie la hubiera culpado por escribir un libro ‘para ricos’. Parecería, incluso, algo natural.

Sin embargo, Cristina ha escrito uno para todos, 'Un elefante en la habitación financiera', y su premisa es tan sencilla como incómoda: “La mayoría de nosotros tenemos un problema serio con el dinero, pero nos negamos a mirarlo de frente”.

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El elefante lleva años ahí. En la habitación, en el salón e incluso en la cocina cuando las cuentas no salen y Campabadal ha decidido que ya es hora de nombrarlo: "El libro es como si le hablara a mi yo de cuando era joven. Me hubiera ido tan bien que me dijeran esto. Pregunta a tus tíos, a tus padres sobre dinero. Cuál es la mejor decisión que han podido tomar. En qué decisión sobre dinero se equivocaron y cuál fue la consecuencia. Porque de esta forma pierdes el miedo a hablar de dinero. Lo normalizas".

La primera pregunta que uno le haría a esta mujer es obvia: ¿por qué alguien que ha pasado su carrera asesorando a millonarios se pone a escribir para el ciudadano de a pie? 

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"Primero, porque yo soy una economía de a pie. Siempre lo he sido. Empecé en ventanilla, gestionando a familias del barrio de cerca de mi casa en Barcelona. Vi muchas realidades, muy buenas y otras muy malas, y vi cómo impactaba el dinero en las relaciones, en casa, en todo. Le tengo mucho respeto al dinero porque si se pierde o no se tiene, se sufre mucho", espeta.

Le tengo mucho respeto al dinero porque si se pierde o no se tiene, se sufre mucho

Esa experiencia inicial, la de los primeros cinco años pegada a la realidad cotidiana de la gente, es la que, según ella, no se le ha olvidado nunca. Aunque después viniera la banca privada, los grandes patrimonios y los despachos con vistas al mar en Florida. 

A Cristina, ya lo han leído, le gusta llamar a las cosas por su nombre. Por eso argumenta sin paños calientes que el nivel financiero del español medio "es más bien bajo". Y añade algo que resulta difícil de rebatir: "En el colegio no nos han enseñado ni lo que es el ahorro ni lo que es el tipo de interés. Nada de nada".

El peligro de las aplicaciones

Hay una paradoja que Campabadal observa con preocupación. Nunca en la historia ha sido tan fácil invertir. Con una aplicación en el móvil, cualquiera puede comprar acciones de una empresa de la otra punta del mundo o meter dinero en un fondo del que ha escuchado hablar en un podcast. El acceso está democratizado. Y sin embargo, eso no significa que la gente lo esté haciendo bien.

"Por un lado está muy bien porque no dependes de nadie, pero tiene más riesgo porque no hay alguien detrás que te esté asesorando. Me he encontrado a personas que me dicen 'oye, Cris, soy muy conservador y me han ofrecido este fondo que puede perder hasta el 25%'. Y luego, por su cuenta, me dicen que han invertido en bitcoin. Si eres muy conservador, no te la juegues. Hay gente que sufre mucho viendo que cada día sube o va fatal. Si no lo disfrutas, no lo hagas, porque vas a sufrir", explica.

Me he encontrado a personas que me dicen 'oye, Cris, soy muy conservador y me han ofrecido este fondo que puede perder hasta el 25%'. Y luego, por su cuenta, me dicen que han invertido en bitcoin

Pero el problema real, el que más le preocupa, no son las aplicaciones. Son los 'influencers' financieros. Y ahí Campabadal no se muerde la lengua.

"Hay gente que nunca se ha dedicado a esto y dice 'te envío una mini guía' si escribes la palabra 'millonario' y me sigues. Dios mío, no sé qué pondrá en esa guía, pero me asusta bastante. Sobre todo por las nuevas generaciones, que sí que tienen interés en conocer sus finanzas, pero ¿de la mano de quién van? Te prometen cosas que pueden crear frustraciones. Esto daña es a la gente de a pie que se lo cree y les puede hacer perder el dinero que les cuesta tanto ahorrar", añade.

Te prometen cosas que pueden crear frustraciones. Esto daña es a la gente de a pie que se lo cree y les puede hacer perder el dinero que les cuesta tanto ahorrar

Y sobre los que prometen que ahorrando cincuenta euros al mes desde los veinte años te puedes jubilar a los cuarenta, tiene una posición igualmente clara: "Pues no. Honestamente, no. A no ser que tengas una herencia, montes una empresa que la vendas por varios millones o tengas un don deportivo que alguien descubra… yo lo siento, pero no vas a poder jubilarte a los 40. Cuando lo digo me llaman amargada, pero no soy amargada, soy realista. Porque luego se verán con treinta años trabajando y dirán: lo que me han vendido es mentira. O se sentirán inútiles por no haberlo conseguido".

Un gesto de amor

Pero vayamos al libro. Y más concretamente a un capítulo que conecta directamente con esa generación que ronda los 50, con hijos adolescentes o a punto de serlo, y que lleva años posponiendo ciertas conversaciones: educación financiera en familia. Campabadal tiene una propuesta concreta y muy alejada del manual de autoayuda: llevar a los hijos al banco.

"Cuando los chavales vayan al banco para cualquier gestión, vayan siempre con ellos y escuchen. Sepan qué les ofrecen, qué riesgos les plantean, si les ayudan... Y luego, que lo comenten en casa".

Pero sobre todo, insiste en algo más profundo: normalizar el dinero como conversación familiar. "Yo lo veo como un gesto de amor de los padres a los hijos: prepararles para el futuro. El dinero, por desgracia, es importante. Para no sufrir. Yo siempre digo que es para no sufrir y para ser más libre".

¿A qué edad se puede empezar? "A partir de los 12 se pueden ir entendiendo las cosas, pero incluso desde los ocho ya se pueden introducir los conceptos más genéricos. No tanto en cifras —porque un niño de ocho años no entiende lo que vale una casa— sino con ejemplos de su universo. Mira, 400.000 euros es como comprarte 8000 deportivas Nike. Y se quedan alucinados. De esa forma empiezan a ver lo que cuesta todo".

Y un aviso para los que se preocupan por el extremo opuesto: "Sin obsesionarles, porque si lo único que les importa es el dinero, la hemos liado".

La crisis y la resaca

Para los que vivieron el boom, la crisis y la resaca de 2008, Campabadal también tiene un mensaje específico. Y arranca con una lección que muchos (incluida ella) aprendieron de la peor manera posible, aunque algunos parezca que la han olvidado.

"Lo del tema del crédito es lo que más aprendí en esa época. En España todo el mundo invirtió muchísimo en inmobiliario, se compraron sus casas, el coche, los muebles, todo. Y cuando se llevaron el susto vieron que el crédito, si bien utilizado puede ir muy bien, mal utilizado te arruina la vida completamente. Puedes tardar años en salirte. Ojo con el tema crediticio", apunta.

Pero los cincuenta no son solo una edad para mirar hacia atrás y no repetir errores. Según Campabadal, son también el mejor momento para una cosa que muy poca gente tiene en la cabeza: construir el legado.

A partir de los 50 es cuando puedes empezar a ahorrar un poco más que antes y puedes crear un impacto en tu entorno

"Es un muy buen momento para pensar en el legado financiero para los hijos, los nietos o las fundaciones. A partir de los 50 es cuando puedes empezar a ahorrar un poco más que antes y puedes crear un impacto en tu entorno", reflexiona.

Y en cuanto a las herencias, el clavo ardiendo al que se agarra más de uno, su consejo es radical pero coherente: no cuentes con ellas. "La gente cada vez vive más, con lo cual se hereda más tarde. Antes heredabas con cuarenta años, ahora puede ser con sesenta o setenta. Y además hay problemas de familia, que luego ni se reparten, o que las casas se quedan sin vender durante diez años por no ponerse de acuerdo. Yo no contaría con las herencias. Iría haciendo mi vida y pensaría en lo que yo mismo puedo proveerme".

¿Y la pensión pública? La respuesta llega sin pausa: "Tampoco contaría con ella, para qué nos vamos a engañar".