La cara más dura de la avalancha migratoria en Ceuta: bebés, menores y familias que llegan con lo puesto

La desesperación de algunas familias les lleva a lanzar a sus propios bebés al mar con la esperanza de que alguien los rescate en la otra orilla
Última hora de la entrada de miles de migrantes a Ceuta y a Melilla: 43 muertos y 60.000 personas entran desde Marruecos
La desesperación de algunas familias les lleva a lanzar a sus propios bebés al mar con la esperanza de que alguien los rescate en la otra orilla. Se han visto imágenes dantescas. Bebés abandonados en un flotador a su suerte, otros en brazos de sus padres, familiares enteras que han llegado nadando con menores con manguitos como único elemento protector, informan Susana Ramos y J.Martínez.
Son imágenes que demuestran el riesgo que muchos asumen convencidos por mafias y redes sociales del futuro de una vida mejor. Al menos 34 personas han muerto ya en esta aventura. Una aventura que muchos se han dado cuenta en horas que no lleva a ninguna parte: de los 60.000 inmigrantes que entraron de forma ilegal en Ceuta, más de 25.000 ya se han vuelto a Marruecos por su propio pie.
Es el sueño frustrado de familias enteras que lleva a un padre a llegar a nado a Ceuta creyendo que es el comienza de una nueva vida. Otros menores lo hacen colgados del cuello de sus propios padres. Otros con unas simples aletas o flotadores, que son para ellos el billete para un viaje con final incierto.
Flotadores que ahora se acumulan en la orilla o que pinchados yacen en el mar junto a chanclas y otras pertenencias perdidas.
Porque los que llegan vienen ligeros de equipaje, los que más tienen una mochila, casi todos un móvil que comprueban ya en tierra firme que siga funcionando. Algunos muestran como su gran tesoro un billete de cinco euros o aclaman a España o a su ídolo Lamine. Algunos incluso han llegado en bicicleta cargando con ella a través del mar ignorando aún que no todo irá sobre ruedas.
Porque a la llegada a Ceuta se han encontrado con la realidad. Una ciudad cerrada a cal y canto. Ni comida ni agua ni el trabajo deseado. Una quimera que para muchos ha durado solo horas y que para otros será el comienza de una travesía al margen de la legalidad
