El motivo por el que el cerebro se enamora de otras culturas: "Procesamos la diferencia como algo enriquecedor"
La psicóloga Anna Sibel aborda en 'Informativos Telecinco' lo que sucede detrás de las parejas multiculturales
Carlos Ferrás, catedrático de Geografía Humana: “España va hacia un desafío de la inclusión”
Las relaciones de pareja son un universo inmenso que explorar, con muchas perspectivas. Y en este sentido, si se aborda desde el punto de vista de la multiculturalidad varios son los fenómenos que suceden entre bambalinas: desde el desarrollo de capacidades distintas, hasta un cambio en cómo procesamos e interpretamos lo que es el amor. Todas estas cuestiones -y muchas más- se van a ir desgranando junto con la psicóloga clínica Anna Sibel, quién inicia explicando que el estar en una relación de pareja con una persona de otra cultura diferente a la nuestra "reorganiza nuestro cerebro".
El cerebro cambia nuestra forma de 'usar' la química
Una de las bases esenciales del funcionamiento del amor en nuestro cerebro es la química que hay en su interior. En este caso, una de las sustancias que más peso tiene, es la dopamina. Sibel ilustra cómo nuestro sistema cambia a la hora de segregarla: "no sólo nos motiva a buscar la propia recompensa del amor. En el caso de relaciones multiculturales también nos sirve como motivación para explorar y aprender a interactuar con sistemas cognitivos completamente nuevos".
Sin embargo, otra de las grandes protagonistas -cuando se habla de amor- es la oxitocina. Esta, que en contextos afectivos se libera en situaciones de contacto físico, "en contextos de multiculturalidad también facilita la adaptación a nuevos contextos sociales y culturales", de acuerdo con Sibel.
Se abraza la diferencia como algo enriquecedor
Otro de los aspectos que la experta expone encima de la mesa tiene que ver con la propia concepción de lo que es diferente a nosotros. Por una parte, está la adaptación a nuevas formas de operar --dado que, explica, nuestro cerebro es plástico y se adapta a estas situaciones--. Por otra, ante esta nueva configuración del escenario, la experta se muestra clara: "nuestro cerebro desarrolla nuevas rutas neuronales para procesar la diferencia como algo enriquecedor, en vez de que sea algo amenazante para nosotros".
También puntualiza que "las parejas multiculturales están literalmente entrenándose para el mundo que está por venir: donde la capacidad de navegar por múltiples culturas idiomas y sistemas de pensamiento serán esenciales para el éxito personal y profesional".
De la pareja, a la descendencia, y más allá
Más allá de los límites de la pareja, Anna Sibel también expone -a largo plazo- lo que sucede cuando se tienen hijos en este tipo de contextos, y en los que hay más de un idioma involucrado en el entorno familiar: "las niñas y niños expuestos a entornos sociales bilingües antes del primer año de vida tienen una mayor plasticidad cerebral que se manifiesta en diferentes momentos de su vida".
En la etapa adulta, si siempre se ha estado inmerso en un contexto con más de una cultura --y de un idioma--, la experta ilustra el hecho de que "esto nos hace más abiertos cognitivamente cuando se presentan nuevos problemas a resolver. Y si nos centramos de nuevo en la etapa de la infancia, aquí se gana una mayor capacidad para afrontar tareas que suponen invertir las reglas y pensar más flexiblemente".