Psicología

Ana González, coach para mujeres: "Permanecer soltera entre relación y relación es una de las fases más importantes para sanar"

Ana González, coach para mujeres. Editorial Zenith
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La dependencia emocional es uno de los problemas más comunes en las relaciones de pareja: personas que van y vuelven de una relación, que se enganchan de una pareja a otra sin descanso, o personas que desconfían mucho de su pareja cuando esta sale de casa o que sienten un miedo terrible a que la abandonen. En psicología es uno de los platos fuertes a trabajar. Eso lo sabe bien Ana González, coach personal certificada para mujeres y autora de 'Ya eres una mujer valiosa' (Zenith, 2026). Con una historia personal marcada por relaciones tóxicas y una baja autoestima, Ana decidió crear su propia escuela de coaching para ayudar a otras mujeres que se habían sentido perdida en las relaciones de pareja. En su libro, basado en su experiencia con la dependencia emocional, habla de sus propias cicatrices y de cómo estas pueden ayudar a otras mujeres a recuperar su autoestima. Esta es la entrevista que ha concedido a la web de Informativos Telecinco.

Pregunta: ¿Qué es la dependencia emocional en pareja?

Respuesta: Cuando nos referimos a la dependencia emocional, hablamos de la necesidad excesiva de atención, cariño y amor que siente una persona con respecto a su pareja. Suele ir acompañada de un miedo extremo al abandono, a la soledad, al rechazo y a no ser querida. Es una forma de vincularse en la que una persona necesita al otro para sentirse valiosa, segura, feliz o completa. Colocando la relación por encima de su propio bienestar. No hablamos de amor, sino de necesidad. La sensación de estar sin el otro se convierte en miedo, vacío o sentimiento de no ser suficiente. Es un vínculo que se produce desde una carencia afectiva y no desde la elección consciente. No se ama desde la libertad, sino desde el miedo, el miedo a quedarse sola o no volver a ser querida.

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En estos casos, la pareja no es un complemento, sino que llega a convertirse en el centro. Y la propia vida, identidad y autoestima empiezan a girar en torno a esa relación. Digamos que el vinculo se sostiene desde el miedo y no desde el amor.

P: ¿Cuándo se empieza a hablar de ella en la psicología de pareja?

R: En psicología se empieza a hablar de dependencia emocional cuando se observa que muchas relaciones de pareja tóxicas o insanas no se sostienen por amor, sino por heridas emocionales no resueltas, que generalmente están relaciones con el apego, vivencias de la infancia y una autoestima y autoconcepto frágiles.

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P: ¿La sufren más mujeres que hombres? Si es así, ¿por qué crees que ocurre?

R: Tanto hombres como mujeres pueden sufrir dependencia emocional, sin embargo, en los procesos de acompañamiento emocional que llevo años haciendo, he observado que la sufren con más frecuencia las mujeres. No porque seamos “más dependientes” por naturaleza, sino por cómo hemos sido educadas emocionalmente. A muchas mujeres nos han enseñado a amar desde la entrega, el sacrificio, el cuidado excesivo y la complacencia. Se nos ha transmitido, de forma mas o menos explicita, que una buena mujer es la que aguanta, la que comprende, espera y lo da todo por amor. Poniéndose a ella misma la última de la lista. Cuando a esto se le suma una herida de abandono, de rechazo o falta de amor propio, eso hace que sea más fácil confundir amor con apego, y aguantar vínculos que duelen por miedo a perder.

"Cuando una relación genera más miedo que paz, más inseguridad que calma, más angustia que felicidad, ahí ya no estamos hablando de un amor sano"

P: ¿Cómo se siente la dependencia emocional en el cuerpo? Es silenciosa, pero hay maneras de detectarla, ¿verdad?

R: Sí, se manifiesta claramente en el cuerpo, aunque a veces sea difícil de identificar. El cuerpo siempre habla antes que la mente, otra cosa es que sepamos (o queramos) escuchar lo que nos quiere decir. Aparece generalmente como ansiedad constante, una sensación de alerta permanente, dificultad para confiar en la pareja o para relajarse cuando esta no responde, pensamientos obsesivos y una necesidad continua de validación. A nivel físico puede sentirse como un nudo en el estómago, espasmos, opresión en el pecho, insomnio, cansancio emocional, cambios de humor, cambios de apetito, hipervigilancia constante al móvil o al estado de ánimo de la pareja, etc.

Es silenciosa porque suele confundirse y esconderse detrás de las frases: “es que soy intensa”, “me importa mucho”, “es que le amo demasiado”, “soy muy sensible”... Pero el cuerpo da señales claras. Cuando una relación genera más miedo que paz, más inseguridad que calma, más angustia que felicidad, ahí ya no estamos hablando de un amor sano.

P: ¿Cuál es para ti el primer síntoma de alerta que hay que atender? 

R: Para mí, la primera gran señal de alarma es cuando te pierdes a ti misma por mantener la relación. Te empiezas a auto abandonar cuando dejas de expresarte con libertad, cuando callas lo que te duele, cuando normalizas actitudes que te hacen daño o cuando te adaptas constantemente para no molestar, no generar conflictos o evitar que el otro se vaya de tu lado. Empiezas a ser cada vez más pequeñita en tu relación, y el otro va ganando poder sobre ti. 

En ese punto, la persona ya o se está quedando en la relación desde el amor, sino desde el miedo a ser abandonada. Y cuando el miedo dirige la relación, la dependencia emocional ya está instalada.

P: Muchas personas (mujeres) viven con ella en largas relaciones de pareja. ¿En qué momentos se hace más visible en las relaciones de largo recorrido?

R: En las relaciones largas la dependencia emocional se suele hacer más visible en los momentos de crisis, cuando hay una infidelidad, una amenaza de ruptura, una pérdida de interés o distancia emocional porque aquí se activa el mayor miedo de base que es perder al otro. Mientras la relación es estable, la dependencia puede pasar desapercibida o incluso confundirse con rutina o normalidad. Pero cuando hay un momento de crisis el vínculo deja de ofrecer seguridad y la herida emocional sale a la superficie.

P: ¿Qué pasa entonces?

R: Pues que en esos momentos, la persona dependiente no solo siente dolor por la situación concreta, sino una angustia mucho más profunda: miedo al abandono, a la soledad, ansiedad, sensación de vacío o falta de identidad. Además, en las crisis se produce el desequilibrio de poder. Cuando una de las dos partes se distancia o duda, la persona dependiente tiende a "sobreadaptarse", dejándose de lado, minimizando lo que siente, aguantando más y justificando comportamientos dañinos renunciando así a sus límites con tal de no perder el vínculo.

Por eso, las crisis no crean la dependencia emocional, pero sí la revelan. Actúan como un espejo que muestra desde dónde se estaba sosteniendo realmente la relación. También se nota cuando la mujer siente que ya no es feliz, pero aun así no se ve capaz de irse de la relación. Aparece la frase común: “no estoy bien, pero tampoco puedo dejarlo” lo que genera una gran desconexión con ella misma y sus sentimientos y mucho sufrimiento silencioso.

"Cuando una mujer empieza a trabajar su dependencia emocional, lo primero que cambia no es la relación, sino su mundo interno"

P: En terapia puede pasar que esa persona cuando lo descubre, descubre que no está enamorada de su pareja. ¿Es mejor dejarlo entonces?

R: Esto es algo que veo con mucha frecuencia en los procesos que acompaño. Cuando una mujer empieza a trabajar su dependencia emocional, lo primero que cambia no es la relación, sino su mundo interno. Empieza a dejar de necesitar al otro para calmar su ansiedad, para sentirse válida o para no sentirse sola. Y ahí aparece una pregunta muy honesta y muy incómoda: “Ahora que ya no necesito esta relación, ¿qué siento realmente?”.

P: ¿Qué suele ocurrir cuando se trata la dependencia emocional y la persona “se libera”? ¿Hay que reordenar el vínculo?

R: En muchos casos, lo que se descubre es que lo que mantenía el vínculo no era amor consciente, sino miedo, apego o costumbre. Y esto no significa automáticamente que haya que romper la relación. No se trata de tomar decisiones impulsivas, sino de empezar a mirar el vínculo desde otro lugar.

Cuando se trata la dependencia emocional pueden pasar dos cosas. Hay relaciones que, si ambas personas están dispuestas, se recolocan, es decir, cambian las dinámicas, aparecen los límites, se equilibra el dar y el recibir y el vínculo se vuelve más sano. Y hay otras en las que el crecimiento personal hace evidente que ya no hay un proyecto común, y la separación se convierte en una consecuencia natural del proceso, no en un fracaso.

Por eso siempre hablo de reordenar el vínculo. Pasar de una relación sostenida por el miedo a una relación sostenida por la elección. Y ese tránsito, aunque muy liberador, también remueve mucho, porque implica salir de lo conocido y asumir más responsabilidad emocional sobre una misma.

P: Una de las señales más claras, de las que hablas en el libro, es que cuando alguien tiene dependencia emocional se engancha a las relaciones y puede pasar de una a otra sin parar. ¿Qué peligro tiene esto? 

R: Esto lo veo muchísimo. Mujeres que salen de una relación y, casi sin darse cuenta, ya están en otra. No porque estén preparadas, sino porque no saben sostener el vacío que queda cuando el vínculo se rompe. El peligro de pasar de una relación a otra es que no hay tiempo para parar, para hacer duelo, para escucharnos, hablar con nosotras, conocernos, saber qué necesitamos ahora, para entender qué ha pasado ni qué se ha activado emocionalmente. La nueva relación se convierte en una forma de anestesiar el dolor, la soledad o la sensación de no ser suficiente.

Y aquí ocurre algo importante y es que, aunque cambie la persona, el patrón se repite. Se vuelve a elegir desde la herida, no desde la conciencia. Y con cada repetición, la autoestima se debilita un poco más y la sensación de “algo me falla a mí” se hace más grande. Muchas mujeres llegan a pensar que tienen mala suerte en el amor, cuando en realidad nadie les enseñó a mirarse, a parar y a sanar la relación consigo mismas antes de volver a vincularse.

P: ¿Por qué es recomendable entre relación y relación permanecer sola?

R: Permanecer sola entre una relación y otra es, para mí, una de las fases más importantes del proceso de sanación, y también una de las que más se evita. Es recomendable porque es el momento en el que una mujer puede volver a sí misma, recolocarse en el centro y empezar a construir una base interna más sólida. En ese tiempo se integran aprendizajes, se revisan patrones, se fortalecen límites y, sobre todo, se aprende algo fundamental que es a sostenerse emocionalmente sin depender de una pareja.

P: ¿Y por qué cuesta tanto?

R: Porque muchas personas no tienen miedo a estar solas, tienen miedo a encontrarse consigo mismas. Al silencio, a las emociones no resueltas, a la sensación de vacío. Para alguien con dependencia emocional, la soledad se vive al principio como abandono. Tenemos además tanta necesidad de amar y ser amados que estar sola se vive con un fracaso.

Pero cuando ese espacio se atraviesa con acompañamiento y conciencia, ocurre que la mujer deja de buscar fuera lo que necesita darse dentro. Y, desde ahí, ya no se conforma con relaciones a medias, ni negocia su valor. Empieza a elegir desde la calma, no desde la urgencia. Desde la plenitud, no desde la carencia. Se deja de idealizar, de aguantar lo que duele o de conformarse con migajas afectivas. Y entonces las relaciones dejan de ser un salvavidas para convertirse en una elección consciente, libre y mucho más sana.