Fenómeno 'las chicas de oro': cada vez más mujeres senior eligen compartir casa con otras mujeres

El 88% afirma que consideraría vivir con amigos en etapas avanzadas de la vida
'Cohousing' senior o cómo envejecer sin soledad: "Queremos ser independientes hasta que nos muramos"
Cuatro mujeres, una única casa en Miami, infinitas conversaciones en la cocina y la certeza de que no estaban solas en la vida. Las Chicas de Oro, la mítica serie estadounidense de los 80, ha dejado de ser ficción desde hace años. Lo que en su momento podía parecer una rareza televisiva es hoy una tendencia documentada, medida y con un crecimiento sostenido a ambos lados del Atlántico.
Y es que, según una reciente encuesta, el 88% de las personas afirma que consideraría vivir con amigos en etapas avanzadas de la vida, y más de la mitad lo preferiría frente a alternativas como envejecer viviendo solos o en un centro de mayores tradicional.
Un fenómeno con nombre propio
Se conoce como Golden Girls housing o convivencia compartida entre mayores, y los datos que lo respaldan son inequívocos. Según un análisis publicado en agosto de 2025 por el emprendedor y experto en longevidad Chip Conley, desde 2006 el número de estadounidenses mayores de 65 años que comparten vivienda con personas no emparentadas ha crecido un 88%, pasando de aproximadamente 470.000 a cerca de un millón de personas. Este mismo análisis señala también que 11 millones de hogares de mayores en Estados Unidos destinan al menos el 30% de sus ingresos a la vivienda, frente a los 8,8 millones de personas que vivían en esta situación en 2011. A esto hay que añadir otra estadística de las que dan miedo: uno de cada tres adultos mayores de 45 años declara sentirse aislado.
¿Por qué esta tendencia habla mayoritariamente mujeres como las personas que adoptan este modelo? La respuesta es, a la vez, demográfica y económica. Casi el 70% de los estadounidenses solteros mayores de 50 años son mujeres, y la mitad de las mujeres de 65 años o más son solteras, ya estén enviudadas, divorciadas o nunca se casaron. A esto hay que unir el hecho de que viven más, cobran pensiones más bajas y, con frecuencia, afrontan en solitario el coste de mantener una vivienda diseñada para una familia.

España: solas y en aumento
En España, el diagnóstico es similar e igualmente preocupante. El informe La soledad en España del Observatorio Demográfico CEU-CEFAS revela que el porcentaje de personas que viven solas se ha multiplicado por ocho en medio siglo, pasando del 1,9% en 1970 al 11,1% en 2024. El 28% de los hogares españoles son hoy unipersonales. Y la brecha de género es rotunda a partir de los 60 años, con casi el 30% de las españolas mayores de 65 años viviendo solas, y siendo esta una proporción que crece con la edad.
Según datos de la Encuesta Continua de Hogares recogidos por Amigos de los Mayores, de los dos millones de mayores que viven solos en España, 850.000 tienen más de 80 años, y el 78% de ese grupo son mujeres. La viudedad es la causa más frecuente: los hombres mueren antes y ellas se quedan.
Las consecuencias para la salud son graves. El Barómetro de la Soledad No Deseada en España 2024, elaborado por la Fundación ONCE y la Fundación AXA, concluye que una de cada cinco personas sufre soledad no deseada, y que esta es más frecuente en mujeres (21,8%) que en hombres (18%). Además, su prevalencia entre quienes viven solos es el doble que entre quienes conviven con alguien.
Un mercado que ya existe
En Estados Unidos, este desequilibrio ha generado toda una industria. Existen plataformas como HomeShare Online, que llevan desde 2015 conectando a mayores que quieren compartir vivienda. Esta plataforma acumuló más de 42.000 registros y 40.000 emparejamientos exitosos, con una edad media de 60 años. La AARP, la mayor organización de mayores en EE.UU., ha identificado que 4 millones de mujeres mayores de 50 años ya viven en hogares compartidos en ese país.
Existen otras iniciativas similares, como New Ground, el primer cohousing para mujeres mayores de 50 años en Reino Unido, o como Joie Home Base, una red de hogares compartidos para mujeres mayores de 50 en el que las residentes pueden vivir juntas durante semanas o meses en distintos países bajo un modelo de "vivienda conectada".

En España iniciativas como Kuvu y el programa Convive de Solidarios para el Desarrollo han registrado casos de convivencia entre personas mayores, ya que muchas se encuentran con dificultades para afrontar solas un alquiler.
Quienes estudian este fenómeno insisten en que no se trata solo de repartir gastos. Compartir casa aporta seguridad al día a día, además de compañía y una red de apoyo informal que ayuda a retrasar el deterioro cognitivo y emocional. En los modelos más estructurados, las convivientes establecen acuerdos escritos, calendarios comunes y planes para cuando una de ellas necesite más ayuda. No es como vivir en una residencia, sino otra cosa, que además es una elección consciente y voluntaria.
En definitiva, que lo que Las Chicas de Oro intuía hace cuarenta años, que envejecer en compañía elegida puede ser más digno, más sano y más libre que hacerlo sola, la realidad socioeconómica y demográfica lo está convirtiendo en políticas públicas, modelos de negocio y, sobre todo, en una forma de vida que cada vez más mujeres reclaman como propia.

