Conflictos familiares

Tres errores que cometemos al mezclar convivencia y economía: "El 'ya se verá' suele ser 'ya lo resolveremos cuando estalle'”

Discutir en pareja o por qué da rabia que no 'entre al trapo': "La indiferencia es lo peor"
La convivencia puede llevar a discusiones por motivos económicos. Telecinco.es
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Hay conversaciones que las parejas evitan con la misma constancia con que evitan revisar los extractos bancarios: sistemáticamente y con consecuencias diferidas. Elisabeth G. Iborra, periodista y escritora con más de 25 libros publicados, lleva dos décadas explorando las relaciones contemporáneas desde un enfoque sociológico. En su último ensayo, ‘Yo no me caso con nadie’, desmonta con bisturí la arquitectura invisible del dinero en la convivencia. Lo que ha encontrado no es un problema de calculadora, sino de poder.

Error 1: el "ya se verá" como estrategia de convivencia

"El error número uno es el 'ya se verá'. Porque el 'ya se verá' en realidad significa 'ya lo resolveremos cuando estalle', y quien lo resuelve, por lo general, es ella", afirma Iborra. "Dar por hecho que una convivencia se regula sola es como dar por hecho que el papel higiénico aparece en el baño por generación espontánea."

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El diagnóstico no es moral, sino estructural, y está apoyado en cifras. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo del INE, los hombres con hijos y pareja que trabajan dedican 20,8 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a las 37,5 horas que dedican las mujeres en la misma situación. Casi el doble. Esa diferencia de dieciséis horas semanales no es solo tiempo: es la materialización de todas las conversaciones que no se tuvieron el primer mes.

La autora identifica la compra del supermercado como el termómetro más preciso de la distribución real de poder en una pareja: "La compra del súper, si a los tres meses siempre la hace la misma persona, tienes un problema estructural, no logístico." Y añade un dato que habitualmente se queda fuera del radar: quién realiza todos los días actividades de cocinar y tareas domésticas es un 77,5% de las mujeres y un 32,9% de los hombres trabajadores. 

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Elisabeth G. Iborra

Error 2: confundir fusión económica con intimidad

El segundo error es más seductor y, por eso, más peligroso. "Poner todo en común puede ser un acto de confianza cuando los dos llegan a esa decisión en igualdad de condiciones, con sueldos comparables, con la misma capacidad de salir del acuerdo si la relación termina", explica Iborra. "Se convierte en trampa en el momento en que uno de los dos —habitualmente ella, seamos honestas— reduce su jornada, frena su carrera o deja de cotizar 'porque con su sueldo ya cubrimos'."

Lo que parece un gesto de compromiso amoroso tiene un coste que acaba pasando factura décadas después. El 34,9% de las mujeres en España tienen un contrato a tiempo parcial, frente al 8,6% de los hombres. Esta diferencia no es casual, sino que es el sedimento de millones de decisiones tomadas "provisionalmente" dentro de parejas que nunca tuvieron la conversación necesaria.

La pensión media de las mujeres (1.100 euros al mes) era en 2024 inferior en 510 euros a la de los hombres (1.600 euros), lo que sitúa la brecha en el 31,9%. Ese dinero que desaparece de la jubilación no es una anomalía del sistema, es la factura aplazada de la renuncia laboral que en su momento no se llamó renuncia. La brecha de género en pensiones se alimenta de distintas desigualdades que afrontan mujeres y hombres en el mercado de trabajo, desde la brecha salarial a las diferencias de jornada, con muchos más horarios reducidos entre las trabajadoras, y las desigualdades en los cuidados, que provocan que muchas más mujeres interrumpan o reduzcan sus jornadas para cuidar. 

La cita de la socióloga María Jesús Izquierdo que incluye Iborra en su libro resume la trampa con exactitud quirúrgica: "Si tu imaginario es ser autónoma, pero tu realidad económica no te lo permite, esa disonancia puede destruirte."

Detalle de la portada de 'Yo no me caso con nadie'

Error 3: no contabilizar lo que no tiene precio de mercado

El tercer error es quizá el más sofisticado, porque opera en un registro que la economía doméstica nunca visibiliza. "El tiempo, fundamentalmente", responde Iborra cuando se le pregunta qué cosas 'no cuentan como dinero' pero deberían. "Recordar que hay que comprar papel higiénico, que el niño tiene revisión del dentista, que la madre de él cumple años, que hay que renovar el seguro del coche: eso es trabajo."

Si se tuviera en cuenta en el cálculo del PIB el trabajo no remunerado realizado por las mujeres, este ascendería a 33.982 millones de horas y representaría un 26,24% del PIB de 2010, un peso económico similar al del sector industrial. 

Las consecuencias de no contabilizar ese trabajo son concretas, acumulativas e irreversibles. Alrededor de 1,2 millones de hombres percibieron en España una pensión de jubilación bruta superior a 2.000 euros mensuales, frente a 385.000 mujeres. En el tramo inferior, pensiones de hasta 500 euros, la situación se invierte: 290.000 mujeres frente a 110.000 hombres. Los extremos son el mapa de quién tomó qué decisiones económicas, o de quién las evitó, hace décadas.

La fórmula que propone Iborra: proporcional, no igualitaria

Frente a los tres errores, la autora no propone una hoja de cálculo sino aplicar una lógica diferente. "La fórmula más justa que conozco es proporcional, no igualitaria. Cada uno aporta al bote común el mismo porcentaje de su sueldo, no la misma cantidad." Y añade una condición que considera innegociable: "Lo que sí es innegociable es que cada uno tenga dinero propio que no tenga que justificar. Sin eso no hay autonomía, y sin autonomía no hay amor libre, hay dependencia condicionante."

El microsíntoma que más le preocupa, el más revelador de que la asimetría ya está instalada, no es una bronca sino una pregunta silenciosa. Cuando el que gana menos empieza a pedir permiso para gastarse su propio dinero. "Cuando eso pasa", advierte, "el problema no es económico, es de poder."