Bienestar

La revolución del ganchillo: cuando tejer se convierte en una excusa para pasarlo bien juntas

Tejiendo ganchillo
Haciendo ganchillo. Amavir
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Hay una revolución silenciosa que avanza punto a punto, mandala a mandala, a lo largo y ancho de España. No tiene manifiesto ni portavoces. Tiene agujas, lana y muchas tardes compartidas. El ganchillo, esa técnica ancestral que heredamos de madres y abuelas, ha mutado en algo nuevo en una herramienta colectiva para decorar pueblos, batir récords mundiales y, sobre todo, para estar juntas.

España, capital mundial del ganchillo comunitario

El 5 de enero de 2024, los jueces del Guinness World Records certificaron en Vilamarxant (Valencia) lo que 120 mujeres y un hombre habían tejido durante más de un año: el árbol de Navidad de ganchillo más grande del mundo, con 23,5 metros de altura y 10.000 cuadrados tejidos a mano. El árbol, obra del Grup Cadeneta, superó el récord anterior, que ostentaba Ecuador con 15,9 metros. Cada cuadrito representaba algo relacionado con la provincia de Valencia, ya fueran naranjas, el mar o copos de nieve, y sus beneficios fueron a la Asociación Española Contra el Cáncer. "Es una iniciativa que comenzó hace dos años, cuando un grupo de amigas a las que nos gusta hacer ganchillo nos juntamos", explicó la coordinadora Paula Corachán. Cuando localizaron el récord existente, la decisión fue inmediata: vamos a superarlo. 

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En Petrer (Alicante), el ganchillo ha llegado a los museos. Hace doce años nació el proyecto Tejiendo Petrer, en el que ya han participado más de 500 personas de toda España y del mundo entero. Su Crochet Gallery exhibe réplicas de las grandes obras de la historia del arte confeccionadas en lana: una Mona Lisa realizada con 20 km de hilo por 47 ganchilleras de siete países, un Abrazo de Klimt con 55 km, La Noche Estrellada de Van Gogh, El Grito de Munch o La Última Cena de Leonardo. Kilómetros de lana convertidos en alta cultura artesanal. 

En Sierra Mágina (Jaén), el proyecto Enganchadas en un hilo ha unido a unas 500 mujeres de 15 pueblos y 5 pedanías para tejer un planetario único en el mundo: estrellas, la Vía Láctea, planetas y un cohete espacial, además de veinte murales que representan el patrimonio de cada localidad. Inaugurado en diciembre de 2025, es un homenaje a las primeras mujeres astronautas y, sobre todo, a la fuerza del trabajo colectivo. "Se ha convertido en una hermandad", explicaron. 

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Planetario de ganchillo

Y si en el norte la preocupación es adornar, en el sur el ganchillo tiene una función tan urgente como combatir el calor. Decenas de localidades de Castilla-La Mancha, Málaga, Toledo y otras comunidades han cubierto sus calles con toldos tejidos a mano por sus vecinas. En Humilladero (Málaga), 40 mujeres de la asociación Labores Creativas, con la ayuda de otras 20 mayores, tejieron más de 1.300 mandalas para crear un toldo de 200 metros cuadrados. En Huerta de la Obispalía (Cuenca), 20 mujeres coordinadas por WhatsApp y repartidas por toda España tardaron ocho meses en tejer 650 mandalas que cubrieron 60 metros de calle con 280.000 metros de hilo. "Nos organizamos a partir de un grupo de WhatsApp y, con inconvenientes y todo, lo sacamos adelante", explicó su alcaldesa, Gema Rubio.

Más allá de España: el mapa de lana irlandés

Este fenómeno no tiene fronteras. En el condado de Wicklow (Irlanda), un grupo de hasta 18 mujeres se estuvo reuniendo cada miércoles durante cuatro años para tejer un mapa de Irlanda de unos 3,7 por 3,4 metros en lana. Cada puntada representaba un lugar: el castillo de Blarney, el Giant's Causeway, Glendalough, la isla de Aran, el Titanic. La más joven del grupo tenía 65 años; la mayor, a punto de cumplir 90. Tres de las participantes murieron durante el proceso. Dos ingresaron en residencias. Las demás siguieron. "Nos da un propósito", resumió Mary Blake, una de las participantes.

Mapa de Irlanda de ganchillo

Un antídoto artesanal contra la epidemia de soledad

Detrás de cada una de estas obras tejidas hay algo más profundo que la artesanía: el deseo de no estar solos. Y el problema es urgente. Según el Barómetro de la Soledad No Deseada 2024, una de cada cinco personas en España sufre soledad no deseada. El 13,5% la padece de forma crónica desde hace dos o más años. El 93,3% de la población considera que se trata de un problema invisible, y su coste anual se estima en más de 14.000 millones de euros. 

En este contexto, los grupos de ganchillo funcionan como una infraestructura social de precisión quirúrgica. Son principal, aunque no exclusivamente, mujeres. Mujeres que, según los datos del INE, vivirán de media 5,1 años más que sus maridos (86,53 años ellas, 81,38 ellos), lo que significa que pasarán una parte significativa de su vida sin la pareja que fue su principal vínculo social. El ganchillo comunitario no les pide requisitos ni cotizaciones: solo ganas de aparecer el martes o el miércoles por la tarde. 

A esto se une el hecho de que la creencia de que hacer ganchillo hace bien tiene respaldo científico. Un estudio de la Universidad de Cardiff que encuestó a más de 3.500 tejedores de 39 países concluyó que hay una relación significativa entre la frecuencia del tejido y el bienestar percibido. Así, quienes tejen más de tres veces a la semana se muestran más tranquilos, más felices y menos ansiosos. Tejer en grupo, además, multiplica los beneficios. 

Un estudio demostró en 2024 que las actividades creativas activan la red de recompensa dopaminérgica del cerebro. Investigadoras del Instituto de Neurobiología de la UNAM señalaron en 2026 que "los movimientos deben ser finos, precisos, sincronizados y controlados, como los de tejer, para que existan efectos potencialmente beneficiosos para la salud cerebral", incluyendo la ralentización del deterioro cognitivo. 

Vilamarxant, Petrer, Sierra Mágina, Wicklow. Pueblos que se reinventan con una aguja y un ovillo, que convierten el espacio público en un tapiz colectivo, que encuentran en las tardes de ganchillo un argumento irrefutable contra el aislamiento. No es nostalgia: es una respuesta contemporánea a un problema contemporáneo. La revolución del ganchillo no llega en manifestación. Llega en silencio, punto a punto, en grupos de WhatsApp y en centros cívicos, en manos de mujeres de 15 y de 90 años que han descubierto que tejer juntas, sencillamente, es pasarlo bien.