Estado de salud

Lo que no se ve de la menopausia: cómo cambian tus órganos antes de notar síntomas

Síntomas que te advierten de que lo que te está pasando es perimenopausia. Getty Images
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Hay un problema de base en la forma en que la medicina aborda la salud femenina durante la menopausia, ya que se espera a que los síntomas aparezcan para actuar. Los sofocos, el insomnio, la niebla mental o la sequedad vaginal son las señales visibles de un proceso que, en el interior del organismo, lleva tiempo desarrollándose en silencio. Un estudio pionero propone invertir esa lógica.

El cuerpo cambia mucho antes de que lo notes

La perimenopausia es una etapa natural de transición que suele comenzar entre los 40 y los 50 años y tiene una duración promedio de cuatro años. Aunque es un proceso biológico normal, muchas mujeres no saben que ya se encuentran en esta fase. Durante ese tiempo, el organismo experimenta transformaciones profundas que apenas generan señales externas perceptibles.

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Los estrógenos no son solo hormonas sexuales para el crecimiento y funcionamiento de los órganos gonadales de la mujer, sino que también realizan funciones importantes en otros órganos y tejidos como el corazón, las arterias, el cerebro, el hígado y los músculos. De este modo, cuando sus niveles empiezan a caer, se produce un efecto domino tan silencioso como sistémico. Al disminuir drásticamente los niveles de estrógeno con la menopausia, se origina un incremento generalizado del tono vascular y un desequilibrio de los niveles normales del colesterol circulante, lo que se asocia con un aumento significativo de la presión arterial, del índice de masa corporal, alteración del perfil de los lípidos y la distribución anormal de la grasa corporal.

Los huesos no se escapan de ese proceso. Al disminuir los estrógenos, que juegan un papel protector, se intensifica la descalcificación, lo que puede causar osteoporosis, haciendo que los huesos se vuelvan frágiles y se quiebren con mayor facilidad. También afecta al metabolismo. La prevalencia del síndrome metabólico se incrementa con la menopausia hasta en un 60%, al mezclarse variables como la edad, el índice de masa corporal y la inactividad física. 

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La evidencia científica, especialmente la del estudio SWAN, iniciado en 1994 y con más de dos décadas de seguimiento, documenta los cambios en los vasos sanguíneos, metabolismo lipídico, densidad ósea y función ovárica que se producen durante la perimenopausia de forma subclínica, es decir, que son detectables mediante marcadores moleculares o de imagen antes de que la mujer sienta cualquier síntoma. En el mismo sentido, un estudio de 2023 puso coto a esos cambios, colocándolos entre 2 y 8 años antes de la última menstruación. 

Una brecha de diagnóstico que llega a los seis años

El problema no es solo biológico, sino también estructural. Un estudio realizado por la Universidad de Copenhague analizó los datos de más de 6,9 millones de pacientes y reveló que las mujeres reciben diagnósticos más tardíos que los hombres en más de 700 enfermedades, que afectan a todo tipo de dolencias: desde las cardiovasculares, a las metabólicas, pasando por las cutáneas y musculoesqueléticas. 

Según el metaanálisis, la demora diagnóstica en mujeres frente a hombres es de entre seis y nueve años en enfermedades como la espondiloartritis. Es esta brecha exactamente la que el estudio del que hablamos busca cerrar. La clínica beDona y la biotecnológica Base4 han lanzado un estudio basado en expresión génica, diseñado para identificar qué órganos muestran cambios tempranos y anticipar necesidades de salud de manera personalizada. 

La prueba funciona a través de una simple extracción de sangre. A partir de esa muestra, la tecnología analiza la expresión de más de 17.000 genes, variantes genéticas del ADN, biomarcadores de envejecimiento y parámetros metabólicos, generando un mapa integral de más de 45 órganos y sistemas del cuerpo. Los datos se procesan con modelos de inteligencia artificial especializados para la salud femenina, detectando anomalías a nivel molecular incluso antes de que aparezcan síntomas visibles.

La relevancia específica de esta prueba para la fertilidad también es relevante, ya que permite estimar la edad biológica del ovario y detectar factores que podrían acelerar su deterioro, lo que resulta fundamental para mujeres con problemas de fertilidad o riesgo de fallo ovárico precoz.

De la medicina reactiva a la medicina predictiva

La aplicación clínica concreta es relevante: en la terapia hormonal para la menopausia, la herramienta permitiría adaptar dosis según la evolución de órganos específicos, reduciendo riesgos y mejorando resultados. Y el potencial va más allá: detectar qué órganos tienen mayor susceptibilidad a presentar cambios patológicos antes de tiempo y qué señales aceleran ese proceso permite intervenir de forma más temprana y personalizada, en lugar de esperar a que la enfermedad se manifieste.

Después de la menopausia, las mujeres son más vulnerables a ciertas afecciones de salud, incluyendo enfermedades del corazón, ataque cerebral y osteoporosis. El reto es precisamente intervenir antes de llegar a ese punto. Con este enfoque, BASE4 Biosciences y beDona buscan impulsar una nueva forma de entender la salud femenina: menos reactiva, más preventiva y basada en la biología real de las mujeres.