Duelo

Sandra Bullock y sus dos años retirada para sanar: la importancia de darse tiempo para reconstruirse tras una pérdida

Sandra Bullock y Nicole Kidman, prácticamente magia. Getty Images
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Sandra Bullock sufrió en 2023 la muerte de su pareja, el fotógrafo Bryan Randall, tras años de lucha contra la ELA. La actriz decidió entonces tomarse un largo periodo alejada del trabajo para centrarse en sus hijos, procesar el golpe y atravesar el duelo sin atajos. Ahora acaba de reaparecer de la mano de su amiga Nicole Kidman para presentar la secuela de 'Prácticamente magia', la comedia sobrenatural que ambas protagonizaron en 1998. El emotivo momento de volver a mostrarse en público -también ha reabierto su cuenta de Instagram- trae a la actualidad una realidad incómoda: hay pérdidas que obligan a detener la vida tal y como se conocía.

En una cultura que premia la productividad y la rapidez para volver a la normalidad, el duelo sigue siendo uno de los pocos procesos que resisten cualquier intento de aceleración. La psicología lo define como una reacción compleja -dolor, rabia, incomprensión, pena- ante la pérdida de un vínculo significativo. Implica una reorganización profunda de la vida interna y externa de quien pierde. Por eso, intentar cumplir plazos sociales o laborales puede convertirse en una forma de negación más que de resiliencia.

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Los expertos coinciden en que no existe un calendario universal del duelo. Aunque algunas estimaciones sitúan su duración entre 6 meses y un año en términos generales, otros estudios amplían ese margen y señalan que muchas personas necesitan entre uno y dos años para que el dolor deje de ocupar el centro de su vida emocional. Incluso dentro de esos márgenes, la variabilidad es enorme.

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Sin mapa ni brújula universal para el duelo

Tampoco existe una guía para afrontar la muerte del ser querido con todas las respuestas y soluciones. "Los sentimientos que ocasionan la pérdida de una pareja cuando ha sido debida a una enfermedad pueden facilitar la preparación y la despedida, mientras que si se produce de forma repentina éstos dos aspectos no se pueden realizar. La preparación mejora y atenúa el impacto inicial de la pérdida y es menos probable que se produzca la negación y el shock tan características de las pérdidas repentinas, que ocasionan que los duelos tarden más tiempo en resolverse", nos explicaba aquí Syra Balanzat, psicóloga de El Prado Psicólogos.

La marcha de alguien querido no se supera "pasando página"; se aprende a convivir con ella. La propia definición clínica del duelo insiste en que el proceso implica retirar progresivamente la energía emocional del vínculo perdido para poder reinvertirla en la vida, sin borrar el recuerdo. Es un trabajo silencioso, a menudo invisible, que requiere tiempo, espacio y, sobre todo, permiso.

"Recordar a quien se fue no tiene por qué doler eternamente. Lo que necesitamos es un espacio para transitar ese dolor con acompañamiento”, subraya aquí la psicóloga Reyes López Casas. En este contexto, detenerse no es un signo de debilidad, sino una forma de adaptación.

Como señalan médicos y psicólogos en contextos clínicos, el duelo atraviesa fases que van desde el shock y la negación hasta la aceptación y la integración de la pérdida. Forzar el paso de una etapa a otra no acelera la curación; más bien puede cronificar el sufrimiento o transformarlo en formas más difíciles de abordar, como el duelo complicado.

“Cuando ha pasado más de un año desde la pérdida y la persona sigue bloqueada, sintiendo un vacío que no remite y que le impide llevar una vida mínimamente funcional, hablamos de duelo crónico”, señala López Casas.

Una renegociación con el tiempo

El caso de Bullock ilustra algo que los especialistas repiten con frecuencia; que retirarse temporalmente, reducir la exposición pública o priorizar el entorno cercano son respuestas habituales y saludables ante una pérdida significativa. La actriz se refugió en sus hijos y en su entorno más íntimo, alejándose del foco mediático para poder sostener ese proceso. Es un patrón reconocible cuando el vínculo perdido ocupaba un lugar central en la vida cotidiana.

En última instancia, el duelo obliga a una renegociación con el tiempo. El externo -el de los calendarios, los compromisos, las expectativas sociales- deja de coincidir con el interno, que es más lento, irregular y profundamente personal. Entender esto no solo ayuda a quien atraviesa una pérdida, sino también a quienes le rodean. En ocasiones, familiares y amigos no saben qué decir y recurren a clichés que en lugar de ayudar hacen que la persona afectada exprese menos y sienta vergüenza por sentirse mal.

El simple acompañamiento en el duelo, estar presente y disponible respetando los ritmos de cada cual, se revela como una actitud eficaz. "La realización de rituales de despedida, poder estar con personas de confianza que le faciliten hablar de la pérdida y del fallecido facilita la conexión con lo ocurrido para poder empezar a tomar decisiones que le hagan evolucionar y sentirse, mejor aceptando que esa persona ya no está", concluye Syra Balanzat.