Emma Trilles, psicóloga de pareja: "A los 50 la infidelidad responde a 'me veo mayor y necesito sentir que aún puedo gustar"
Experta en relaciones de pareja, analiza por qué los hombres que rondan los 50 son especialmente vulnerables a la infidelidad
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Hay una franja de edad que Emma Trilles, psicóloga experta en relaciones de pareja, conoce bien desde su consulta. Hombres que se acercan a los 50, que llevan décadas con la misma pareja, sin nada 'malo' en su vida y que, sin embargo, se encuentran en mitad de una historia paralela que no saben muy bien cómo ha empezado ni cómo va a terminar. Para Emma, no es un misterio. Es un patrón.
"Las encuestas y los estudios dicen que la gente más infiel está de los 35 a los 45 años", explica Trilles. La razón tiene más que ver con el agotamiento doméstico que con el deseo puro: "Coincide con tener niños pequeños, que la pareja se descuida. El problema es que los niños necesitan rutina y las parejas lo último que necesitan es rutina. Eso provoca bastantes infidelidades".
En esta franja, el motor no es el ego sino el vacío emocional. "De los 35 a los 45 es más un tema emocional: están desatendidos o así se sienten". No es que busquen otra persona. Es que alguien les presta atención y eso, en un momento de ruido y agotamiento, puede con todo.
A partir de los 50 el mecanismo cambia. "Es verdad que hay una crisis de los 50 más marcada en hombres que en mujeres. Ahí es posible que el hombre, si empieza a notar que se ve no tan bien físicamente, se ponga a prueba", comenta Emma.
Hay una crisis de los 50 más marcada en hombres que en mujeres
¿Qué forma toma esa prueba? Casi siempre la misma. "Lo que escucho en consulta es que los hombres a partir de los 50, hasta los 70, siempre te dicen: es que a mí me gustan jóvenes. Tienen 60 y dicen: a mí es que me gustan las de 35. Siempre es ponerse a prueba con una chica joven, a ver si aún les queda ese atractivo", relata
La conclusión de Trilles es directa: "A los 50 la infidelidad es 'me veo mayor y necesito sentir que aún puedo gustar'. El motivo es otro al de etapas anteriores. No es desatención ni rutina. Es miedo al declive".
El móvil lo cambió todo
Hay una idea extendida: que con el móvil y las redes sociales es mucho más fácil ser infiel. Trilles matiza: "Es curioso porque todo el mundo dice lo mismo pero dice lo contrario. Hay quien dice que ahora es muy fácil ser infiel, que tienes más opciones con el móvil, las redes... Pero antes era más difícil que te pillaran. Ahora tienen el ocio localizado, pueden tener tus claves, pueden coger el móvil. Está todo en el móvil. Antes era más difícil que te pillaran; ahora es más fácil".
Hay quien dice que ahora es muy fácil ser infiel, que tienes más opciones con el móvil, las redes... Pero antes era más difícil que te pillaran
Y en ese terreno, las mujeres llevan ventaja. "Las mujeres pillan más que los hombres. El hombre tiene la sensación de que lo tiene todo controlado y en algún momento puede tener un despiste. Las mujeres somos más analíticas de patrones: oye, antes no hacía esto. En cuanto vemos algo que no es lo habitual, la alerta se nos enciende".
Antes de llegar a la infidelidad propiamente dicha, existe una zona de penumbra que Trilles llama microinfidelidades. "Es el típico: este es un amigo, de momento no quiero nada, pero me lo dejo de reserva porque con el que estoy no es como este. Cosas que hacemos de: con esta persona no quiero nada, pero cada vez que publica una foto le doy a 'me gusta', porque si algún momento tengo que hablar con ella… Estas cositas son microinfidelidades", explica.
¿Dónde está la línea? "Yo creo que realmente empieza cuando hay un pensamiento de intención de algo, a corto, a medio o a largo plazo. Ahí yo creo que empieza."
Los novios virtuales
El siguiente escalón es más nuevo, y más incómodo. Existen ya aplicaciones —Trilles menciona una que se llama Replika— donde el usuario puede diseñar un compañero virtual a medida: físico, tipo de conversación, nivel de intimidad. "Lo máximo que te puede costar son unos 70 euros al mes. Tú defines el físico, el tipo de conversación, si quieres hablar de fútbol, de emocionalidad, de poesía, si quieres relaciones íntimas, que te mande fotos, que te llame...".
La pregunta es inevitable. "Cuando tú, en lugar de hablar con tu pareja, hablas con alguien que has definido a tu gusto… ¿es infidelidad o no? Yo creo que cuando escoges a otra persona —sea real o no— para contar tus sentimientos, tu vida, lo que te ha pasado hoy, para hablar de sexo… pues igual no estás siendo infiel, pero algo no va bien. Llámalo como quieras".
Deseo o necesidad
Hay una distinción en 'Antídoto contra la infidelidad' que Trilles considera clave para entender no solo la infidelidad, sino el momento previo en que una relación empieza a resquebrajarse: la diferencia entre desear algo y necesitarlo.
"Si tú llevas muchas horas sin comer, ¿qué te pasa con el carácter? Empeora. Cuando tenemos necesidades no cubiertas, estamos de mal genio, somos irascibles. Cuando nuestra pareja no nos hace caso emocionalmente, discutimos, estamos mal", narra.
Cuando tenemos necesidades no cubiertas, estamos de mal genio, somos irascibles. Cuando nuestra pareja no nos hace caso emocionalmente, discutimos
La diferencia con el deseo es de intensidad y de urgencia. "Cuando tú deseas que te digan algo bonito, pero desde el deseo no estás de mal carácter. Te gustaría un detalle de tu pareja, pero si no lo tienes, no pasa nada. En cambio, cuando lo necesitas —porque llevas diez años así— ya estás enfadado con todo, con el mundo."
Y ahí está el peligro real. "Cuando hay necesidades, es muy difícil frenarlas. Si llevas mucho tiempo sin que alguien te mire con ojos de deseo y lo necesitas, porque ya estás rabioso de que nunca te miren así, y te miran así… eso es difícil de parar. El deseo es más fácil de frenar. La necesidad, no."
Si llevas mucho tiempo sin que alguien te mire con ojos de deseo, lo necesitas y te miran así… eso es difícil de parar.
La última pregunta es la más arriesgada: ¿puede una infidelidad, paradójicamente, salvar una pareja? "Yo creo que las parejas que superan una infidelidad se hacen mucho más fuertes. Pero creo que es mejor intentar potenciar la relación antes de llegar ahí. La infidelidad siempre acaba mal, de verdad. Siempre sale gente herida. Nos lo venden como un episodio de diversión o perversión, pero emocionalmente deja a todo el mundo muy tocado".
Y sobre los que se plantean dejar a su pareja por la otra persona, Trilles aporta datos de consulta para concluir y que nadie se lleve a engaño: "La mayoría de veces no se deja. Si la dejan, las mujeres son más rápidas. Un hombre que en seis meses no ha dejado a su pareja, ya no la deja".
