Bienestar

El síndrome silencioso que sufren los padres a partir de los 50 y casi nadie detecta

No es sencillo adaptarse a los cambios drásticos. Freepik
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MadridHay decisiones que pueden cambiar para siempre la vida y la de ser padre o madre es una de ellas. Es una experiencia gratificante, pero también una de las más duras, por eso tomarla no es baladí. Además, no solo supone un punto de inflexión en la vida, sino que acompaña a los progenitores para siempre, modificando sus rutinas en un primer momento, pero también a lo largo del tiempo

Cuando los niños son pequeños y dependen completamente de sus padres, no son pocos quienes esperan y anhelan ese tiempo en el que ya sean capaces de valerse por sí mismos, ser completamente independientes y hacer su propia vida. Suele ser un pensamiento momentáneo, que llega acompañado de cierta tristeza tras ser conscientes de que el tiempo pasa muy deprisa y que la etapa que atraviesan nunca más volverá, pero también es algo inevitable. Efectivamente, llegará un momento en el que vuelen por su cuenta y es muy probable que los sentimientos y emociones que esto produzca en los padres no sean los esperados. 

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No todos los padres pasan por las mismas etapas emocionales, pero es bastante frecuente que, una vez que los hijos se marchan de casa, en lugar de sentir una sensación de libertad, de haber concluido una parte del trabajo y querer comenzar una nueva etapa, los padres y madres se encuentren con cierto vacío existencial, un síndrome silencioso que no siempre es sencillo de detectar y que suele afectar a los padres a partir de los 50 años: el síndrome del nido vacío (SNV)

El síndrome del nido vacío: qué es y cómo detectarlo

Tras la independencia de los hijos, los padres pueden encontrarse con sensaciones de tristeza, pérdida y dolor. Son sentimientos normales que están relacionados con un hecho concreto al que hay que adaptarse, el problema llega cuando esas emociones pasan de ser algo puntual a interferir con su día a día, impidiéndoles llevar una vida normal. En esos casos es importante darse cuenta de que algo pasa y ponerle remedio, buscando ayuda profesional en caso de que sea necesario. Para eso es clave saber por qué sucede y cuáles son los síntomas que dan la señal de alarma. 

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El síndrome del nido vacío, aunque habitualmente se asocia a padres y madres, puede afectar a un mayor número de personas, pues también puede darse entre cuidadores, cuando la persona que dependía de ellos se marcha del lugar en el que estaba. Esto es clave, porque es posible tener esos síntomas sin que exista un hijo como tal que se independiza. 

El SNV suele ser más frecuente en mujeres que en hombres y es más habitual en familias monoparentales, cuando varios de los hijos se emancipan a la vez o si se mudan muy lejos, también si la persona tiende a preocuparse en exceso. 

Puede darse porque la ausencia hace que los padres se sientan solos, pero también porque, tras pasar toda una vida dedicados a esas personas, su marcha pone de manifiesto que existía una dependencia y una falta de realización, por haber estado volcados por completo en otra persona. En el caso de los matrimonios que ven cómo se quedan solos, los problemas de pareja pueden ser también algo a tener en cuenta, porque les produce temor no saber convivir o sienten que, sin esa otra persona, ya no tienen nada en común. 

Hay ciertos síntomas que suelen ser comunes entre todas las personas que sufren este síntoma, pero merece la pena señalar que, en cuestiones psicológicas, cada persona es diferente, por lo que no tienen por qué darse todos los síntomas y también pueden aparecer algunos que no sean tan habituales. En general, el síndrome del nido vacío se asocia con estados de ánimo decaído, puede incluso parecerse a los síntomas de la depresión, también con aburrimiento ante la sensación de tener mucho tiempo libre. 

Esto hace en muchas ocasiones que la persona sienta que ya no es útil, lo que puede llevar a tener una sensación de sinsentido, es decir, sienten que han alcanzado la meta en su vida y se plantean qué queda para ellos, qué harán con su vida y su tiempo, pero lo hacen desde una sensación de vacío. Es habitual recordar e idealizar el pasado, pensando en lo felices que éramos y cómo ahora ya nada es igual, olvidando todo lo malo o menos positivo. 

En ocasiones, además de los síntomas psicológicos, también podemos encontrar algunos síntomas físicos, como dolores de cabeza, problemas gastrointestinales o problemas cutáneos. Puede causar problemas de sueño y de apetito, también ganas de llorar constantemente. En algunos casos extremos, el síndrome del nido vacío puede derivar en depresión, ansiedad, dependencia emocional o alcoholismo. 

Es importante aprender a vivir este cambio de manera que no se sienta una pérdida, pero esto no siempre es sencillo y no todo el mundo cuenta con las herramientas para poder superarlo sin ayuda, por eso, en caso de sentirse desbordado, lo mejor es buscar apoyo.