MICROÉXITOS

El economista rockero que quiere cambiarte la vida: “Las empresas pueden aprender mucho de los músicos"

Salva López tiene un grupo de hard rock. (Cedida)
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Salva López, que se define a sí mismo como lernáholic (adicto al aprendizaje), lleva casi 20 años enseñando en ESADE, una de las escuelas de negocios más reputadas del mundo, pero durante mucho tiempo ocultó algo que consideraba incompatible con ese prestigio: que era guitarrista y cantante de hard rock. Que ensayaba por las noches y que la música era el camino que realmente le inspiraba.

Un día se le escapó en un pasillo. Una colega lo oyó y le hizo la pregunta que lo cambió todo. De ahí nacieron un libro, unas conferencias, un doctorado en curso y una filosofía de vida que le ha llevado a que su guitarra sea una acompañante imprescindible en sus conferencias. Las mismas en las que habla sobre microéxitos, un término que a él le cambió la vida y con el que ahora pretende cambiársela a todo el que esté dispuesto a escucharle.

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Nosotros estamos dispuestos y lo hacemos con los dos libros de Salva sobre la mesa. Lo novedoso de uno (Empresas en clave rock), lo actual del otro (Microéxitos)... charlemos.

El pasillo que lo cambió todo

La historia empieza con un secreto bien guardado. López llevaba años dando clases en ESADE sin mencionar que por las noches tocaba en una banda de hard rock. "Claro, ya sabes los prejuicios que hay. Si eres guitarrista y cantante de hard rock, con unos gritos y unos alaridos muy grandes, no lo vas contando en el trabajo", explica. Hasta que un día, en una reunión informal de pasillos, se le escapó que llegaba tarde al ensayo.

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La persona que lo escuchó resultó ser una gran fan de Pink Floyd, Deep Purple y AC/DC. Y le soltó, así, sin más: “¿Tú crees que las empresas podrían aprender algo de los músicos de rock?”. Salva no se lo había planteado nunca, pero, casi sin querer, se dio cuenta de que no sólo podrían sino que además eran innumerables los ejemplos que se le venían a la cabeza para explorar ese camino. "Claro que se puede. En la vida hay que estar atento porque hay gente que te regala tesoros solo con una pregunta", comenta.

Ahí comenzó a nacer su primer libro, que actualiza casi a diario desde que recuperó sus derechos editoriales y lo vende directamente. "Se ha convertido en un producto vivo. Si Bruce Springsteen dice o hace algo interesante, meto un párrafo, lo subo a Amazon y el siguiente que lo compre ya viene con eso", razona. 

El segundo libro, ‘Microéxitos’, tiene un origen más inesperado todavía. López recibió la invitación para una conferencia solidaria de un evento llamado Cars for Smiles, que une a propietarios de coches de lujo con niños enfermos y sus familias. Les dan el desayuno, escuchan a un ponente y luego los llevan a Montmeló para convertirles en copilotos por un día. Dan vueltas a 300 por hora y alucinan.

"Yo pensaba qué podía contar que interesara a ambas partes. Los adultos con sus cochazos tenían una visión del éxito clara: el coche soñado, la empresa, la fortuna. Pero para esos niños, el éxito era otra cosa. Sentirse mejor un día. Curarse. Aprender algo nuevo. Así nació la palabra microéxito. Y con ella, toda una filosofía sobre lo que realmente es importante para cada persona".

Los adultos con sus cochazos tenían una visión del éxito clara: el coche soñado, la empresa, la fortuna. Pero para esos niños, el éxito era otra cosa. Sentirse mejor un día

Aquí viene la pregunta que le hacen siempre, y López la tiene bien resuelta. ¿No es esto, en el fondo, conformarse con poco? "Es un error fácil en el que puede caer la gente. Pero fíjate: el conformismo significa aceptar las cosas y ya. En cambio, los microéxitos tienen que ver con pequeños retos que te planteas a ti mismo, que te hacen desarrollarte y crecer", argumenta.

La diferencia, dice, está en el ritmo: "Lo importante del éxito no es el tamaño —las grandes gestas, los grandes logros—. Es el ritmo. Pueden ser logros muy pequeñitos, pero mantenidos en el tiempo. Cuando te propones algo pequeño, asequible, y lo consigues, eso te da un pequeño chute de dopamina que te empuja hacia el siguiente logro".

Lo importante del éxito no es el tamaño, es el ritmo. Pueden ser logros muy pequeñitos, pero mantenidos en el tiempo

Y pone dos ejemplos tan simbólicos como alejados el uno del otro: el acorde de fa en la guitarra y la paella. "A mí me costó nueve meses de mi vida conseguir el fa y docenas de paellas cocinar una buena. Aunque en mi familia no protestaron ni en la primera, que quedó mal, ahora son fantásticas", dice.

La conclusión es la misma en los dos casos: "Un fracaso solo será un fracaso realmente si no aprendes nada y tiras la toalla."

Programados

López estudió Económicas. Como a todos sus compañeros, recuerda, les programaron con un destino: llegar a ser directores generales, tener un coche de empresa y además una secretaria. Pero cuando entró en el mundo laboral, se dio cuenta de que él no quería nada de eso. Tuvo suerte de darse cuenta a tiempo. No todos la tuvieron.

"Tuve un compañero muy bueno que murió porque quedó programado así y se dejó la vida para llegar ahí. Vivió con un estrés alucinante toda su vida hasta que el corazón le falló con 49 años. Literalmente, murió por querer ser director general", se lamenta. 

El problema, dice, es sistémico: "Hay 20 temporadas de Las Kardashian y solo dos temporadas de Cosmos. Esto te dice todo lo que debes saber sobre la raza humana. La gente prefiere mirar los logros entre comillas de otros porque son muy atractivos y porque nos los meten por los ojos constantemente. Las cosas pequeñas no son noticias y nadie nos dice que las cosas pequeñas son muy importantes". 

Hay 20 temporadas de Las Kardashian y solo dos temporadas de Cosmos. Esto te dice todo lo que debes saber sobre la raza humana

Su libro, dice, intenta abrir una brecha en ese muro: "Lo importante es que tú mires a los ojos de tu mujer y te comuniques bien con ella. Eso es brutal. Pero no nos lo cuentan".

La conversación sobre microéxitos termina desembocando, inevitablemente, en el mundo de las empresas. Y aquí López, el economista, tiene cosas muy concretas que decir: "Las raíces históricas del concepto de triunfo tienen que ver con aniquilar al enemigo y quedarte con todo. Bajo ese punto de vista, las empresas se han convertido en auténticos superdepredadores. Los analistas bursátiles premian el crecimiento, no la estabilidad ni la sostenibilidad. Si creces a doble dígito, mejor. El resultado es un sistema pernicioso”.

Pero hay excepciones. Y Salva pone una que resulta llamativa: una cadena de gimnasios barcelonesa que decidió no crecer más allá del área metropolitana. Tiene alrededor de 25 nstalaciones. Su dueño quiere poder acercarse a cada una con un golpe de volante, sin coger ningún avión. No está en bolsa. Cuando necesita dinero, se lo pide directamente a sus clientes, con bonos que no pasan por ningún mercado. A esto López le da un nombre que reconoce que no se enseña en las facultades: la economía del decrecimiento.

Antes de terminar la conversación, Salva, al que le brillan los ojos de pura pasión por el tema, menciona algunos ejemplos más sobre su propuesta de los microéxitos. No los quiere imponer, sólo presentarlos, darlos a conocer y que la gente decida si pueden ser una opción en su vida.

"Cada día tengo más claro que no hace falta hacer grandes cosas épicas. La vida está llena de pequeñas cosillas que tienen mucho significado, que, luego, cuando te vayas a morir, podrás repasar y darte cuenta de que las has vivido. Mejor haber hecho un millón de pequeñas cosas que estar toda la vida buscando esa gran cosa", sentencia. 

“La mayoría de la gente famosa que llega al final dice lo mismo: trabajaría menos y haría más cosas en el día a día. No hay que guardar la ropa nueva para una ocasión especial. Hay que estrenarla antes. La ocasión especial es hoy", añade.

Hay tres cosas concretas que López recomienda para empezar a incluir los microéxitos en nuestro día a día. La primera: traer conciencia a lo que haces: "Vivimos en piloto automático. El meollo de la vida tiene mucho más que ver con salir de esos automatismos".

La segunda: acabar lo que empiezas. Cita a un almirante de la marina norteamericana: "Si quieres cambiar el mundo, empieza haciéndote la cama por la mañana". 

La tercera: aprender algo nuevo, lo que sea: "Comprende cómo funciona tu cerebro y te darás cuenta de que necesita que le des un poco de marcha. No hace falta estudiar una carrera. Es más hacer un plato de cocina o aprender a tocar un acorde”, concluye.