Sentirse más lento no siempre es la edad: la versión de los expertos
Escuchar a nuestro cuerpo puede ser clave para buscar la causa de nuestras dolencias y poder ponerles remedio
A qué edad se considera ‘vieja’ una persona, la ciencia lo resuelve
MadridEl paso del tiempo suele traer algunos cambios asociados, como un mayor cansancio o cierta lentitud a la hora de movernos o procesar algunos pensamientos. Esto puede hacer que pensemos que siempre que aparecen estos síntomas sea algo propio de la edad, pero lo cierto es que no siempre es así y hay muchos casos en los que esa niebla mental también puede aparecer por otros motivos.
Aprender a escuchar a nuestro cuerpo y reconocer cuando aparecen cambios es importante, porque en muchas ocasiones hace que podamos ponernos en manos de profesionales cuanto antes, atajando los problemas antes de que sea demasiado tarde. También nos ayuda a encontrar las causas de esos síntomas y eso hace que podamos ponerle remedio, porque en muchas ocasiones, esos síntomas que señalamos pueden evitarse con algunos cambios de vida. No es una cuestión de edad, sino de salud.
Sentirse más lento no siempre es la edad
En el momento en el que reconocemos algunos síntomas que pueden achacarse al paso del tiempo tendemos a hacerlo, pero esto no siempre es buena idea, porque la causa para sentirnos así no tiene por qué ser la edad. Por ejemplo, hay varios motivos que pueden hacer que nos sintamos lentos y que todo nos cueste un poco más. Cambios leves que pueden aparecer en momentos puntuales y que, a pesar de que resultan preocupantes, suelen ser benignos.
Es lo que sucede cuando comenzamos a sentir que tenemos menos energía, que estamos fatigados o hacemos las cosas más torpemente, sobre todo cuando intentamos hacerlas bajo presión, o si sentimos que nos cuesta más concentrarnos a la hora de hacer las cosas, sobre todo si intentamos hacer varias cosas a la vez. Puede que nos olvidemos de algo de manera puntual, olvidos que no van más allá y no parecen importantes, pero que nos invitan a preocuparnos.
Si además sentimos que no descansamos como deberíamos al dormir, lo más seguro es que se trate de una consecuencia del estrés. Estos síntomas pueden producirse también por un mal descanso, por una fatiga emocional o por un estilo de vida poco adecuado, si no hacemos suficiente ejercicio o no bebemos suficiente agua, podemos sentirnos más lentos y torpes.
Niebla mental, cuando la lentitud afecta a nuestra capacidad de pensar
Si bien podemos sentir que esa lentitud es física, nos cuesta hacer algunos movimientos sin que sea torpemente, lo más frecuente es que esa fatiga sea mental. "La niebla mental afecta la capacidad de pensar con claridad, recordar información o mantener la atención", explican desde AGS Psicólogos. "Puede presentarse con varios síntomas, entre ellos la confusión y problemas para concentrarse o retener datos". Se siente como si los pensamientos fueran lentos o borrosos.
Son sensaciones que pueden durar unos momentos, pero en ocasiones se extienden por días y hacen que las tareas diarias sean más complicadas. Provoca sensación de confusión o fatiga, pérdida del hilo de los pensamientos y dificultad para acceder a la memoria, fatiga y agotamiento mental.
Tal y como señalábamos antes, el estrés suele ser una de las causas más frecuentes, así como la ansiedad o los estados depresivos. También la falta de sueño o descanso puede producirla, así como algunos cambios hormonales, como los que tienen lugar durante el embarazo o la menopausia.
Algunos medicamentos pueden tener efectos secundarios relacionados con la niebla mental y, en ese caso, desaparecerían al reducir la dosis o al retirarlo, algo que solo se puede hacer siguiendo las pautas del profesional sanitario que los haya recomendado. Hay ciertas condiciones médicas que pueden provocarla, como la COVID, algunas alergias o la fibromialgia, entre otras.
El estilo de vida también influye: una alimentación pobre o inadecuada puede provocar estos síntomas. El omega-3 que encontramos en pescados azules y frutos secos es bueno para el cerebro, también se recomienda tomar antioxidantes y alimentos ricos en vitamina B12, como huevos y productos lácteos. Un exceso de cafeína puede empeorar los síntomas de la niebla mental.
El ejercicio físico también es recomendable si queremos sentirnos mejor porque reduce la fatiga, pero también aumenta el flujo de oxígeno al cerebro, lo que favorece la concentración, la atención y el aprendizaje. Además, mejora el estado de ánimo.
Así, una vez que los expertos han descartado la posibilidad de que esos síntomas se deban a un deterioro cognitivo asociado al paso del tiempo o a una enfermedad neurológica como el párkinson, es probable que la causa de esa lentitud sean otras que podemos corregir con algunos cambios en nuestros hábitos de vida. Esto no siempre es sencillo, pero si es posible revertir ese malestar, no hay duda de que lo mejor es ponerse las pilas y seguir los consejos de los especialistas.
