Verano

¿Es bueno para tus pies ir en chanclas todo el verano?

Chanclas
Las chanclas, el calzado favorito del verano. Getty Images
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Con el verano las chanclas se convierten en el calzado favorito de muchas personas. Son frescas, ligeras y muy prácticas para ir a la playa, la piscina o dar un paseo corto. El problema empieza cuando pasan de ser un calzado ocasional a convertirse en la opción para recorrer la ciudad, hacer turismo o caminar durante horas. Es una costumbre muy extendida que, especialmente a partir de los 50 años, puede acabar pasándole factura a los pies.

No es que las chanclas sean perjudiciales por sí mismas. Lo que cuestionan los especialistas es emplearlas para una función para la que no fueron diseñadas. El pie necesita estabilidad, protección y capacidad para absorber los impactos, algo que este tipo de calzado apenas proporciona.

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"El pie no está preparado para llevar una chancla durante mucho tiempo. No es que la chancla sea mala, sino que lo es el tiempo que la usamos", explica el fisioterapeuta Oliver Lou en la cadena Ser. "Chanclas para la bajar a la piscina o para la playa, sí. ¿Para irse andar 10 kilómetros por Madrid? Pues no, porque los músculos del pie se van a irritar", subraya el experto.

No podemos obviar que, con el paso de los años, el pie también envejece. Los tejidos pierden elasticidad, disminuye la masa muscular y la almohadilla grasa que protege la planta y el talón se va adelgazando. Como consecuencia, cada apoyo contra el suelo resulta algo más exigente que décadas atrás.

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En este contexto, caminar largas distancias con unas chanclas supone un esfuerzo añadido. Al no sujetar el talón, el pie debe realizar un trabajo extra para impedir que el calzado se salga en cada paso. Los dedos tienden a flexionarse continuamente para sujetar la tira y los pequeños músculos de la planta permanecen activos durante más tiempo del que sería habitual.

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Ese sobreesfuerzo puede traducirse en fatiga muscular, irritación de los tejidos blandos y molestias por sobrecarga, sobre todo si se repite día tras día. El National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases (NIAMS) explica que las lesiones por sobreuso aparecen precisamente cuando músculos, tendones y otros tejidos se someten a esfuerzos repetitivos sin el tiempo suficiente para recuperarse.

Poca amortiguación

Otro de los inconvenientes de las chanclas tradicionales es su escasa capacidad para amortiguar los impactos. Suelen ser planas, muy flexibles y carecen del soporte que sí ofrecen otros zapatos para caminar.

En personas mayores de 50 años esta característica cobra todavía más importancia. El pie tolera peor los impactos repetidos sobre superficies duras como el asfalto o las aceras. Si además existen problemas frecuentes en estas edades, como fascitis plantar, artrosis, juanetes o alteraciones del arco plantar, la falta de soporte puede aumentar las molestias.

Cuando cambia la forma de caminar

Hay otro aspecto que suele pasar más desapercibido. Como ya hemos apuntado, para evitar que la chancla salga despedida, muchas personas cambian de forma inconsciente su manera de caminar. Flexionan más los dedos, dan pasos más cortos y cambian ligeramente el apoyo del pie.

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Puede parecer un detalle sin importancia, pero esa alteración de la marcha modifica cómo se distribuyen las cargas en tobillos, rodillas, caderas e incluso la zona lumbar. En un organismo joven estas adaptaciones suelen compensarse con facilidad. Sin embargo, a partir de los 50 años esas compensaciones pueden favorecer la aparición de molestias o agravar dolores que ya existían.

¿Significa todo esto que hay que dejar de usar las chanclas? En absoluto. Siguen siendo una opción excelente para la playa, la piscina o trayectos muy cortos. El problema surge cuando sustituyen al calzado habitual durante todo el verano. Algo tan sencillo como reservarlas para el momento adecuado puede marcar la diferencia entre terminar el día con una agradable sensación de descanso o con dolor en cada paso.