No es crisis, es realidad: lo que descubres sobre tu vida a partir de los 50

Al cumplir 50 años sentimos ha pasado suficiente tiempo como para sentarnos a recapitular, pensar en todo lo que hemos conseguido
Cinco cosas que hace 50 años eran impensables y hoy forman parte de la vida diaria (más allá de Internet)
MadridHay momentos en la vida que parecen ser importantes para todo el mundo o para casi todos, y eso hace pensar que no es una percepción, sino que esconden más de lo que parece. Es lo que sentimos al cumplir los 18, una fecha que marca la mayoría de edad, el fin de una era y el comienzo de otra. Muchos se encuentran en una encrucijada similar al cumplir los 30, un momento clave en la vida en el que nos planteamos si estamos en el buen camino.
Con los 50 sucede algo similar, pero nos pasa en un momento muy diferente de la vida. Cumplir 50 años se siente como una suerte de paso de ecuador, han pasado suficientes años de nuestra vida como para sentarnos a recapitular, pensar en todo lo que hemos conseguido, las metas que hemos alcanzado y todos los cambios de opinión por los que hemos pasado a lo largo de la vida.
Es una época de cambios, físicos y emocionales, también de descubrimientos y, si bien a menudo asociamos esta edad con una crisis de personalidad, lo cierto es que para mucha gente es todo lo contrario; es el momento en el que más cómodos están en su piel y deciden vivir su vida como siempre han deseado, sin que nada ni nadie les presione.
Lo que descubres sobre tu vida a partir de los 50
Una vez cumplidos los 50, podemos pensar que comienza la cuesta abajo, que el mejor momento de nuestra vida ya ha pasado y ahora solo nos queda ir perdiendo facultades físicas y mentales. Esto no podría estar más alejado de la realidad porque lo que suele suceder es que comenzamos a sentirnos más cómodos en nuestra propia piel, más seguros de nosotros mismos y de quienes somos.
Hay ciertas cosas que aprendemos sobre nosotros mismos y sobre los demás, aprendizajes que se obtienen a través de la experiencia, como entender que la vida no es una carrera, lo que hace que dejemos las prisas de lado, en todos los aspectos de la vida. Se aprende que el fracaso no es una derrota, que se puede volver a intentar (y volver a fracasar), pero que lo importante es aprender del proceso. También se apuesta por tener relaciones más auténticas y no intentar cambiar a las personas, tenemos cerca a quienes nos aportan y dejamos de intentar tener cerca a aquellos que en realidad no quieren estar.
Una de las cosas que también se aprende con la edad y que supone una gran liberación para muchas personas es darse cuenta de que la opinión de los demás deja de tener importancia (en la mayoría de los casos). Llegados a cierto punto de la vida dejamos de buscar la aprobación de los demás, porque ya no se necesita, aprendiendo que la única aprobación que se necesita es la de uno mismo, al vivir acorde con nuestros propios principios y metas.
Suele ser una etapa de mayor estabilidad y serenidad, dejas de compararte y esperar perfección de la vida, centrándote en lo que verdaderamente importa. También te das cuenta de que nunca es tarde para volver a empezar, algo que puede que hayas tenido que afrontar tras una situación complicada que no te ha dejado más remedio que darte cuenta de que tienes mucha vida por delante y lo mejor es vivirla de la manera en la que la sientas adecuada.
Esto no quiere decir que, tras cumplir 50, sea todo un camino de rosas, hay cambios físicos que son inexorables y que hay que saber afrontar de la mejor manera posible. Por ejemplo, a partir de esa edad las mujeres afrontan la menopausia y los hombres la andropausia, lo que altera el cuerpo, las hormonas y la libido. Aparecen los primeros achaques, el metabolismo se ralentiza, se pierde flexibilidad y hay una mayor pérdida muscular, lo que hace que sea necesario esforzarse más por estar saludable.
Es bastante frecuente atravesar un periodo de reflexión, donde se analiza el momento en el que nos encontramos y si hemos alcanzado esas metas y sueños que teníamos en nuestra juventud. A menudo, el resultado es un poco desilusionante. También suelen darse pequeñas decisiones que en realidad suponen grandes cambios, suele coincidir con la etapa en la que los hijos abandonan el nido, lo que implica que la manera en la que hemos vivido hasta el momento se transforma.
Hasta que conseguimos encontrarnos a nosotros mismos y aprendemos a vivir con todos los cambios, no es raro experimentar una época de incertidumbre, de temor ante el final de nuestra vida, porque el paso del tiempo se vuelve más real. Lo ideal es que esto sea solo una etapa de la que salgamos con ganas y energía de seguir disfrutando de todo lo que la vida tiene para ofrecer, pero en caso de que sintamos que nos cuesta, una buena idea es buscar ayuda profesional para lograrlo.

