Bienestar

La generación que mantiene a hijos y padres al mismo tiempo: el fenómeno que preocupa a economistas y sociólogos

La Generación sándwich o cómo sobrevivir encajonados entre el cuidado de los padres y de los hijos.. Getty Images
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Existe en el interior de casi todas las familias españolas un actor cuyo rol pasa desapercibido en las estadísticas macroeconómicas y en buena parte de la conversación pública, pero cuya contribución silenciosa está sosteniendo hoy la estabilidad de millones de hogares. No es un colectivo profesional ni un grupo político. Es una franja de edad, entre los cuarenta y cinco y los sesenta años, y sobre ellos recae simultáneamente el cuidado de unos padres cada vez más longevos, y también de unos hijos que se emancipan cada vez más tarde. 

Los sociólogos lo llaman generación sándwich, y los economistas empiezan a estudiarla como una anomalía estructural del sistema de bienestar actual. Las últimas cifras sobre gasto familiar en España sugieren que su tensión no solo no cede, sino que se profundiza cada año.

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Asimetría económica

Comparados con la media nacional, los hogares españoles con hijos han perdido posición relativa de gasto de forma continuada durante dos décadas: entre 2006 y 2025 su índice ha caído entre seis y once puntos, en función del número de menores en el hogar. En el mismo intervalo, los hogares encabezados por personas de 65 años o más han pasado de situarse un 20% por debajo de la media (índice 80) a superarla por primera vez en la serie histórica (índice 105). La crisis financiera, la pandemia y la escalada del coste de la vivienda no han hecho más que acentuar un movimiento tectónico: la seguridad económica ha migrado hacia arriba en la pirámide etaria.

Ese desplazamiento tiene un contrapunto contable devastador para las familias jóvenes. Según el informe El coste de la crianza de Save the Children, tener un hijo en España cuesta hoy 758 euros mensuales de media, lo que supone unos 9.096 euros al año, con un acumulado de cerca de 154.000 euros hasta los dieciocho años. Si se prolonga este cálculo hasta la emancipación efectiva, que en el caso de los varones se sitúa hoy en los treinta y un años, la cifra se eleva hasta los 335.000 euros.

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En medio de esa presión aritmética se encuentran hoy los pertenecientes a la Generación X, que están en la horquilla de los cuarenta y cinco a los sesenta. Constituye unos 12,2 millones de personas y acumula un gasto anual de 236.000 millones de euros, convirtiéndose en la columna vertebral del consumo, y que además influye en las decisiones de padres e hijos al mismo tiempo.

Cuando la ayuda va en la dirección inesperada

Precisamente porque la balanza de ingresos se ha invertido en la última década, el papel de sostén financiero no siempre lo asume la generación intermedia. El VI Barómetro del Consumidor Sénior dibuja un mapa contraintuitivo: el 42% de los españoles mayores de 55 años ha prestado apoyo económico a sus hijos en el último año, el 52% al conjunto de su entorno familiar y cercano, y hasta un 2% ha ayudado incluso a sus propios padres. 

El grueso de esas transferencias (el 71%) se dirige a personas menores de cuarenta años, pero un llamativo 32% va a hijos que ya han superado los cuarenta y uno. Es decir, un tercio de los sénior que ayudan económicamente lo hacen en beneficio de adultos que teóricamente deberían estar en su fase de plena autonomía financiera.

Una anomalía estructural que preocupa 

La convergencia de todos estos datos dibuja una anomalía que economistas y sociólogos empiezan a etiquetar sin eufemismos como problema estructural. La generación intermedia está atrapada entre dos exigencias contradictorias: cuidar y frecuentemente ayudar económicamente a unos padres cada vez más longevos, y sostener a unos hijos cuya autonomía financiera se pospone bien entrada la treintena. Cuando los abuelos se retiren por edad de esa función, la generación sándwich se encontrará no solo con las mismas obligaciones intergeneracionales, sino sin el respaldo silencioso que hasta hoy amortiguaba el impacto. 

Ninguna política pública ha empezado todavía a plantear respuestas específicas a esta situación. Los estudios coinciden en advertir que la solidaridad familiar, por admirable que sea, no puede sustituir indefinidamente las políticas de vivienda, empleo y dependencia que otros países europeos han institucionalizado. Se trata pues de una realidad que está siendo silenciosamente asumida por millones de familias españolas. Y por eso mismo ha permanecido, hasta ahora, invisible.