Tus hijos no piensan como tú: el choque silencioso que empieza a los 45

Cada nueva generación tiene una forma diferente de pensar y de moverse por el mundo, porque es un mundo distinto
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Los padres crían a los hijos con la intención de que sean buenas personas, lo que no implica que se dejen pisar, se busca que sean fuertes, independientes, que aprendan a valerse por sí mismos. A pesar de que esto sea lo que se busca inculcar en ellos, sorprende descubrir que, llegados a cierto punto, los hijos piensan de una forma muy diferente a los padres.
Esto es algo que es especialmente evidente a partir de los 45 años, cuando los hijos pasan a ser adolescentes o jóvenes trabajadores, una nueva generación que se enfrenta a un mundo que los padres desconocen a pesar de que también viven en él, porque ya no es el mismo. Ese mundo en el que ellos comienzan su vida laboral y tienen sus primeras relaciones no es el mismo en el que sus padres comenzaron su vida laboral y tuvieron sus primeras relaciones, y es más evidente que nunca.
Este choque generacional no es nuevo, al fin y al cabo, este es un concepto que existe desde hace mucho tiempo. Es probable que los padres de nuestros padres ya lo emplearan, pero el momento de vivirlo en primera persona hace que todo sea completamente diferente. La realidad se presenta ante nosotros y nos golpea de frente, haciendo que los padres tengan que asumir que, efectivamente, sus hijos no piensan como ellos, y eso no es algo necesariamente negativo.
Tus hijos no piensan como tú: el choque silencioso que empieza a los 45
Un estudio realizado por la Universidad de Edimburgo ha demostrado que el refrán 'de tal palo, tal astilla' no es tan cierto como los amantes del refranero español pensaban. De hecho, lo que ha probado ese estudio es que los hijos tienen por qué compartir rasgos de personalidad con sus padres. Los investigadores descubrieron que es casi imposible predecir la personalidad de un niño basándose en la de sus padres.
Alrededor de un 40% de los rasgos de personalidad se consideran similares a los del familiar (padres, hermanos, familiares cercanos), sin embargo, esta cifra es bastante similar a la que se obtiene con un desconocido. Esto, según explicaron los investigadores, no quiere decir que los rasgos de personalidad no se hereden, sino que no es un factor demasiado significativo. "No hay pruebas de que las experiencias que conlleva compartir una familia hagan que las personas sean más parecidas entre sí", explicó el doctor Mottus, autor del estudio, a Mail Online.
Tal vez esto ayude a poner en perspectiva ese choque que se comienza a tener pasados los 45, tu hijo no es como tú y tampoco piensa de la misma manera, y los factores que hacen que esto suceda son muy variados, desde la educación a la naturaleza misma del ser humano.
Esta diferencia en la manera de pensar y actuar es algo que se puede apreciar en distintos ámbitos de la vida, siendo el trabajo uno de ellos. A unas generaciones las educaron para trabajar sin quejarse, aceptar lo que tenían delante y tratar de hacer lo mejor posible con lo que tenían delante. Esto ya no es así exactamente para las nuevas generaciones, que ya no quieren vivir para trabajar, sino que buscan trabajar para vivir. No quieren aceptar las condiciones que vieron que hacían infelices a sus padres y esperan para ellos un futuro mejor. Una esperanza compartida para todas las generaciones venideras.
Su forma de entender el trabajo, de ver la vida, de comprometerse y responsabilizarse no es la misma. Los hijos piensan distinto porque se mueven en un mundo que es diferente, que espera de ellos algo distinto y eso es importante saberlo. Las cosas que antes se anhelaban no son iguales a las que se desean ahora, tampoco lo que se esperaba de las generaciones anteriores se espera de las actuales.
No todos comparten la manera de pensar de sus padres y es probable que esto sea porque sus padres les han enseñado a pensar por ellos mismos… y eso está bien, aunque sea un resultado que no es sencillo de aceptar.
Las claves para criar hijos independientes
Conseguir que los pequeños lleguen a ser más independientes no es un proceso sencillo, escuelas de enseñanza como la Montessori abogan por ello, por lo que seguir pautas como las que ellos dan puede ayudar a conseguirlo. En general, es esencial comenzar desde que son pequeños, inculcando en ellos las bases que serán clave a lo largo de su madurez.
Para ser independientes, necesitan confianza, tienen que aprender a resolver sus propios retos, sin que los padres intenten solucionarlo antes de darles la oportunidad de lograrlo por sí mismos, incluso si el camino que escogen para hacerlo no es el mismo que hubieran seguido sus padres. Tienen que hacer cosas solos, tomar decisiones (aunque sea escoger entre qué dos pantalones ponerse o qué cuento quiere leer), colaborar en casa…
También es esencial que entienda que hay normas y límites, los padres deben evitar sobreprotegerles, pero intentar pasar con ellos tiempo de calidad, escuchando lo que tengan que contar, fortaleciendo así su autoestima.

