Salud

Leer novelas de manera habitual puede frenar el deterioro cognitivo y alargar la vida

Mujer adulta leyendo un libro
Leer mantiene la mente activa. Getty Images
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Hay placeres cotidianos que pueden ser más valiosos de lo que creemos. Leer una novela antes de dormir, sumergirse en una historia durante una tarde tranquila o acompañar a un personaje a través de sus alegrías y dificultades son actividades que proporcionan disfrute y evasión. Pero también podrían estar contribuyendo a mantener nuestra mente activa, mejorar nuestra comprensión de los demás e incluso favorecer nuestra salud a largo plazo.

Una revisión académica publicada en la revista 'Current Opinion in Psychology' ha reunido buena parte de la evidencia acumulada hasta ahora sobre los efectos de la lectura de historias y apunta a una conclusión interesante para quienes disfrutan de los libros.

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El trabajo, titulado 'The benefits of reading narrative fiction' y firmado por los investigadores Raymond A. Mar, Rebecca J. Dunk y Lilly H. Shoemaker, de la Universidad de York, en Canadá, examina qué aporta específicamente la ficción narrativa, es decir, las historias protagonizadas por personas que persiguen objetivos, afrontan dificultades, experimentan emociones y establecen relaciones.

El lenguaje se fortalece

Uno de los aspectos más interesantes de la revisión es la relación entre ficción y habilidades lingüísticas. Aunque tradicionalmente se ha atribuido un mayor valor formativo a los ensayos, los textos informativos o los manuales especializados, las investigaciones recopiladas apuntan a que la lectura de ficción está especialmente relacionada con el desarrollo verbal.

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Las novelas y los cuentos exponen al lector a vocabulario, estructuras gramaticales y formas de expresión diversas. También le invitan a interpretar conversaciones, comprender intenciones y seguir narraciones complejas. Pero, sobre todo, la ficción suele despertar una motivación especial para continuar leyendo, para saber qué sucederá después. Esa motivación favorece la continuidad del hábito. Y es precisamente la práctica sostenida la que puede contribuir a consolidar las habilidades lingüísticas.

Un gimnasio para las relaciones humanas

La ficción nos permite acceder a la vida interior de personas que, en ocasiones, tienen experiencias, valores y circunstancias muy alejados de los nuestros. Al seguir sus pensamientos, comprender sus decisiones y acompañarlas en situaciones difíciles, realizamos una especie de ensayo mental de las relaciones humanas.

En una novela podemos comprender las razones de un personaje con el que inicialmente no simpatizamos, anticipar cómo reaccionará ante una dificultad o descubrir que una conducta aparentemente incomprensible responde a circunstancias que desconocíamos. Este ejercicio puede contribuir a desarrollar la empatía, la capacidad de adoptar perspectivas diferentes y el conocimiento social.

Vínculos más sólidos

Uno de los estudios recogidos en la revisión siguió durante aproximadamente medio siglo a más de 2.000 adolescentes. Quienes dedicaban más tiempo libre a la lectura terminaron mostrando una mayor frecuencia de interacción con familiares y amigos en la edad adulta. La relación se mantenía después de considerar factores como el nivel educativo, los ingresos y la situación socioeconómica.

Este resultado no demuestra que leer sea la causa directa de una vida social más activa, pero sí plantea que las habilidades de comprensión interpersonal que se practican mediante las historias podrían acompañar a las personas a lo largo de su trayectoria vital.

¿Puede leer ficción ayudar a prevenir el deterioro cognitivo?

Es una de las cuestiones que más interés despierta, especialmente a partir de los 50 años, cuando preservar la memoria, la atención y otras capacidades mentales se convierte en una preocupación habitual.

La revisión reúne investigaciones que relacionan la lectura frecuente con un deterioro cognitivo más lento durante la vejez. También examina trabajos sobre actividad cerebral y conectividad neuronal que ayudan a comprender por qué las actividades intelectualmente estimulantes podrían contribuir a mantener las capacidades mentales. La ficción, en particular, plantea exigencias cognitivas específicas.

Seguir una novela extensa requiere recordar personajes, reconstruir acontecimientos anteriores, interpretar motivaciones, relacionar distintas tramas y anticipar posibles desenlaces. En ocasiones, además, obliga a revisar nuestras primeras impresiones cuando aparece información nueva. Es un ejercicio que combina memoria, lenguaje, atención y razonamiento social.

Libros y longevidad

La conexión entre lectura y esperanza de vida es otro de los aspectos destacados. Uno de los estudios citados siguió a más de 3.500 adultos mayores estadounidenses y encontró que quienes leían libros presentaban una ventaja de supervivencia de aproximadamente 23 meses respecto a quienes no lo hacían.

La comparación se realizó tomando como referencia el momento en que había fallecido el 20% de cada grupo. El efecto observado fue más acusado para la lectura de libros que para la de periódicos o revistas.

Un segundo estudio, realizado con más de 6.500 adultos finlandeses y un seguimiento de 19 años, encontró una asociación entre la lectura de literatura y una menor mortalidad. El trabajo también examinó la escucha de música y observó asociaciones favorables con la supervivencia.

La principal aportación de la revisión de Mar, Dunk y Shoemaker es reunir evidencias que, examinadas por separado, podrían parecer dispersas. La ficción aparece relacionada con el lenguaje, la comprensión emocional, las habilidades sociales, las actitudes hacia otros grupos, la cognición y el bienestar. Y corrobora que una actividad tan íntima y placentera como pasar las páginas de un libro puede acompañarnos durante décadas, enriqueciendo nuestra vida intelectual y emocional mientras seguimos descubriendo historias nuevas.