Tocar el piano, arqueología o modelismo de trenes: el salto de decidirte a empezar lo que siempre deseaste

Despedido ya el verano, esta es la época perfecta para plantar cara a la soledad y descubrir una nueva afición, según recomiendan los expertos
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MadridOctubre es el mes en el que la vuelta a la rutina se hace oficial. Por mucho que se haya alargado el regreso, el verano -y el veranillo- ya queda definitivamente atrás. Pero no todo son malas noticias: también es un mes interesante para hacer un reset y descubrir nuevos intereses o recuperar antiguas aficiones. Esta decisión puede tener beneficios especialmente interesantes a partir de los 50 años.
Hace unas semanas, el paleontólogo Juan Luis Arsuaga recomendaba, como un antídoto contra la soledad, buscarse una actividad para ponerse en contacto con personas con intereses similares. En su caso, él forma parte de la Sociedad Geográfica Española, que organiza viajes y distintos eventos relacionados con la historia, la arqueología o la investigación. "Búsquese una afición, así siempre podrá encontrar a gente como usted", explicaba Arsuaga.
A Marina López siempre le había apetecido empezar a hacer pilates. Ha esperado a los 58 años a hacerlo: "Supongo que, con los hijos ya fuera de casa, era el momento perfecto", explica. Para desterrar la pereza se ha buscado un centro cerca de su casa, en Carabanchel. "Acabo de empezar y ya he conectado con algunos compañeros. Creo que cuando te une un interés común es más sencillo".
Más tiempo lleva vinculado Ramón Viñuales, de 64 años, a la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Madrid. "Me apunté hace unos siete u ocho años porque el mundo de los trenes siempre me había gustado mucho desde niño". En su caso, le fascinan especialmente las maquetas de trenes. Este año, además, se ha estrenado como vocal en la asociación. "Actualmente, estamos cambiando una maqueta analógica para que funcione digital. Soy ingeniero técnico industrial de formación y es una manera de aportar mi conocimiento", cuenta Viñuales, que explica que a la asociación acuden "desde niños de 10 años con sus padres hasta personas de más de 70 años".
Para Eugenio Gutiérres, de 68 años, disponer de más tiempo libre tras la jubilación le hizo pensar en buscar alguna actividad a la que dedicarse, una de esas cuentas pendientes para las que uno necesita alguna hora libre. "De repente, reparé en que tenía en casa un piano que en su momento había comprado para mi hijo", explica. "Además, yo había estudiado en un colegio alemán en el que había dado clases de solfeo, así que era el momento perfecto de retomar esa afición. Así que empecé a tomar clases de piano".
Fernández, que lleva cuatro años apuntado, disfruta así de una afición retomada que le permite ahora tocar "algún preludio de Bach" y, sobre todo, mantenerse "neuronalmente activo, porque, al final, tienes que aprenderte piezas para ejecutarlas".

Cultivar una nueva afición amplía nuestra red social
Apuntarse a clases de baile, teatro, canto, cerámica, literatura, deporte o cualquier otra actividad compartida no tiene por qué ser únicamente una forma de ocupar el tiempo libre. Para Jorge Espí, psicólogo especializado en relaciones humanas, puede ser una manera de ampliar la red social.
"El ser humano tiene una cierta necesidad como animal social de buscar comunidades de personas con las que tienes algo en común y que te suponen parte de una red de apoyo", explica el psicólogo.
Con el paso de los años, los círculos sociales pueden ir reduciéndose o concentrándose en perfiles muy concretos. Según Espí, "El trabajo, la pareja, la familia o la proximidad hacen que muchas veces las relaciones se desarrollen dentro de un núcleo cada vez más reducido".
En este contexto, participar en una actividad permite ampliar esos círculos y crear una red de apoyo diferente. "No se trata únicamente de hacer nuevos amigos, sino también de encontrar personas con las que compartir intereses que quizá no coinciden con los de la pareja, la familia o el entorno más cercano", señala Espí.
Salir de la zona de confort también se entrena
Otro de los aspectos que el psicólogo considera especialmente importantes es la posibilidad de enfrentarse a situaciones nuevas. Espí apunta que, a medida que las personas acumulan experiencias vitales, pueden ir cerrándose a la hora de ampliar sus intereses o sus relaciones. "Está claro que si me quedo en lo cómodo voy a estar bien pero a veces eso te hace perder cosas que también te harían sentir estupendamente", explica.
Probar una clase de teatro, canto, baile o cerámica implica, a veces, exponerse a algo que no se domina y descubrir, mediante ensayo y error, si realmente te gusta. Para Espí, el aprendizaje que se produce al enfrentarse a situaciones desconocidas también tiene un valor psicológico.
"El intentar salir de la zona de confort y el entrenar esa práctica de enfrentarse a lo incómodo, a lo desconocido, a lo extraño", señala, "ayuda a ampliar un poco tu universo".
Según el psicólogo, exponerse a experiencias nuevas permite además desarrollar la capacidad de adaptación. "Tu cerebro aprende a hacer frente a cosas que pueden resultar novedosas, incómodas, raras... Descubres mucho sobre ti mismo y creo que además promueve mucho la capacidad de adaptación", afirma.
Que una actividad no resulte fácil desde el primer momento no significa necesariamente que haya sido una mala elección. El psicólogo considera importante analizar cómo se ha vivido realmente la experiencia. "Los primeros días pueden estar marcados por la inseguridad, la sensación de no controlar una actividad o incluso cierta vergüenza".
Sin embargo, sí considera importante valorar lo ocurrido con perspectiva. "Si somos sinceros y honestos con la experiencia, la mayor parte de las veces no es tan terrible como me la he imaginado en mis peores momentos", apunta. Por eso, la segunda vez que se acude a una actividad puede afrontarse de una manera diferente. "La persona ya conoce el espacio, ha tenido un primer contacto con el grupo y sabe qué puede esperar".

La soledad elegida no es lo mismo que el aislamiento
Participar en actividades grupales también puede ayudar a abordar determinadas situaciones de soledad, aunque Espí hace una distinción importante entre estar solo por elección y aislarse por miedo.
"Creo que el tiempo en soledad, cuando es una soledad elegida, es algo que es verdaderamente positivo", explica. "Esos momentos pueden servir para conectar con uno mismo, con los propios intereses y con las emociones".
El problema aparece cuando la soledad no es buscada, sino que está relacionada con el miedo a relacionarse o a enfrentarse a situaciones nuevas. "Muchas veces dejamos de hacer cosas o nos cerramos círculos por miedo. Por miedo a lo desconocido, a lo que es nuevo, a lo que pueda ser incómodo...", señala. Como remedio, encontrar una actividad compartida puede ser una forma de recuperar esa conexión con otras personas sin renunciar a los momentos de soledad elegida.
Seguir aprendiendo después de los 50
Más allá de las relaciones sociales, existe otro beneficio: el aprendizaje. Para Espí, continuar incorporando conocimientos y enfrentándose a pequeños desafíos resulta importante también a partir de los 50.
"A nivel mental, un cerebro se enriquece mucho de seguir aprendiendo, de que sigamos pidiéndole desafíos, aunque sean pequeños y ajustados a las limitaciones", explica. "Cuanto más provoco que mi cerebro se esfuerce a esas edades, mejor, porque mantengo mucho más su plasticidad", afirma el psicólogo.
Por eso, señala que octubre puede ser un buen momento para hacerse una pregunta sencilla: "¿Hay algo que siempre he querido probar y todavía no me he atrevido?". La respuesta puede ser una actividad que a uno le guste y que ahora se quiere compartir con otras personas. O puede ser algo completamente desconocido. En ambos casos, la clave está en darse la oportunidad de salir de lo habitual, conocer a otros y comprobar que cumplir 50, 60 o más años no significa dejar de aprender, experimentar y ampliar los propios horizontes.

