VIDEOJUEGOS

Volver a los videojuegos a los 50: "No jugamos para evadirnos: estamos extendiendo nuestra vida"

Un hombre sonríe con un mando de la videoconsola en la mano
Muchos adultos están retomando el mando de la consola. (Getty)
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Esther Sánchez es filósofa, de las que leen a los clásicos y se hacen preguntas trascendentales sobre la existencia, pero también es ‘gamer’, con lo que no es extraño verla sentada de madrugada con un mando en la mano. Esa doble vida no es una anécdota, es su manera de mirar el mundo. 

Filósofa y maestra de formación, pero jugadora desde niña, ha decidido tomarse en serio algo que desde hace décadas el mundo entero mira con recelo y plasmar sus pensamientos y conclusiones en ‘Videojuegos y filosofía’ (Shackleton Books), su libro recién publicado, una obra a la que conviene echar un vistazo antes de volver a juzgar a quien juega.

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Porque la pregunta que le lanzamos es la del lector que ronda los cincuenta, el que se estrenó las recreativas —mucho antes de que siquiera estuvieran sobre la mesa las adicciones, el peligro de las pantallas o el aislamiento social— y hace años que dejó el mando en un cajón: ¿tiene sentido volver? Ella no lo duda.

Pero empecemos por el principio y, quizá, lo que más puede llamar la atención en un discurso como el de Esther porque, a priori, uno no puede ver más alejado el mundo de la filosofía del de los videojuegos. "En un primer acercamiento parece que son dos mundos diametralmente opuestos, pero cuando empiezas a reflexionarlo vas viendo cómo se acercan el uno al otro. Los videojuegos ya no son algo que esté sucediendo al margen de nuestra existencia. Cada vez pasamos más tiempo en esos espacios, tomamos decisiones en ellos, construimos identidades, nos relacionamos con otras personas, incluso experimentamos emociones", explica.

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A partir de ahí, dice, el salto es casi obligado para alguien con su formación: "Empecé a preguntarme qué ocurriría en el momento en que dejásemos de considerar el videojuego como un producto de entretenimiento y de ocio, y empezásemos a analizarlo como un espacio en el que también estamos manifestando lo humano. Muchos videojuegos plantean cuestiones que son clásicas en la filosofía. Quiénes somos, qué significa ser libres, cómo tomamos decisiones, el cuerpo y la identidad, incluso qué es una vida buena".

Muchos videojuegos plantean cuestiones que son clásicas en la filosofía. Quiénes somos, qué significa ser libres, cómo tomamos decisiones, el cuerpo y la identidad, incluso qué es una vida buena

Le apuntamos la objeción más común, la que repite cualquiera que no juega: la gente coge el mando para huir del mundo, para desconectar. La pregunta le suena. La ha escuchado cientos de veces, pero no comparte la reflexión: "Creo que esto, al final, es uno de los prejuicios con los que carga el videojuego. Yo creo que no jugamos simplemente para evadirnos, igual que no es solo ocio o entretenimiento. No estamos escapando realmente: seguimos viviendo. Estamos extendiendo nuestra vida, incluso amplificándola. Me gusta decir que casi jugamos conociéndonos a nosotros mismos. El mundo virtual no es un decorado del que uno entra y sale. No es un mundo irreal, no es otra dimensión aparte, sino que es una extensión, es parte de la realidad", asegura.

Un laboratorio seguro

¿Y qué puede ganar, en concreto, quien juega? Aquí la filósofa se vuelve práctica. Lo primero que nombra es la capacidad de decidir: "Un videojuego es un laboratorio de pruebas, y además muy seguro, porque no nos puede pasar nada sobre este cuerpo biológico que somos. Es un entorno muy seguro en el que podemos hacer prácticamente cualquier cosa, porque tampoco hay castigos".

Un videojuego es un laboratorio de pruebas, y además muy seguro, porque no nos puede pasar nada sobre este cuerpo biológico que somos

Esa impunidad, insiste, no es una trampa: es justo lo que permite aprender. "Uno llega a aprender a tomar decisiones mucho mejores y esto, además, impacta en el mundo físico. Muchas veces apagas la consola y te vas incómoda a la cama por cómo has jugado, y eso te hace pensar. Al final es darle vueltas a la cabeza y darte cuenta de que igual en tu vida están pasando cosas que no deberían pasar, o hay algo que no estás haciendo", reflexiona.

Atención y memoria

Sánchez González, además, reivindica el videojuego como gimnasio de la cabeza. "Los videojuegos son herramientas muy útiles para potenciar otras capacidades, como las cognitivas: por ejemplo, atención y memoria. También para gestionar la frustración y el estrés. Creo que esto a todos los adultos nos viene muy bien", apunta.

Los videojuegos son herramientas muy útiles para potenciar otras capacidades, como las cognitivas: por ejemplo, atención y memoria

A esta conclusión llega desde la perspectiva que le ofrece su propia biografía de jugadora empedernida. "He dedicado muchísimas horas a los videojuegos, que realmente nunca me han quitado tiempo de las obligaciones", reconoce, antes de reclamar sentido común y una relación sana con el juego: “Debe permitirnos disfrutarlo sin que termine desplazando otras dimensiones que también necesitamos para vivir: descansar, relacionarnos presencialmente, estudiar, trabajar e incluso aburrirnos".

Pero retrocedamos al comienzo de estas líneas y al lector que jugó de niño, pisó los recreativos y hoy quiere volver. ¿Qué tipo de juego le encaja? La respuesta de Sánchez González es casi una declaración de tribu. "Para los que somos un poco más old school, lo que nos sigue llamando la atención son los videojuegos en los que la historia es potente, meterte en tu videojuego, empezar a habitar ese personaje, descubrir el mundo que te está ofreciendo y empezar a desentrañar la historia". 

Nada que ver con lo que consumen los más jóvenes: "A los jugadores más clásicos no les suele gustar tanto jugar en línea. El multijugador, ese estar permanentemente conectado, es cosa de niños y adolescentes; el que vuelve a los cincuenta busca otra cosa, un relato que le atrape como le atraparía una buena película o una buena novela”, sentencia.

El que vuelve a los cincuenta busca otra cosa, un relato que le atrape como le atraparía una buena película o una buena novela

Por dónde empezar

Puestos a recomendar un primer título a alguien que no ha tocado un mando en décadas —o que no lo tocó nunca—, Sánchez González no titubea. "Yo siempre recomiendo ‘Life is Strange’, soy muy pesada con este videojuego". Habla del original, lanzado en 2013, y de por qué funciona incluso para el más novato: "Su mecánica es que puedes tomar decisiones durante todo el videojuego de manera totalmente activa: todo el rato te está saltando en la pantalla qué decisión tomar".

La gran barrera del que llega tarde suele ser la torpeza con el mando, el miedo al ridículo. También ahí tranquiliza nuestra experta: "Para alguien que no haya jugado nunca es sencillo, porque no tienes que manejar tanto al personaje, no necesitas unas habilidades muy gamer para moverte. Al final es como si estuvieses viendo una película, porque es una aventura gráfica; lo que pasa es que tienes que darle al botón para tomar decisiones".

¿Merece la pena entonces rebuscar en los cajones y volver a tomar el mando? "Seguro, en cualquier momento de la vida, incluso en los que podamos catalogar como malos, el estarlo pasando mal por un cambio, por una situación, ese es el momento. Ahí sí que te ayudan a evadirte. A veces te puedes llegar a olvidarte de las dolencias físicas y las enfermedades, a no acordarte del dolor", explica.

En definitiva, Esther defiende el juego como una herramienta más para conocernos, sea en la situación vital que sea. ‘Abandonar’ nuestro cuerpo para meternos en la piel de un personaje nos puede ayudar a apartarnos de muchas cosas: "No dejas atrás únicamente el cuerpo biológico: también dejas atrás tus sesgos culturales, tus prejuicios, tus estereotipos, las normas, las leyes e incluso el sistema de valores. Empiezas a conocer rasgos de tu personalidad que igual de otro modo no podrías".

Esther —sí, ella también— no escapa a esta realidad y muchas veces enciende la consola para recuperar la niña que fue. No lo esconde: "Ahora estoy muy nostálgica. Con todo esto que está pasando con PlayStation y el tema del formato físico, tengo muchas ganas de ir a alguna tienda retro y empezar a rescatar joyas, que ya no tengo".