¿Convertir centros comerciales vacíos en residencias para mayores? La propuesta que ya plantean en Canadá
Los antiguos centros comerciales ya disponen de grandes superficies, aparcamientos, accesos consolidados y transporte cerca
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¿Qué hacer con un centro comercial que ha perdido buena parte de sus tiendas y visitantes y está abocado al cierre? Algunas ciudades están estudiando cómo transformar estos grandes espacios vacíos en barrios con viviendas, zonas verdes y servicios. La idea adquiere aún más sentido cuando se combina con otra necesidad creciente, la de ofrecer a las personas mayores hogares adaptados, próximos a los servicios cotidianos y que permitan conservar la autonomía durante más tiempo.
Canadá es uno de los países donde este debate está más candente. La combinación de una población que envejece, dificultades para acceder a una vivienda asequible y grandes superficies comerciales susceptibles de reconversión está impulsando nuevas formas de pensar la ciudad. Ya hay estudios y proyectos para aprovechar oportunidades urbanísticas y financieras que puedan facilitar la conversión de centros comerciales vacíos en viviendas para adultos mayores.
En su informe de otoño de este año, la Corporación Canadiense de Hipotecas y Vivienda (CMHC) señala que el país necesitaría construir entre 417.000 y 469.000 viviendas anuales hasta 2036 para recuperar los niveles de asequibilidad anteriores a la pandemia.
Ante este panorama, aprovechar edificios existentes puede contribuir a ampliar la oferta residencial. Y si las nuevas viviendas responden también a las necesidades de una población cada vez más longeva, la transformación puede abordar dos desafíos a la vez.
De comprar a vivir
Los antiguos centros comerciales ofrecen ventajas que se deberían tener en cuenta. Suelen disponer de grandes superficies, aparcamientos, accesos consolidados y, en algunos casos, conexiones de transporte público. Si se encuentran en zonas urbanas bien comunicadas, pueden convertirse en el punto de partida de comunidades con apartamentos, comercios, consultas, farmacias, restaurantes, centro de día, salas para talleres, zonas ajardinadas y espacios donde reunirse.
Para una persona de más de 65 años, poder hacer la compra, acudir a una consulta o participar en una actividad sin recorrer largas distancias puede marcar una diferencia considerable en su vida cotidiana.
La CMHC ya ofrece financiación en condiciones favorables para construir viviendas de alquiler destinadas a mayores independientes y también para convertir edificios no residenciales en alojamientos de este tipo. Entre los requisitos del programa figuran un mínimo de 50 viviendas independientes por proyecto y determinadas condiciones de asequibilidad.
De momento, hay varios proyectos en marcha que apuntan hacia la conversión de antiguos espacios comerciales en barrios donde vivir, acceder a servicios y hacer vida social. En Montreal, la renovación de Place Versailles prevé crear un nuevo barrio con unas 5.805 viviendas, alrededor de 979 de ellas sociales, además de comercios, parques y una escuela. En Vancouver, la remodelación de Oakridge Centre combina viviendas, equipamientos comunitarios y un centro para mayores.
Edmonton, por su parte, prevé reconvertir City Centre Mail en un complejo de usos mixtos con unas 1.500 viviendas en una primera fase. En Calgary, el plan para Symons Valley Centre contempla parcelas destinadas a vivienda y usos mixtos junto a una nueva biblioteca y espacios comunitarios.
Ninguno de estos proyectos equivale por sí solo a transformar íntegramente un centro comercial en una residencia geríatrica, pero todos forman parte de una propuesta urbanística que ofrece una base interesante para integrar viviendas adaptadas a distintas etapas de la vida.
Obstáculos que no hay que pasar por alto
Transformar un centro comercial en viviendas no consiste simplemente en dividir sus espacios y colocar cocinas y baños. Muchos de estos edificios se diseñaron con grandes superficies interiores y poca luz natural en sus zonas centrales. Crear hogares confortables puede exigir intervenciones estructurales, nuevas instalaciones, mejoras de aislamiento y cambios importantes en materia de seguridad y accesibilidad.
También hay que hacer números. Una reforma profunda puede resultar más cara que una construcción nueva, dependiendo del estado del inmueble y de las obras necesarias. Y si el proyecto incorpora atención asistencial, necesitará personal cualificado y un modelo de financiación que garantice la continuidad de los servicios.
La ubicación es igualmente decisiva. Un edificio alejado del transporte público, de los centros sanitarios y de otros servicios puede acabar generando más dependencia, justo lo contrario de lo que se pretende evitar.
¿Podría funcionar en España?
La idea podría tener mucho sentido en nuestro país, donde el envejecimiento demográfico y las dificultades de acceso a la vivienda también plantean importantes retos. Algunos centros comerciales con locales vacíos o superficies infrautilizadas podrían ofrecer oportunidades, especialmente si se encuentran cerca de barrios consolidados y cuentan con buenas comunicaciones.
La clave sería evitar que la reconversión diera lugar a complejos aislados, concebidos exclusivamente para alojar a personas mayores. Una alternativa más interesante consistiría en crear barrios intergeneracionales, con viviendas para distintas edades, alquileres asequibles, comercio de proximidad, centros de día, espacios culturales y zonas verdes.
Para hacerlo realidad habría que analizar la viabilidad de cada edificio, adaptar la normativa urbanística cuando fuera necesario y estudiar fórmulas de colaboración entre administraciones, propietarios y promotores. También sería esencial garantizar que una parte de las viviendas tuviera precios asumibles para las personas con pensiones modestas.
El objetivo no debería limitarse a recuperar edificios vacíos, sino aprovecharlos para crear hogares cómodos, comunidades vivas y entornos donde envejecer no signifique renunciar a la independencia ni a la vida social.
