No reconocer tu cuerpo a partir de los 50 tiene un impacto emocional más fuerte del que se suele contar

Una situación que es más habitual en mujeres, por la menopausia, pero que también ocurre en hombres por la andropausia
Sentirse más lento no siempre es la edad: la versión de los expertos
Una de cada cinco mujeres españolas confiesa que sufre pérdida de autoestima y confianza durante la menopausia, sobre todo entre los 45 y 50 años. La formulación con la que la propia paciente describe el proceso en consulta psicológica suele repetirse entre mujeres distintas: dejar de reconocerse en el espejo, coger unos kilos que ninguna dieta previa había producido, notar la caída del cabello, ver aparecer arrugas donde antes no las había.
En números, la realidad es que casi todas las mujeres ganan entre dos y cinco kilos al llegar a los cincuenta, con un índice de masa corporal medio de veintinueve (en la franja de sobrepeso) y un porcentaje de grasa corporal en torno al 39% cuando el umbral saludable recomendado no debería superar el 35%. Los cambios físicos son biológicamente previsibles. Su impacto emocional, sin embargo, resulta muchísimo más profundo de lo que la conversación social reconoce.
La psicóloga María Gutiérrez, especializada en la atención de mujeres en esta etapa, ha recogido testimonios que ilustran el fenómeno con precisión. Una de sus pacientes lo formuló en sesión: le daba mucha vergüenza reconocer que la caída del cabello y las arrugas que veía en su cara habían hecho caer su autoestima. Otra paciente resumió el asunto con una fórmula que se ha vuelto frecuente en su consulta: las mujeres no están preparadas para el impacto que se les viene encima en muchas áreas de la vida cuando llega la menopausia, y a partir de los 50 años hay un antes y un después.
El deterioro de la imagen corporal
La investigación asocia el deterioro de la imagen corporal a esta franja etaria con síntomas medibles: aumento de la ansiedad, tristeza persistente, retraimiento social parcial y en muchos casos disminución del deseo sexual. Los datos del Journal of Women's Health confirman que las mujeres con mayor autoestima reportan el doble de satisfacción sexual después de la menopausia comparadas con mujeres de baja confianza corporal, y que entre el 40% y el 55% de las menopáusicas informan de bajo deseo con factores psicológicos concurrentes a los estrictamente hormonales.

El fenómeno no se limita a la mitad femenina de la población. La andropausia masculina, proceso hormonal peor estudiado y con caída gradual de testosterona a partir de los 40 años, produce cambios corporales comparables en muchos hombres: aumento del perímetro abdominal, pérdida progresiva de masa muscular, adelgazamiento capilar, arrugas, pérdida de firmeza cutánea. El impacto emocional en el varón español medio recibe todavía menos verbalización cultural que el femenino, precisamente porque se considera menos legítimo hablar del asunto. El silencio profundiza el efecto psicológico en lugar de aliviarlo.
La respuesta que los profesionales del sector proponen combina tres acciones concretas. En primer lugar, estaría el bautizado como un-tracking, consiste en dejar de vigilarse constantemente. Dejar de pesarse cada semana, dejar de examinar el propio rostro con detalle todas las mañanas, dejar de comparar el cuerpo actual con las fotografías de hace diez años. Los estudios confirman que las mujeres que abandonan ese hábito de vigilancia vivieron su cuerpo con mayor amabilidad y confianza durante la menopausia.
El segundo desplazamiento es reconectar con las sensaciones de fuerza, vitalidad o calma que siguen presentes en el propio cuerpo, en lugar de observarlo solo para buscar fallos. El ejercicio físico regular adaptado a la edad, especialmente el que incorpora sensación de progreso medible, funciona como palanca reforzadora de la percepción corporal positiva.
La tercera medida sería abordar el tema con el médico de familia, con el ginecólogo o con un psicólogo cuando los síntomas emocionales asociados se prolongan más allá de un par de meses. La Asociación Española para el Estudio de la Menopausia recomienda expresamente ese contacto profesional en los casos en los que el cuadro emocional interfiere con la vida cotidiana. La menopausia no es enfermedad. Pero produce síntomas que en muchos casos merecen atención clínica específica y que responden bien a los tratamientos disponibles cuando se abordan a tiempo, sea desde la terapia hormonal cuando está indicada, desde la intervención psicológica cognitivo-conductual o desde la combinación de ambos abordajes.
El estudio pionero de Judisch-Berg publicado en 1995 documentó ya hace tres décadas que el 96% de las mujeres con sobrepeso y el 46% de aquellas con peso dentro de la media a los cincuenta años reportaban insatisfacción con su imagen corporal. Treinta años después las cifras no han cambiado sustancialmente. Lo que sí ha cambiado es la disposición del propio sector a nombrar el fenómeno, a documentarlo con precisión clínica y a proponer intervenciones específicas para el adulto que atraviesa la etapa. El primer paso, según coinciden los profesionales, sigue siendo pasar de la vergüenza silenciosa a la conversación abierta.

