El cansancio de organizarlo todo en casa durante años pasa factura: así afecta especialmente a muchas mujeres de más de 50
Hacerse cargo de todo en la casa no es solo un esfuerzo físico, también mental y este no es reconocido
Los niños pueden ayudar en las tareas de la casa a partir de los 18 meses
MadridCon el paso del tiempo, muchas cosas están cambiando, pero otras necesitan que pongamos de nuestra parte para hacerlo. Quienes viven solos no tienen a nadie con quien repartir las tareas de casa, pero en caso de vivir en pareja, lo ideal es que sea una tarea compartida. Lo cierto es que todavía no es demasiado habitual que esto pase y ese peso suele apoyarse sobre los hombros de las mujeres.
Tradicionalmente, hacerse cargo de todo lo relacionado con la casa, sus cuidados y planificaciones, ha sido una de las funciones de las mujeres, quienes se quedaban trabajando en casa mientras los hombres trabajaban fuera, en oficinas y fábricas. El salto de la mujer al mundo laboral cambió muchas cosas, pero no siempre repartió las funciones del trabajo en casa.
Este doble esfuerzo, este trabajo extra que supone organizarlo todo en casa después de cumplir con la jornada laboral, es algo que puede resultar agotador y pasar factura, especialmente en mujeres de más de 50.
El cansancio de organizarlo todo en casa: qué es la carga mental
Mantener un hogar en buenas condiciones requiere mucho esfuerzo, hay que limpiar y cocinar, hacer la compra y asegurarse de que todo esté en buenas condiciones. Si además se tienen hijos, las tareas se multiplican, porque hay que integrar en la ecuación todos sus horarios y actividades, asegurarse de que los menús sean nutritivos y saludables y que también sean de su agrado.
Las tareas pendientes parecen no tener fin y estar al tanto de todo es mucho más agotador de lo que parece. Esto es lo que se conoce como 'carga mental', no tanto el esfuerzo físico que supone realizar las tareas, sino el esfuerzo mental que hay que hacer para que todo esté hecho, porque también hay que planificar, organizar con tiempo, coordinarlo todo y, una vez que el plan está pensado y organizado, asegurarse de que se hace y se hace bien.
Esto parece sencillo, pero en realidad supone una carga extra para quien se encarga de ello, sobre todo si no encuentra apoyo en nadie y todo recae sobre la misma persona. Esta carga mental puede llegar a causar un gran estrés, así como tensión en las relaciones.
Esta ha sido una carga que, históricamente, llevaba la mujer, ella era la encargada de todo lo relacionado con el hogar porque era quien se quedaba en casa mientras que el hombre salía a trabajar. Con el tiempo eso cambió, la mujer pasó a trabajar también fuera de casa, pero cambiar ese reparto de tareas, ese rol, está llevando mucho más tiempo del esperado.
Es cierto que cada vez son más los hombres que comparten la responsabilidad de las tareas de casa, pero sigue habiendo un gran porcentaje a los que hay que señalar cuáles son sus funciones, en lugar de planificarlas como un equipo. Esto hace que, mientras el esfuerzo físico es menor, la carga mental de las mujeres siga siendo un problema que puede tener consecuencias para su salud.
Así afecta la carga mental a muchas mujeres de más de 50
La carga mental puede pasar factura sin que se sea consciente de ello, en general, se refleja con unos mayores niveles de estrés y ansiedad y puede debilitar la salud mental; además, puede traer ciertos problemas, como dificultad para dormir o insomnio. Una sobrecarga prolongada puede aumentar el riesgo de agotamiento, así como generar síntomas depresivos. Todo esto influye en la salud general, aumentando el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.
Quienes se encargan del cuidado de la casa y de la gente que habita en ella, normalmente acaban agotados, es lo que se conoce como síndrome del cuidador, que no solo produce cansancio físico y mental, también puede generar una gran sensación de culpa por sentir que necesitan un poco de tiempo para ellos mismos. Esta es una responsabilidad que normalmente recae sobre las mujeres, que pasan de cuidar a sus hijos a tener que hacerse cargo de sus padres.
La solución parece evidente, ponerse en primer plano, cuidar de su salud mental compartiendo responsabilidades y delegando, no solo tareas, sino áreas de responsabilidad completas. En estos casos es también importante saber ceder el control, lo que implica aceptar que las cosas no se hagan de la manera que uno espera.
La carga mental en el espacio doméstico no es una tarea gratificante, tampoco suele ser un trabajo reconocido y suele generar un sentimiento de sobrecarga, aunque las consecuencias de la sobrecarga dependen de cada persona, factores como la rumiación y la preocupación excesiva son habituales entre las mujeres y afectan mucho más de lo que parece a simple vista.
Encontrar la solución depende de que todas las personas implicadas estén motivadas y pongan de su parte: la organización, la división de tareas y la asunción de responsabilidades son esenciales.
